Cantantes

Miguel Bosé contra el mundo

Sus tuits contra las vacunas y la tecnología 5G, según su entorno, se deben a su gusto por las webs seudocientíficas y las páginas de conspiraciones, pero también a su soledad

Miguel Bosé, en el estreno de 'Godzilla' en el Teatro Chino de Hollywood en mayo de 2019. En vídeo, los tuits de la polémica.Foto: AXELLE/BAUER-GRIFFIN / FILMMAGIC | Vídeo: EPV

Hace cuatro meses se anunció un biopic sobre Miguel Bosé, un icono de la vida artística y social española. Exageradamente famoso desde niño, enigmático y acompañado, día y noche, de las más variopintas leyendas que empiezan, todas, en el mismo lugar: el matrimonio de sus padres, el torero Luis Miguel Dominguín y la actriz Lucia Bosé, y las célebres amistades de ambos pululando por su casa de fiesta en fiesta. “Mi personaje debe ser entendido desde mi infancia, lo que plantea la cuestión de cómo, con todo lo que ha vivido de niño, de adolescente y de joven, logró hacer las cosas que logró. Mi infancia fue muy atormentada, muy solitaria, hermética”, dijo Bosé el 11 de febrero, cuando se conoció que su vida se llevaría a la pantalla.

La historia la escribirán Boris Izaguirre, Ángeles González-Sinde y Nacho Faerna. Tres veteranos guionistas que, por si no tuviesen poco material con la vida de Bosé, se han encontrado con un epílogo tormentoso regalado por el artista: la creencia de que una gran conspiración mundial liderada por Bill Gates, “el eugenésico”, según la cual la vacuna contra la covid-19 incrustará a la humanidad microchips para controlarla, algo que se ejecutará con la activación de la red 5G de telefonía, “clave en esta operación de dominio global”. Hecho esto, todos los ciudadanos seremos “borregos a merced de sus necesidades” [de Gates]. Bosé, en una ristra de tuits que lo convirtió rápidamente en uno de los temas del momento y replicados por medios españoles y latinoamericanos, y ampliamente rebatidos uno a uno por científicos, declaraba la guerra al fundador de Microsoft y al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, por “cómplice de un plan macabro y supremacista”, y decía no a las vacunas y a la red 5G.

Los whatsapps corrieron como la pólvora: ¿qué le pasa a Miguel Bosé? Este nuevo e insólito campo de batalla del artista se produce en una de las situaciones más delicadas de su vida: separado en 2018 tras 26 años de relación con Nacho Palau, que trabaja de vez en cuando de temporero recogiendo aceituna y almendra en un pequeño pueblo de Valencia, Chelva, donde vive con su madre y dos de los cuatro hijos de la pareja, Ivo y Telmo; huérfano de madre desde el 23 de marzo de este año, cuando falleció Lucia Bosé; y arrastrando aún las heridas de la muerte prematura de su sobrina en 2017, Bimba Bosé. El cantante se encuentra recluido en México bajo una soledad estricta, con los dos hijos que se quedó él tras la separación, Tadeo y Diego, y enfrascado en una lucha judicial porque Palau, su expareja, quiere que se reconozca la doble filiación de sus hijos (el padre biológico de Tadeo y Diego es Bosé, que los tuvo tras alquilar un vientre, del mismo modo que el padre biológico de Ivo y Telmo es Palau, por el mismo método). Tras la separación, Bosé decidió que solo los biológicos eran de cada uno; los tribunales decidirán si los dos son o no padres de los cuatro (oficialmente no son hermanos). Los hijos de Bosé viven en la residencia mexicana de su padre; los de Palau, en casa de su abuela en Chelva, mientras su padre, entre oferta y oferta, realizaba la pasada Navidad un curso de cocina ofrecido por las oficinas del paro, cuando su prestación por desempleo estaba a punto de finalizar.

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Es difícil explicar el actual universo Bosé. Sus amigos le guardan extraordinaria lealtad que se traduce en un denso silencio cuando la prensa llama a la puerta; no es de ahora, siempre ha sido así. Pocos, contados y bien elegidos. Quienes han tratado a Bosé coinciden: es generoso, cálido, atento. Pero ni ellos ni el círculo reducido de amigos tiene apenas influencia en el cantante, que ha utilizado las redes sociales para expresar opiniones contundentes sobre diversos aspectos e interpelar a quienes discrepan de él. Hace tres años Dolce y Gabbana criticaron el uso de vientres de alquiler por parte de parejas homosexuales. Bosé los llamó “cretinos”. Explicó en Univisión días después por qué: “Se metieron con mi familia. Yo soy papá de cuatro hijos. Papá soltero. He decidido tener mis hijos con mis dos apellidos para impedir que una mujer, en una separación supuesta, me los quite o, como ha sucedido con algunos amigos, se utilicen como arma arrojadiza. Yo he decidido tener mis hijos con mis apellidos, con una madre biológica que elegí entre muchas, de una forma legislada en California”.

Con #yosoyLaResistencia acaba Bosé sus últimos tuits contra las vacunas y la tecnología 5G. En su entorno achacan las lecturas de portales de Internet seudocientíficos y páginas de conspiraciones a su soledad, a la desconexión no solo con la calle sino con sus relaciones amistosas más estrechas. No todo el mundo cree eso. La exministra de Cultura, y guionista de su biopic, Ángeles González-Sinde, trabaja con él y lo encuentra en un perfecto estado de forma: “Da gusto escucharle hablar sobre su vida, su infancia, su experiencia. Es muy abierto y generoso, además de un gran narrador con una memoria de elefante”. Sobre sus teorías conspirativas, resume: “A veces la gente singular tiene opiniones singulares. Ha ocurrido muchas veces en la historia con artistas diversos. Como si fuera parte de ese pensamiento que va por libre”. Un periodista que mantuvo hace años una larga entrevista con él deja una impresión esclarecedora: “Bosé es un hombre inteligente y con mucha personalidad, sin duda, pero también ensoberbecido. Me dio la impresión de ser un hombre al que su propia biografía situó en un mundo de divinidad y que se quedó colgado allí arriba”.

Podría decirse que las opiniones de Bosé, como el propio Bosé en sus momentos álgidos, con una carrera y unas ventas descomunales, no son de este mundo. Pero el problema es que sus más de tres millones de seguidores en Twitter, sus dos millones y medio en Facebook y 900.000 en Instagram, más los millones de fans repartidos en medio planeta, sí lo son, y escuchan y leen las opiniones contrarias a la salud pública de alguien a quien, muchos de ellos, respetan y atienden, y cuyo nombre puede legitimar teorías sin fundamento, como las antivacunas, y peligrosas para el ser humano.

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