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Los grandes duques de Luxemburgo, un año del ‘informe Waringo’ y 40 de matrimonio

Enrique y María Teresa hacen lo posible para dejar atrás las polémicas sobre el trato a sus empleados y sus vacaciones en Biarritz en plena pandemia

Enrique y María Teresa, grandes duques de Luxemburgo, en el bautizo de su quinto nieto, Carlos, el pasado septiembre.
Enrique y María Teresa, grandes duques de Luxemburgo, en el bautizo de su quinto nieto, Carlos, el pasado septiembre.SplashNews.com / GTRES

La familia real de Luxemburgo quiere pasar página de 2020, el año más convulso de sus dos décadas de reinado. Los grandes duques Enrique y María Teresa quieren dejar atrás el escándalo del demoledor informe Waringo, que destapaba el miedo al que estaban sometidos los empleados de palacio, y la polémica que suscitaron sus vacaciones navideñas en Biarritz en plena segunda ola de contagios de covid-19. Y para hacerlo, el matrimonio ha buscado aire fresco en el pasado, en el San Valentín de 1981, cuando la boda entre ambos consumó un nuevo cuento de hadas en la realeza europea.

Los grandes duques recrean en una entrevista en Point de Vue su primer encuentro, en otoño de 1975, en Ginebra. Les introdujo la familia Sanz de Acedo, a quienes el padre de Enrique había pedido que facilitara su llegada a la ciudad, donde iba a estudiar ciencias políticas, y a su vez próximos a la familia de María Teresa, que se había exiliado de Cuba por la dictadura castrista. “Fue a la salida de misa, de la capilla de Cologny. Me pareció muy bella, pero yo entonces era extremadamente tímido”, confiesa el Gran Duque.

Así cuenta el inicio de un relato cuyo nudo no tuvo las complicaciones que María Teresa confiesa que temía. Su matrimonio no solo requería el visto bueno de palacio, sino también del gobierno de Luxemburgo. Pero a la gran duquesa no le costó conquistar al mariscal de la Corte Christian Calmes. Hasta el punto de que, según cuentan en la entrevista, el entonces primer ministro del país, Pierre Werner, le espetó tras escuchar con atención sus informes sobre la futura reina: “¿Quién está enamorado de ella: tú o el príncipe heredero?”.

Las bodas de rubí es una oportunidad para pasar página del particular horrible 2020 de la familia. Hace justo un año, se ponía al descubierto el contenido de un informe encargado por el gobierno del liberal Xavier Bettel al inspector jubilado Jeannot Waringo sobre las malas prácticas que se llevaban intramuros respecto al personal. Esos modos calificados como “dictatoriales” por la prensa del país, que provocaron la salida de casi la mitad de la plantilla del palacio, apuntaban a María Teresa. Las críticas fueron de tal magnitud que el gran duque tuvo que salir a defenderla públicamente.

El informe, analizado por el gobierno y por el Parlamento, sirvió para que la monarquía implementara una serie de reformas propuestas por Waringo. Sin embargo, dejó tocada la imagen de María Teresa, que hasta entonces había enfatizado su labor social en varias fundaciones y ONG. La gran duquesa trató de lavar su imagen tratando de potenciar su perfil social. Amante de la música y el canto, incluso participó en la lectura del cuento luxemburgués D’Mans Kätti junto a la violonchelista Annemie Osborne.

La llegada al mundo en mayo del príncipe Carlos, hijo del primogénito Guillermo, parecía venir a poner paz a esa época convulsa. “El nacimiento de Carlos, el año pasado, creó un verdadero impulso, un vínculo muy fuerte [con la sociedad]”, admite María Teresa en la entrevista. Solo fue una tregua. Las críticas volvieron a arreciar en Luxemburgo a causa del viaje navideño de los grandes duques al apartamento en primera línea de playa que el año pasado se compraron en Biarritz (Francia). Según dijo en verano la propia María Teresa, esa propiedad les permitía vivir con cierto anonimato y, en vistas a su jubilación, en un entorno agradable y cerca de Santander, donde la gran duquesa tiene sus raíces y ya vivió cuando su familia dejó Cuba.

Luxemburgo no había impuesto restricciones a los viajes, pero según Luxemburger Wort, ese desplazamiento provocó cierto malestar en la clase política a causa del momento: toque de queda, cierre de bares y restaurantes, y persianas bajdas en muchas tiendas. Los grandes duques no hablan de ninguna de ambas polémicas, pero el gran duque da por seguro de que el “encanto” y la “empatía” de María Teresa han conquistado a todos los luxemburgueses. “Nosotros encarnamos la nación”, afirma Enrique.

La crisis de imagen de la familia real luxemburguesa se produjo en medio de la peor crisis que atraviesa el país desde la Segunda Guerra Mundial. Así que, por ahora, descartan una celebración del 40º aniversario a causa de las restricciones sanitarias. Más adelante, explican, tratarán de celebrar a la vez esa efeméride y el fin de pandemia. Si es posible, haciendo partícipe a todo el país, incluyendo a una población inmigrante que casi constituye la mitad de los habitantes. “Queremos ofrecer a todos los habitantes de Luxemburgo la felicidad y la armonía que conocemos juntos”, remacha el gran duque.

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