¿Un dique rojo frente a Sarkozy?
Los sondeos a pie de urna revelan que el tsunami azul viene con menos fuerza de lo que se anunciaba. Libération habla a las ocho de la noche de un dique rojo que está parando la marea azul conservadora. Cree incluso que la Unión para la Mayoría Presidencial puede tener menos diputados que en la anterior Asamblea Nacional. Veremos como termina la noche electoral, pero ya adelanto que si las cosas van en este sentido a mí me parece bueno para Sarkozy y bueno para Francia. Me explico. Una mayoría que apabulla a la oposición tiene el germen de su división dentro de sí misma, mientras que una mayoría más ajustada y por tanto funcional tenderá siempre a comportarse con racionalidad y eficacia apoyando al Gobierno y al presidente. El presidente contará con la mayoría que necesita para gobernar como tenía previsto, pero sin necesidad de humillar a los derrotados y de ofrecer una imagen de prepotencia y de aplastamiento de las discrepancias. Este resultado proporciona un grupo parlamentario importante a la oposición, en este caso al Partido Socialista, lo que le dará la oportunidad de regenerarse y prepararse como alternativa. Esto es bueno para todos: para el Gobierno, para la izquierda y por supuesto para el sistema político. Diría incluso que para Europa. Ya listo el comentario sobre la noche electoral, se me ocurre seguir desgranando algunas notas acerca del triunfante presidente Sarkozy, en relación también a la acogida calurosa que su victoria y la de la derecha ha recibido en España.
1.- Todavía sobre el resultado de la elección presidencial, hay un pequeño dato que merece una pausa, y quizás una larga meditación: la correlación entre el voto y la religión. Entre los musulmanes con derecho de voto, el 94 por ciento votó a Royal frente al 6 por ciento de Sarkozy, mientras que en el caso de los católicos sucede lo contrario, el 77 por ciento votó a Sarkozy y el 23 a Royal. No se puede olvidar que Sarkozy rechaza el ingreso de Turquía en la Unión Europea. Y que sus políticas de inmigración y de identidad nacional aparecen, a ojos de muchos musulmanes, como agresivas y discriminatorias. He podido escucharlo directamente de boca de dirigentes de la comunidad musulmana española.
2.- Sarkozy, gracias a la pluma de su asesor Henri Guaino, reinventa una historia de Francia republicana y esencialista, con lenguaje de Michelet y de Rénan, de Barrès y de Maurras, que se apodera de todas las tradiciones y todos los personajes producidos por el bloque de la República (y la República es Francia). También esto es parte de la apertura hacia el centro y hacia la izquierda y parte nada marginal, quizás incluso su base. Eso que hace Sarkozy tiene responde a un concepto muy posmoderno: es el relato. Sarkozy tiene relato, sabe convertir su posición y su política en relato. Veremos ahora cuán sólido es, cómo funciona, si es creible y eficaz. Veremos si es un relato vacío, cion correlato real. Una pregunta a un futuro plumilla de Rajoy. ¿Cómo debe ser la apertura en clave de la historia de España? ¿Y su correspondiente relato? ¿Cuáles son los mimbres con que debe hacerse este cesto sarkozista hispánico? No voy a dar ni un sólo nombre al estilo de los utilizados por Guaino (Jaurés, Péguy, Schumann, De Gaulle…), pero habrá que pensar acerca de los materiales para realizar esta proeza narrativa. Pero me temo que para hacer un Sarkozy no bastan los buenos deseos y cuatro estupendas teorías sobre las libertades individuales y la Constitución.
3.- Por el momento, veo escasas razones donde la derecha española pueda amarrarse a la hora de inspirarse en Sarkozy. Un móvil razonable es el mimetismo de su victoria, pero esto pertenece al territorio de los exorcismos, algo en lo que pueden caer incluso quienes se creen más cerebrales: humanos, demasiado humanos. No por mucho repetir su nombre como un mantra conseguirán que surja un Sarko de sus filas. La tradición política española, el programa del PP, la estructura territorial de nuestros partidos, el sistema electoral, el carácter de los dirigentes, todo conduce en una dirección como mínimo distinta. Propongo, en cambio, el ejercicio contrario: ¿Hay algo de Sarkozy de lo que pueda aprender la izquierda?
4.-Andaba yo pensando en quienes se encandilan con Sarkozy y no había caído en la cuenta que lo más interesante es fijarse en los que quisieran verse como Kouchner. Me lo advirtió un buen amigo y persona perspicaz. El tema de estos personajes al acecho no es hallar una tercera fuerza capaz de pactar con derecha e izquierda, un nuevo centro ahora con ropajes radicales, al igual que intentó Miquel Roca en su día con ropajes de moderación nacionalista. El tema es construir el caladero donde este Sarkozy español pueda pescar sus Kouchners, Finkielkrauts, Bruckners y Glucksmans. Seguiremos la jugada.
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