El hombre que protestaba

Alberto San Juan: “Un sistema basado en la explotación del ser humano dificulta la posibilidad de disfrutar”

Antes de la crisis triunfó en el cine y en la protesta; durante la crisis, se entregó al teatro comprometido. Hoy mantiene ese compromiso en todos los frentes

Alberto San Juan posa para ICON sin resquemor por los descalabros del pasado. Es su ley de la relatividad.
Alberto San Juan posa para ICON sin resquemor por los descalabros del pasado. Es su ley de la relatividad.Álex Madrid / EL PAÍS
Diana Arrastia

A estas alturas de la vida, la persona y el actor que conviven en Alberto San Juan (Madrid, 1968) se hacen menos líos con las cosas. “No pretendo alcanzar ningún lugar en especial ni siento que haya consumado nada. Estoy en el curso de mi vida, que sé que es un ratito breve. Tengo la enorme fortuna de que algo que me apasiona, que es contar historias y ser actor, me da de comer, pero para mí lo más importante es vivir con el mayor disfrute posible, no referido a algo banal sino consciente”, confiesa. Y de ahí nace su rasgo comprometido. “Un sistema basado en la explotación del ser humano dificulta la posibilidad de disfrutar, porque para ello hace falta un acceso a lo básico para todo el mundo. La cosa no me viene tanto de asuntos morales como de una cuestión práctica. Vivir sometido es peor que vivir libre”.

Así piensa y siente (y reivindica), a sus recientes 52 años, el otrora icono del cine español y protagonista de taquillazos como Airbag, El otro lado de la cama o Días de fútbol. “Es una afirmación totalmente exagerada, pero sí, dio la casualidad de que participé en algunas películas que vio mucha gente y que se siguen recordando 20 años después”. Él se queda con La isla interior (2009) o Bajo las estrellas, con la que ganó el Goya a Mejor Actor en 2008. Poco después comenzaba una crisis económica mundial, y también la suya propia. “Me vi de pronto sin trabajo y coincidió, además, con que el grupo Animalario dejó de trabajar. Esto ya era en 2012 y de ahí surgió el proyecto colectivo Teatro del Barrio [en Lavapiés, Madrid], nacido de la necesidad urgente de actuar sobre la realidad. A él me di por entero durante sus primeros cinco años de vida actuando, dirigiendo y escribiendo una serie de obras”. Entrega que compaginó (y aún compagina) con otros montajes de teatro, la televisión y el cine, donde debutó como codirector de la película El Rey hace un par de años.

Alberto San Juan y Belén Cuesta en un fotograma de la película. En vídeo, el tráiler oficial.

En 2020, San Juan vuelve a hablar de casualidades: la película Sentimental (en cines), la serie Reyes de la noche (en Movistar+ para 2021) y la función El chico de la última fila (hasta el 8 de noviembre en el María Guerrero de Madrid), que supone su reencuentro con los exanimalarios Juan Mayorga, que firma el texto; Andrés Lima, que lo dirige, y Pilar Castro y Willy Toledo, que la protagonizan. “Animalario ha sido y es mi principal escuela de teatro y una de mis principales escuelas de vida. Los vínculos que se han creado son de una solidez de tipo familiar”. Con los temas que aborda Sentimental, en la que Cesc Gay adapta al cine su obra Los vecinos de arriba, se le despierta el sentido común. “La realidad tiene algo maravilloso y es que se puede transformar siempre que primero la mires con los ojos abiertos. La llegada de los vecinos (él mismo y Belén Cuesta) enfrenta a Julio y Ana (Javier Cámara y Griselda Siciliani) a su realidad de pareja en crisis. Y eso es positivo. Cuando hay un problema, no queda más remedio que enfrentarte a él”. La propuesta de los vecinos lo dinamita todo. “No digo que sea mejor follar libremente todas y todos, pero critico absolutamente que se trate de imponer el modelo de pareja monógama y que lo otro sea infidelidad o adulterio. La pluralidad de relaciones sexuales debería estar igual de aceptada y naturalizada. Yo mismo siento necesidad de experimentar más allá de lo que podríamos llamar pareja convencional, que tampoco ataco porque se puede ser feliz”.

A estas alturas de la vida, poco importan los descalabros profesionales. “Tengo asumido que la vida es imperfecta, que el ser humano también lo es y que no he nacido para inaugurar el mundo ni voy a dejarlo concluido antes de marcharme. Todo va a quedar a medias, haré cosas que quizás hayan merecido la pena y otras que no. Lo que sí me dolería es no haberlo intentado”.

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