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Las tropas federales retoman el control de Oaxaca en un clima de tensa calma

Aunque se han registrado conatos de violencia, los militares avanzan con cautela

Una simpatizante de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca ofrece unas flores a unos efectivos de la Policía Federal Preventiva en Oaxaca.
Una simpatizante de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca ofrece unas flores a unos efectivos de la Policía Federal Preventiva en Oaxaca. EFE

Los agentes de la PFP han empezado a avanzar hacia el centro de la capital oaxaqueña hacia las ocho de la tarde, hora española, por la avenida Símbolos Patrios, que comunica con el aeropuerto, y también desde otros frentes. Su objetivo es recuperar el control del centro de la ciudad y devolver el orden.

Conatos de violencia

En los primeros conatos de violencia algunos grupos de jóvenes han actuado de forma provocativa lanzando piedras a los policías, que no han contestado a las agresiones. Otra sector de los manifestantes, en su mayoría ciudadanos comunes de Oaxaca, han reclamado que no se provoque a los policías, que llevan escudos, toletes (porras) y equipo para lanzar gases lacrimógenos.

Muchas personas recibieron a los policías con gritos de "fuera, fuera" y con consignas para que se lleven al gobernador Ruiz, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuya salida es la principal demanda de la mayoría de los alzados. La PFP ha utilizado excavadoras blindadas para retirar algunas de las barricadas que había a su paso hacia el centro de la ciudad, mientras que los alzados han prendido fogatas para dificultar las labores de supervisión que desde el aire realizan varios helicópteros. También se ha podido observar a gente con espejos de gran tamaño colocados en las calles para tratar de cegar con los reflejos a los helicópteros policiales y a los antidisturbios.

Calles desiertas

En la operación, la PFP utiliza una veintena de autobuses que emplea para reforzar su paso por las calles de la ciudad y para mover a algunos de sus efectivos a las zonas en disputa. Los establecimientos que este domingo habían abierto sus puertas los han cerrado cuando comenzaba el avance de los policías enviados desde México DF y sus dueños se han guarecido dentro para evitar ser víctimas de acciones violentas.

En las calles aledañas al Zócalo, la plaza principal de la ciudad, que se había vaciado de manifestantes cuando comenzó la operación, había vehículos atravesados y quemados, cristales rotos y gente asomada con prudencia a las ventanas de sus casas. El conflicto, que comenzó hace más de cinco meses como una protesta de maestros que exigían salarios más altos, se agudizó el pasado 22 de junio cuando policías a las órdenes de Ulises Ruiz intentaron desalojar a los maestros en una operación que fracasó. osteriormente se constituyó la APPO, una heterogénea plataforma de organizaciones civiles que apoya a los maestros y exige con ellos la renuncia del gobernador.

Un problema para Fox

La crisis social dio un vuelco hace dos días, cuando cuatro personas murieron, entre ellos el periodista estadounidense Bradley Roland Will, en enfrentamientos en la ciudad, lo que hizo que el presidente Vicente Fox ordenara este sábado el despliegue de fuerzas federales en Oaxaca para recuperar el orden. Fox se ha comprometido a dejar resuelto el conflicto de Oaxaca antes del próximo 1 de diciembre para que no lo herede su sucesor, Felipe Calderón, de su mismo partido, el conservador Acción Nacional (PAN).

La PFP, que se mueve por la ciudad pero todavía no tiene el control de la misma, es un cuerpo policial dependiente del Gobierno federal dedicado a prevenir y combatir delitos federales (secuestro, narcotráfico, asaltos en carreteras y tráfico de armas) y preservar el orden público.