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Millones de hindúes se 'purifican' en las aguas 'sagradas' del Ganges

La suciedad del río no disuade a los peregrinos de zambullirse en él, nadar e incluso beber el agua

Peregrinos celebran su baño en el Ganges
Peregrinos celebran su baño en el Ganges REUTERS

Rostros henchidos de felicidad emergen hoy de las aguas sucias pero sagradas del Ganges en Allahabad, donde millones de ascetas de largas melenas enmarañadas, yoguis, santones y familias enteras de peregrinos de toda la India se dan cita para uno de los rituales hindúes más multitudinarios y festivos. Aunque ha habido quejas por la suciedad del agua y el escaso caudal que han obligado a las autoridades a abrir las compuertas de una presa kilómetros más arriba, la mayoría de los concentrados no duda en zambullirse, nadar e incluso beber de las aguas del río. "Es inútil sugerir que no se beba, es agua sagrada, una cuestión de fe", ha explicado a Efe un oficial que vigila la ceremonia desde una torreta, y que admite que a él tampoco le han disuadido los residuos industriales que tiñen de un color turbio el río más sagrado de toda la India.

La fiesta comenzó durante la pasada noche, bajo el brillo de la luna nueva de los santos, y alcanzó su apogeo al nacer el día, cuando comenzaron las procesiones de cientos de miles de ascetas o sadhus de las 13 órdenes más importantes de la India, que compitieron en esplendor con sus caballos, camellos, estandartes, carrozas y vehículos de todo tipo engalanados en la ribera del Ganges.

En Allahabad, pequeña ciudad del estado norteño indio de Uttar Pradesh, confluyen las aguas del Ganges y del Yamuna con las del mítico Saraswati, donde según la creencia hindú cayó una gota de néctar de la inmortalidad de una vasija disputada por dioses y demonios. De esa batalla mitológica nació el centenario Kumbh Mela, o festival de la vasija, que cada seis años celebra una edición intermedia en Allahabad, el actual Ardh Kumbh o media vasija, y cada 12 la convierte en receptora de la mayor peregrinación religiosa del mundo.

Los primeros en zambullirse, cuando el Sol apenas despuntaba al otro lado del río, fueron los sadhus-guerreros cubiertos de ceniza, quienes de un solo grito se lanzaron corriendo, completamente desnudos, a unas aguas gélidas a esa hora. Los sadhus, muchos de ellos ancianos, en sus ropajes de tonos azafrán, desfilan hasta la arenosa ribera por un camino preferencial que da al sangam o punto exacto donde confluyen los ríos, mientras el resto de peregrinos los observan y acompañan hasta el agua. Los fieles caminan kilómetros para descender al Ganges y esperan pacientemente su turno para lavar en él sus pecados durante unos minutos, en los pocos metros de ancho de agua habilitados para este gran baño ritual, tras los cuales estacas de bambú impiden que la masa humana se desborde e inunde el río.

Una legión de policías vigila, da aviso de personas perdidas por altavoces y anuncia la siguiente akhara o secta de ascetas en descender en procesión, en un orden establecido por las autoridades para evitar disputas ocurridas en el pasado, sobre todo entre miembros de los grupos más guerreros.

Tiendas de campaña para cuatro millones de personas

Unos 12 millones de personas se bañan en el Ganges en este día de la luna santa, considerado por los hindúes el de mejores auspicios de todo el festival del Ardh Kumbh que comenzó el pasado día 3 y durara mes y medio. Pero las cifras oficiales son tan poco rigurosas como imposible medir la marea humana que ya ayer desbordaba Allahabad, donde se han levantado tiendas de campaña para cuatro millones de personas.

Todos los colores, olores y sabores de la India están presentes en Allahabad, una ciudad llena de tenderetes de frutas y dulces, guirnaldas para ofrecer al Ganges, tinturas para el rostro, alhajas, estatuillas o retratos de dioses, mantas para el frío y vasijas de latón o simples bidones de plástico para que los fieles puedan llevarse de vuelta a casa un poco de agua del sagrado río.

Aquellos que pueden quedarse unos días en la gigantesca acampada próxima al sangam aprovechan para visitar templos y escuchar las doctrinas de los yoguis y gurús mas reputados de la India, algunos con millones de seguidores.