La paradoja y el estilo
Columna
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El tercer episodio de ‘Corinna y el Rey’

Me inclino a admitir que ‘The Crown’ tiene un serio competidor en el ‘podcast’, que en su tercera entrega ha conquistado toda mi atención con un viaje de negocios a Arabia Saudí al que se suma, de repente, la reina Sofía

Corinna Sayn-Wittgenstein, en la Iniciativa Global Clinton 2015 el 29 de septiembre de 2015 en Nueva York.
Corinna Sayn-Wittgenstein, en la Iniciativa Global Clinton 2015 el 29 de septiembre de 2015 en Nueva York.JP Yim (Getty Images)

En el universo de series y podcast en el que estamos inmersos, viene a ser una norma que los dos primeros episodios desplieguen ingredientes picantes y pócimas adictivas para captar nuestra atención hasta el episodio final. En el caso del podcast Corinna y el Rey ha sido el tercer episodio, titulado Envidia: la reina Sofía, Arabia Saudí y una propuesta sorpresa, el que definitivamente ha conquistado toda mi atención.

Empieza, como los anteriores, con la impagable narración de la propia Corinna, con su inglés saturado de rollo londinense de Mayfair. Y la seductora entonación a cargo de Laura Gómez, que habla con ese acento de las versiones en vinilo de los clásicos de Walt Disney que escuchaba en mi infancia en Caracas. Lo llamaban “acento neutro”. La combinación crea una producción sonora mullida y cálida que nuestra querida señora Esperanza, que nos ayuda en casa, definió en la cocina como “una buena radionovela”. Sí que lo es. Humor, historia contemporánea, política, negocios, el reinado de Juan Carlos I y sus interioridades, el ascenso y descenso de Corinna enmarcan la gran y millonaria historia de amor. Hay reflexiones tan interesantes como frívolas sobre los obsequios y agasajos de todo tipo que rodeaban a su amante, el exrey. “Si decía que le gustaba una determinada mermelada, de inmediato podías ver a decenas de aristocráticas señoras de Sevilla fabricando mermelada“. Era tal la cantidad de jamones y productos cárnicos que le obsequiaban que Corinna, siempre tan pragmática, propone la idea de repartir en Navidad esa cantidad de jamones entre los empleados de palacio. Lo hacen y con la solución surge un problema. Solo reciben esta preciada proteína animal de forma gratuita los que sirven directamente a Juan Carlos. Según la narración de Corinna, los otros habitantes del palacio no. ¡Está claro que no va a conseguir mucho reconocimiento en nuestro país y que dedicarle unas líneas puede ser un ejercicio complicado! Pero sería injusto no celebrar la extraordinaria voz de Laura Gómez (debería ser nominada a mejor narradora del año en la categoría de podcast) cuando advierte que “es probable que la envidia sea el impulso humano más terrible de todos. Lleva envenenando las mentes de hombres y mujeres durante siglos”. Y entonces, gracias a la labor de posproducción, que también clama por un premio, vuelve la voz aterciopelada de Corinna: “De lo que me di cuenta fue de que la envidia era la enfermedad nacional, de que los españoles podían ser muy maliciosos y desagradables en sus opiniones y que la envidia provoca una respuesta: la venganza”. Madre mía, este podcast es muchísimo mejor que cualquier culebrón turco.

De la redistribución de jamones y objetos, Corinna pasa a revisar documentos gubernamentales clasificados. Juan Carlos, según Corinna, prefería ver una película de vaqueros y que fuera ella la que le resumiese esos documentos. Entonces ella le sugiere que “por qué no contrata a un joven licenciado español realmente brillante, para que le ayude con esos documentos y esas cartas en francés o inglés que le pide redactar“.

El tercer episodio sí revela que la familia real jamás contrataría a alguien así porque no están acostumbrados a que exista un extraño, alguien de fuera, con ideas propias. Lo hacen todo entre ellos, sugiere. Y al ponerse ella, tan fina, tan políglota y con amplia conversación al frente de esas cosas, terminó por caer mal. Ser observada. Y, luego, señalada. Y entonces la cosa se pone buenísima en el podcast con la narración de un viaje a Arabia Saudí, totalmente de negocios, con ella a bordo y en al que, de repente, se suma la reina Sofía. Hasta aquí puedo contar por qué lo escucho en bucle. Vivo en un “continuará”. Pero me inclino a admitir que The Crown tiene un serio competidor en Corinna y el Rey.

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