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LA CASA DE ENFRENTE
Columna

El mono ‘Punch’ es de derechas

Si empatizáramos algo con el macaco traumatizado que se ha popularizado en redes, lucharíamos por su traslado a un santuario animal y por el cierre de los zoos

El mono 'Punch', abandonado por su madre, agarrado a su orangután de peluche, este 19 de febrero, en el zoo de Ichikawa, en Japón.JIJI PRESS ( AFP / Getty Images)

Llevo días observando el fervor que desata en redes (y telediarios) el contenido sentimental creado alrededor de un macaco traumatizado que arrastra un peluche de apego en un zoo de Japón. El mono en cuestión se llama Punch y desvela un sentimentalismo reaccionario generalizado. Y no, no digo que Punch sea de derechas, pero el sentimiento que está despertando sí lo es. Leo en Instagram: “Mi estabilidad emocional depende del reporte diario de si Punch ya hizo amigos o si alguien lo abrazó”, “Punch, quiero ser tu mamá”. Y así miles de comentarios que comparten un ternurismo cruel y generalizado. El mono Punch simboliza el abandono, la pérdida, la desgracia y la vulnerabilidad vista por un espectador conservador que se sabe a salvo. Y miles de espectadores se declaran conmovidos, sienten (¡alucino!) que empatizan con el mono. Se trata de la construcción del ciudadano emocionalmente de derechas, con sentimientos puramente técnicos: se conmueve por Punch pero no siente que tenga que hacer nada por él.

Si empatizáramos lo más mínimo con el macaco, lucharíamos todos por el cierre de los zoos y el traslado urgente de Punch (que vive en un pozo de cemento) a un santuario animal. En vez de eso, el modelo Djungelskog del orangután de peluche de Ikea que arrastra el joven primate se ha agotado en la mayoría de sus tiendas. Este fenómeno es la metáfora perfecta de nuestro sistema de gobierno donde el zoo simbolizaría la democracia y Punch la desigualdad. Lloramos (todos) por la desigualdad, lloramos (todos) por el mono, sabiendo que lo que está mal es el zoo. La hipocresía se vuelve así eje fundamental para expresar sentimientos superficiales y vacíos que defienden (conscientemente o no) al zoo, es decir, la desigualdad.

Al pensamiento de derechas le pasa igual: le gusta (conscientemente o no) la desigualdad. Por eso proponen que la democracia funcione como un zoo. Lamentan que sea injusto, les da mucha pena que haya tanta desigualdad (pobre Punch), pero en el fondo dan por hecho que los zoos (igual que los privilegios) son necesarios. La derecha puede ser caritativa pero nunca solidaria y sus sentimientos ternuristas (hacia el mono o hacia personas sin recursos) nunca ponen en discusión el origen del problema. Lo que hace la derecha es aceptar la desigualdad, trabajar para mantenerla. Y si para eso tienen que llamarse demócratas o soltar lágrimas por un mono, lo harán. Pero jamás negarán el zoo.

Y sí, ya sé que el macaco es una monada, pero creo que derretirnos de ternura o empatía por su dolor es cruel, democráticamente hablando. La democracia sería ese sistema en el cual el zoo no existe o se intentaría destruir. En una democracia consolidada llorar por el pobre mono sería visto como una hipocresía puesto que Punch no deja de ser un primate traumatizado. Hay que vivir en un contexto muy reaccionario para convertir a un macaco aislado en un sistema penitenciario en un símbolo de buen rollo. Vivimos justo ahí. La pregunta es, ¿qué está haciendo la izquierda con el mono Punch? ¿Qué está haciendo la izquierda con sus sentimientos? ¿Qué está haciendo la izquierda con la ética? ¿Qué está haciendo con la desigualdad? Ese es el verdadero problema. La izquierda en España está haciendo cola en el zoo para ver al mono.

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