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La 'revolución azafrán'

Los militares birmanos aceptan la entrada del enviado de la ONU

Al menos nueve muertos, entre ellos un fotógrafo japonés, al reprimir el Ejército a tiros las protestas

Nueva York / Yangon / Bangkok / Washington

El Gobierno de Myanmar dejará entrar al representante especial del secretario general de la ONU, Ibrahim Gambari, que el miércoles fue enviado a ese país asiático para evaluar la deteriorada situación política, según ha informado este jueves Naciones Unidas. Gambari partió el miércoles por la noche a Bangkok sin saber si la Junta Militar que gobierna Myanmar (la antigua Birmania) desde hace 45 años lo dejaría entrar, pero el ministro de Asuntos Exteriores de ese país, Nyan Win, le ha comunicado al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que se le concederá un visado a su enviado, según la portavoz del organismo Marie Okabe.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, decidió enviar el miércoles a su representante especial a Myanmar, después de que China vetase en el Consejo de Seguridad de la ONU la imposición de sanciones contra la Junta Militar que gobierna con mano de hierro ese país. Al ser preguntado sobre la posibilidad de que el máximo órgano de la ONU impusiera sanciones al régimen de Yangon, el representante de Pekín respondió que "las sanciones no son de ninguna ayuda a la situación tal como está allí".

El viaje de Gambari se produce en medio de un creciente rechazo internacional a la respuesta violenta de la Junta Militar a las manifestaciones de monjes y civiles. Los militares decidieron el miércoles utilizar la mano dura contra los centenares de miles de personas que se manifiestan desde hace más de una semana en varias ciudades de Myanmar y, hasta el momento, han matado al menos a nueve personas, entre ellas un fotógrafo japonés (en el suelo en la imagen), identificado como Kenji Nagai, de 50 años, según el Ministerio de Exteriores de Japón. Miles de manifestantes, hasta 70.000, según algunas fuentes, han vuelto a congregarse este jueves en el centro de Yangon y han gritado consignas contra el régimen militar como "¡Venceremos, venceremos!".

El presidente de EE UU, George W. Bush, ha pedido al ministro de Exteriores chino, Yang Jiechi -con el que se ha reunido este jueves-, que colabore para "llevar a Myanmar a una transición pacífica hacia la democracia". Washington ha impuesto sanciones económicas contra 14 miembros de la Junta Militar birmana, en un intento de debilitar al régimen.

"Han disparado contra la multitud"

"Han disparado contra la multitud", afirma un testigo presencial de la dura represión que está viviendo Myanmar, en el blog que la cadena de televisión británica BBC ha abierto para dar voz a los ciudadanos que están viviendo la represión en Myanmar. Otros testigos cuentan que algunos militares se han negado a disparar contra los manifestantes, mientras que otros han apaleado a monjes, según recoge la agencia Misna. Los militares birmanos han vuelto a abrir el fuego en el barrio de Tawme, en la periferia de Yangon, después haberse enfrentado a los manifestantes en el centro de la antigua capital birmana, según publica el diario italiano La Repubblica en su edición de Internet. Fuentes médicas extranjeras aseguran que la mayoría de los heridos durante la represión de las protestas no acude a los hospitales por temor a ser detenidos.

Los cuerpos de seguridad de la Junta Militar que gobierna el país desde 1988 efectuaron ayer disparos de advertencia, lanzaron botes de gas lacrimógeno y detuvieron a más de un centenar de personas para dispersar a los manifestantes, entre ellos monjes budistas, que volvieron a salir a las calles para protestar contra el gobierno del país asiático. Según informaciones de testigos a emisoras de radio de la disidencia, en el monasterio Ngwe Kyar Yan unas 10.000 personas se enfrentaron a los soldados y policías desplegados en el lugar para impedir que se formase una nueva movilización.

En la pagoda de Sule, en el casco viejo de Yangon, otros varios cientos de personas protagonizaron una sentada, apoyando con cantos y rezos a un grupo de bonzos, hasta que los cuerpos de seguridad cargaron para dispersar a la multitud con disparos y botes de humo. Los manifestantes, algunos de ellos con heridas, escapaban por las calles adyacentes de la carga, mientras que, de acuerdo con otros testigos, un hombre yacía tendido en el suelo muerto o inconsciente. Cientos de personas se reunieron en el exterior de la sórdida prisión de alta seguridad de Insien, en las afueras de Yangon, a la que el gobierno trasladó el pasado martes a la líder del movimiento democrático birmano y jefa de la opositora Liga Nacional para la Democracia (LND), Aung San Suu Kyi.

Periodistas expulsados

Un destacamento militar entró ayer en el Hotel Traders, en el centro de Yangon, y comenzó a registrar habitación por habitación para buscar a varios periodistas extranjeros que han entrado en el país con visado de turista, según testigos citados por la radio Rawadi. Decenas de foráneos han sido expulsados de Myanmar en las últimas semanas por observar o fotografiar las manifestaciones contra la Junta Militar que llevan a cabo decenas de miles de personas, encabezadas por monjes budistas.

Miles de personas, encabezadas por los monjes budistas, desafiaron el miércoles al régimen militar y la represión acabó con cinco muertos y un centenar de heridos. La pasada madrugada, los soldados detuvieron a más 800 bonzos en cuatro monasterios de Yangon, en una redada que acabó con la muerte de un monje y otros siete heridos de bala. Fuentes de la LND denunciaron la detención del portavoz de la formación, Mynt Thein, y el responsable para la región de Irrawaddy (este), Hla Pay. Ambos son hombres de confianza la premio Nobel de la Paz Suu Kyi, a quien la Junta Militar acusa de ser la instigadora de las protestas, además de a fuerzas destructivas extranjeras.