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El informe Waringo retrata el “miedo” y la “ansiedad” del personal del palacio de Luxemburgo

El documento sobre el funcionamiento de la monarquía alerta de que 51 empleados dejaron de trabajar para la institución en cinco años

María Teresa y Enrique de Luxemburgo, el pasado mes de junio.
María Teresa y Enrique de Luxemburgo, el pasado mes de junio. Gtresonline

Algo huele a podrido en Luxemburgo. Este viernes ha visto la luz el esperado informe Waringo, un exhaustivo estudio sobre el funcionamiento de la monarquía llevado a cabo por el incorruptible Jeannot Waringo, exdirector de la Inspección General de Finanzas, ahora jubilado. Y sus conclusiones han confirmado la turbulenta relación de los grandes duques con su personal. "Desde los primeros días de mi presencia en Palacio, he sentido una cierta ansiedad en los empleados, como el miedo a ser castigados o a perder su trabajo", relata Waringo.

El informe, de 44 páginas, nació de una petición del Gobierno luxemburgués de Xavier Bettel, ávido por hacer un ejercicio de transparencia que sirva para airear los errores y analizar posibles cambios en una institución caracterizada por su opacidad. Waringo ha dedicado más de seis meses a comparar su puesta en marcha con otras monarquías como la sueca o la belga, así como a un extenso trabajo de campo que le he llevado a entrevistarse con empleados actuales y antiguos para completar una precisa radiografía de lo que sucede entre los muros de la institución, un trabajo para el que incluso ha contado con despacho propio en Palacio.

La descripción de Waringo presenta un ambiente denso intramuros. "Sentí un cierto miedo a ser reprobado, sin que fuera necesario que los trabajadores me explicaran abiertamente sus sentimientos". Esa suerte de reinado del terror que aparentemente se ha convertido en norma dentro de la monarquía luxemburguesa va acompañado de números. El texto recoge que entre 2014 y 2019 51 trabajadores dejaron su puesto sin contar a los que se jubilaron: 16 de ellos dimitieron, 11 fueron despedidos, y a ocho se les rescindió el contrato. "Hay señales que no engañan. Me he dado cuenta de que en las conversaciones entre colegas, la jovialidad y el humor son raros. Todos están en guardia y miden muy bien sus palabras", apunta Waringo.

La sombra de la gran duquesa María Teresa Mestre planea sobre el informe, que tras llegar este viernes a las manos del Gobierno, será expuesto ante el Parlamento luxemburgués la próxima semana. Waringo recoge que el papel de Mestre, a la que los medios locales responsabilizan del dudoso trato que reciben los empleados. Cree que su cargo debe ser puramente representativo, y ha de ser el gran duque Enrique el que dirija los recursos humanos de la Casa Real. "Me gustaría decir honestamente, y con el riesgo de ser mal entendido, que en la cadena de toma de decisiones del Palacio, especialmente en el área de gestión del personal, el papel que debería ejercer la gran duquesa es una función puramente representativa. Debemos reformar el funcionamiento de nuestra Monarquía en este punto esencial".

Además, se muestra crítico con la ausencia de un proceso de reclutamiento claro, la falta de comunicación interna y un día a día marcado por silencios incómodos y rumores que poco a poco les van minando. "Un elemento central en la vida de una organización es sin duda la moral y la motivación del personal, que causan un impacto inmediato sobre sus resultados y bienestar", alerta.

El antiguo inspector de finanzas agradece la colaboración de las numerosas personas con las que se ha entrevistado, pero deja otro recado para Mestre, nacida en Cuba, casada con el gran duque desde hace 39 años y parte de una familia rica exiliada del régimen castrista. Waringo critica que el único momento en que se ha obstaculizado su trabajo llegó cuando realizó una petición de información acerca de la contratación de un trabajador para la secretaría de la gran duquesa. En ese momento, un despacho de abogados se puso en contacto con él, y no obtuvo más respuesta que la de los letrados.

La monarquía luxemburguesa cuenta en total con 89 empleados a tiempo completo y otros 17 que realizan tareas puntuales. Todos ellos están repartidos entre las instancias de Palacio, dos castillos y otras propiedades de la familia real. Las conclusiones de Waringo sobre sus condiciones de trabajo son tajantes. "La gestión de los recursos humanos genera numerosos interrogantes", estima. Y llama a tomar medidas para rebajar la tensión que padecen. "Si los trabajadores se sienten expuestos constantemente a presiones, reales o percibidas, su comportamiento puede cambiar radicalmente. Caerán enfermos más a menudo y buscarán un nuevo empleo más rápidamente":

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