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El nuevo contrato social | conciliación
Tribuna
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El Estado de bienestar y la sociedad de los cuidados

La pandemia ha vuelto a evidenciar nuestros déficits sociales y el sobresfuerzo que están realizando los hogares para atender a las personas dependientes y vulnerables

Un grupo comiendo en la Casa de Campo, en Madrid.
Un grupo comiendo en la Casa de Campo, en Madrid.Andrea Comas
El nuevo contrato social: Conciliación

Especial: El nuevo contrato social

La pandemia ha dejado el cuidado de niños, ancianos y enfermos en manos de las mujeres. Urge flexibilizar (de verdad) el trabajo y aportar recursos para que no retrocedamos décadas en igualdad

El envejecimiento de la población, los cambios en las estructuras familiares y la incorporación de la mujer al mercado laboral han exigido en España un cambio radical en la mentalidad, social e institucional, sobre qué son los cuidados, quién cuida y cómo cuidar.

Desde hace tres décadas, el Estado de bienestar desarrolla políticas de conciliación, pone en marcha la ley de autonomía y dependencia e impulsa la creación de escuelas infantiles y centros de atención a la infancia. Pero el trabajo de los cuidados ha seguido recayendo en las mujeres y su reparto, en el seno de los hogares, ha avanzado con lentitud. Sin embargo, las personas mayores se han convertido en cuidadoras de nietos y familiares dependientes a gran escala.

En estos cambios en el sistema de cuidados, la sociedad civil organizada (asociaciones y fundaciones) ha cubierto los fallos del Estado, del mercado y de los propios hogares para transitar hacia un modelo de cuidados basado en los derechos de la persona y enraizado en la solidaridad intergeneracional.

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Este avance en el desarrollo de cuidados dignos para todas las edades sufrió un retroceso con las políticas de los años 2011-2014: la aplicación de la ley de la dependencia quedó congelada hasta 2016, los servicios sociales y sanitario sufrieron recortes de gasto, y los hogares, las mujeres, las personas mayores, tuvieron que hacer frente a los efectos negativos de la crisis financiera y de las políticas aplicadas.

Apenas reiniciada la recuperación económica, y sin haber recuperado la inversión social previa a la crisis en sanidad y servicios sociales, la pandemia ha vuelto a evidenciar nuestros déficits sociales y el sobresfuerzo que están realizando los hogares en los cuidados de las personas dependientes y vulnerables. La catástrofe sufrida por las residencias constituye el ejemplo más sangrante, junto al desbordamiento de los sistemas social y sanitario.

Esta situación plantea tres retos de futuro sobre los cuidados. El primero es de enfoque: los cuidados son un derecho de todas las personas que los necesiten y deben tener capacidad de elección. El enfoque de atención integral y centrada en la persona es hoy asumido por organismos internacionales y los profesionales del cuidado, pero su realización requiere de un intenso desarrollo.

El segundo reto es quién cuida: hemos de cuidar todos, incluso las personas cuidadas, repartiendo el tiempo de los cuidados y evitando fallos clamorosos de las instituciones, del sistema de mercado y de los propios hogares. Finalmente, el cómo cuidamos exige recuperar la capacidad financiera e institucional de la ley de la dependencia, avanzar sin más dilación hacia la integración sociosanitaria, reforzar los servicios sociales, mejorar la regulación y financiación de la conciliación de los cuidados con la vida personal, familiar y laboral, y revalorizar y dignificar el trabajo de los profesionales de los cuidados. Tres retos que pueden contemplarse en el Pilar Europeo de Derechos Sociales y en la Agenda 2030.

Gregorio Rodríguez Cabrero es catedrático de Sociología en la Universidad de Alcalá.

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