Macron en el sur de Francia: vacaciones entre sobresaltos políticos

El presidente pasa varias semanas en el fuerte Brégançon, la residencia de verano de los mandatarios galos

Emmanuel Macron durante una videoconferencia el pasado día 11 desde Brégançon, donde pasa sus vacaciones de verano.
Emmanuel Macron durante una videoconferencia el pasado día 11 desde Brégançon, donde pasa sus vacaciones de verano.POOL / Reuters

Pocos dirían que Emmanuel Macron está de vacaciones. A pesar de haberse instalado a finales de julio en el fuerte Brégançon, la tradicional residencia de verano de los presidentes de Francia sobre un fantástico islote en la Costa Azul, el mandatario galo ha tenido que interrumpir sus vacaciones constantemente este verano, y no solo por el coronavirus: la devastadora explosión en Beirut el 4 de agosto hizo que Macron realizara varias llamadas a diversos dirigentes libaneses e internacionales y partiera en una visita relámpago a la capital libanesa. Solo unos días más tarde, organizó desde el denominado Elíseo de verano la conferencia internacional de donantes con homólogos de todo el mundo que comprometió más de 250 millones de euros de ayuda de emergencia para el atribulado país mediterráneo.

Si pensaba que ya podía descansar, se equivocó. El asesinato, el mismo domingo que Macron dedicaba a ayudar a Líbano, de seis cooperantes franceses en Níger, presuntamente a manos de yihadistas, conmocionó al país y a su dirigente, que esta semana convocó un consejo de defensa para analizar la situación en el Sahel. Y por supuesto, ahí sigue el coronavirus, con un repunte evidente en Francia que tiene muy preocupado al Gobierno y que también lo ha obligado —y probablemente seguirá haciendo— a celebrar reuniones telemáticas con sus ministros del ramo.

A pesar de ello, Macron está consiguiendo arañar algo de tiempo para descansar y dedicarse a sus pasatiempos favoritos. Como las motos acuáticas. La revista Voici ha publicado esta semana en su portada una foto del presidente francés pilotando su propia moto, vestido únicamente con bañador y chaleco salvavidas, bajo el titular “Alerta en Brégançon”, en un juego de palabras con “Alerta en Malibú”, como se conoce en Francia la popular serie veraniega estadounidense Bay Watch (Los vigilantes de la playa). En las páginas interiores, se descubre que Macron comparte esta pasión acuática —es el tercer año que es “pillado” sobre una moto acuática— con su mujer, Brigitte, y dos de las hijas de esta, Tiphaine y Laurence, acompañadas de sus respectivos vástagos. El presidente “parecía feliz. Hasta hizo magníficos derrapes y salpicó a sus guardaespaldas, uno tras otro”, contó un testigo a la revista, cuyas fotos han creado bastante algarabía en las redes sociales y en algunos medios. De hecho, la revista Valeurs Actuels recuerda al comentar la noticia que en sus vacaciones en el mismo lugar en 2018, “el presidente de la República infringió una ordenanza de la prefectura marítima del Mediterráneo al circular en moto acuática por una reserva marina protegida”, aunque ahora parece haber aprendido y ya solo navega por aguas permitidas.

Pese a las constantes interrupciones por motivos de política nacional o internacional, los Macron han disfrutado de algunos otros momentos de calma, varios de ellos, aunque muy pocos, captados por las cámaras. La pareja presidencial sabe que puede contar con la intimidad más absoluta en el fuerte Brégançon, que Macron recuperó como residencia estival del jefe de Gobierno: su predecesor, François Hollande, que lo detestaba, lo había abierto al público. Los nuevos inquilinos del Elíseo se han hecho construir una piscina en los terrenos, inaccesibles por su forma de fortín sobre un islote con un único acceso por tierra a las cámaras indiscretas de los paparazzi.

Aun así, se prodiga de vez en cuando por los alrededores de la popular zona de vacaciones en la Costa Azul, momentos escasos que sin embargo se encarga de que sean recogidos por la prensa local o, si no hay otra manera, del corazón. Así, este verano, justo antes del desastre de Beirut, los Macron se dejaron ver en la cercana localidad de Lavandou, donde disfrutaron de una pizza en un restaurante que ya conocen de años anteriores.

“Pidieron pizza y se quedaron dos o tres horas, con gran sencillez. Pasaron un momento simpático y fueron muy agradables con todo el personal, como suelen hacer. Siempre es un placer recibir al presidente y a su esposa”, contó al día siguiente la dueña del local al diario regional Nice-Matin. Lo que sí fue diferente este año: la ya tradicional foto con el personal del restaurante, en la que presidente, primera dama y equipo restaurador posaron con mascarilla, como obligan estos tiempos de pandemia. Antes de que Beirut lo trastocara todo, Macron también tuvo tiempo de tomarse un café en la terraza de un bar con el alcalde de Bormes-les-Mimosas, François Arizzi, y de saludar —con mascarilla y guardando las distancias, haciendo el “saludo budista”, como lo describe el Var Matin— al público que rápidamente se congregó a ver al mandatario.

¿Habrá más “avistamientos” presidenciales? Seguramente, pero no muchos. Macron, que según dijeron fuentes oficiales al Var Matin sigue atendiendo los diversos temas que le ocupan “entre ocho y diez horas diarias”, tiene una pesada agenda ante sí antes de que acabe el verano: según varias publicaciones, Macron recibirá a la canciller alemana, Angela Merkel, en Brégançon “alrededor” del 20 de agosto. El mandatario también tiene que preparar el ambicioso plan de recuperación económica, de 100.000 millones de euros, que su Gobierno prevé presentar el 25 de agosto. Y el 1 de septiembre, ha prometido que volverá a Beirut a echar un vistazo a cómo está la situación de un país hundido en su peor crisis económica y política que es muy cercano a Francia.

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