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China levanta en Tíbet la mayor estatua en tributo a Mao

El ex presidente chino invadió Tíbet en 1951, provocando el exilio de los opositores liderados por el Dalai Lama

Una descomunal estatua del ex presidente chino Mao Zedong (1893-1976) se erige desde hoy en el centro de la ciudad tibetana de Gonggar, a cien kilómetros al sur de la capital de la región autónoma de China, informa la agencia oficial Xinhua. En un claro desafío a los opositores tibetanos en el exilio, las autoridades chinas rinden así tributo al artífice de la invasión del Tibet en 1951 y de la posterior huída a la India del Dalai Lama, líder espiritual y religioso de los tibetanos.

El monumento es el de mayor tamaño en toda China en tributo a Mao. Mide 7 metros de altura y descansa bajo un pedestal de otros 5 metros. Pesa 35 toneladas y está preparado para resistir los embates de cualquier fenómeno de la naturaleza, desde un terremoto hasta una tormenta de rayos. "Para proteger la estatua, hemos añadido un pararrayos y reforzado la base, para que el presidente Mao pueda resistir terremotos de hasta 5,5 en la escala Richter", ha explicado un responsable del Partido Comunista en la zona.

La estatua llegó a Gonggar hace un mes procedente de la provincia de Hunan, pero sólo hoy han empezado los obreros a erigirla en su plaza de Shangcha. "Tiene un gran significado porque se trata de la primera estatua de Mao Zedong en el Tíbet", ha declarado un funcionario del gobierno del distrito de Gonggar.

"Muchos tibetanos sugirieron que debíamos tener una estatua del presidente Mao para mostrar nuestra gratitud a los ciudadanos de su provincia cuando planeamos la construcción de la plaza", ha explicado Daindar, subsecretario del Partido Comunista en Gonggar. La agencia oficial asegura que "miles de ciudadanos se reunieron entorno a la estatua a su llegada a principios de mes, algunos portando un hada, el tradicional pañuelo blanco tibetano para las bendiciones".

La oposición tibetana

Las tropas comunistas ocuparon el Tíbet en 1951, y en 1959 se produjo una revuelta popular tibetana que se saldó con la huida del Dalai Lama junto a cerca de 10.000 seguidores a la India. Según la versión oficial China, el presidente Mao y sus camaradas liberaron de forma pacífica el Tíbet y pusieron en marcha una reforma para abolir miles de años de servidumbre bajo la teocracia budista en el altiplano. Seis años después, en 1965, Pekín declaró oficialmente al Tíbet región autónoma dentro de China, un estatus al que se opone la mayoría de tibetanos en el exilio, que exigen el regreso del Dalai Lama y la recuperación de la independencia para la región.

El levantamiento de la estatua es, según el corresponsal de la BBC en China, Daniel Griffiths, un nuevo recordatorio del poder y la influencia china en la conflictiva región. No cabe duda de que el gigante de granito levantará ampollas entre aquellos que siempre han pujado por la soberanía del Tíbet. Desde la perspectiva de Pekín, la región montañosa en disputa siempre ha sido parte de China, desde hace cientos de años. Para unos y otros la estatua será un nuevo motivo de enfrentamiento.