Reino Unido

Boris Johnson: una boda, un bebé y la tormenta política perfecta

El primer ministro británico será padre a principios de verano y se casará con su novia, Carrie Symonds

Boris Johnson y Carrie Symonds, a su llegada al número 10 de Downing Street, el 13 de diciembre de 2019.
Boris Johnson y Carrie Symonds, a su llegada al número 10 de Downing Street, el 13 de diciembre de 2019.Thomas Mukoya / Reuters

“Las flechas de Cupido volverán a volar en cuanto el Brexit sea una realidad. Florecerá el amor por todo el país. Ya ocurrió después de los Juegos Olímpicos [de Londres, durante su época de alcalde] como profeticé en un discurso en 2012. Fue sorprendente. Hubo un enorme baby boom”. Boris Johnson anunciaba esta explosión demográfica en una entrevista al periodista Tim Shipman en The Sunday Times el pasado diciembre. Atando cabos, de nuevo surge la sospecha de que el político más atrabiliario que ha dado el Reino Unido en las últimas décadas jugaba con las cartas marcadas. Su actual pareja, Carrie Symonds (31 años), anunciaba el pasado sábado en las redes sociales que está embarazada. Un bebé llegará a Downing Street para principios de junio.

“Normalmente no publicaría estas cosas aquí, pero quiero que mis amigos lo sepan por mí. Muchos ya lo sabéis, pero para los amigos que aún no lo sepan… nos comprometimos a finales del año pasado, y esperamos que salga un bebé del cascarón a principios de verano”, escribía Symonds en su cuenta de Instagram, junto con una foto sonriente mientras Johnson besaba su mejilla. El primer ministro se había negado a confirmar en la entrevista si participaría personalmente en “el año del amor” que iba a traer consigo la salida del Reino Unido de la UE — “No voy a hacer ninguna proyección demográfica”—, pero todo indica que ya tenía noticias del cascarón.

Johnson, de 55 años, acumula, entre otras muchas proezas, la de ser un primer ministro con un número desconocido de hijos. “Felicidades a Boris Johnson por su quinto o sexto hijo”, se podía leer en uno de los innumerables mensajes de Twitter poco después de conocerse la noticia. “Enhorabuena a Boris Johnson por su cuarto, octavo o decimoséptimo hijo”, escribían los más exagerados. Oficialmente, el primer ministro, que siempre se ha negado a hablar públicamente de su descendencia, tuvo dos hijas y dos hijos con su segunda mujer, la abogada Marine Wheeler: Lara, Cassie, Milo y Theodore. Todos ellos en la veintena y muy celosos de su vida privada. Según los documentos judiciales que pudieron conocerse hace siete años, sería padre de otra hija, fruto de una relación extramatrimonial durante la época en la que era alcalde de Londres. Y esos mismos documentos sugerían la posibilidad de hubiera concebido un sexto bebé.

Johnson y Wheeler concluyeron sus trámites de divorcio 11 días antes de que se supiera que el primer ministro volverá a ser padre. Y la reacción de los medios ha tomado dos direcciones. Algunos han vertido su sospecha por el momento en que se daba a conocer el anuncio: en medio de una crisis considerable en el seno del Gobierno por el enfrentamiento entre los altos funcionarios del Servicio Civil británico y las formas rudas y expeditivas del nuevo equipo del primer ministro; con un Johnson desaparecido de la escena pública entre la angustia que comienza a desatar la extensión del coronavirus; y cuando comienzan a surgir voces de alerta ante el modo desafiante en que Downing Street ha planteado sus negociaciones con la UE para sacar adelante un nuevo tratado comercial en la era post Brexit.

El primer ministro “a tiempo parcial”, como ya le llaman sus críticos, se enfrentará en una edad ya madura a la paternidad mientras intenta controlar su Gobierno. “El Gobierno británico tiene que entrar en estado de guerra con el coronavirus: partes médicos diarios, reuniones regulares del gabinete de crisis presididas por el primer ministro, despliegue por todos los medios de los ministros. La gente tiene miedo, quiere información y necesita saber que sus líderes están al mando”, escribía en Twitter el exministro de Economía y actual director del Evening Standard, George Osborne. “Pero tiene que terminar un nuevo libro, decorar la habitación del bebé y contar su número de hijos…para vergüenza del país”, le respondía Alastair Campbell, quien fuera el estratega jefe del Gobierno de Tony Blair.

La mayoría de los tabloides, sin embargo, se han lanzado con entusiasmo a rastrear la génesis del nuevo vástago de la saga Johnson. Hasta la fecha, ya han descubierto que fue concebido a mediados de octubre, durante el congreso del Partido Conservador celebrado en la localidad de Manchester que encumbró al primer ministro. El inconveniente —a ojos de la prensa conservadora— de que Boris y Carrie no estuvieran casados se subsanó durante las Navidades, en su retiro de diez días en la mágica isla caribeña de Mustique (la misma en la que la princesa Margarita fue sorprendida por los fotógrafos cuando su amante Rody Llewellyn le masajeaba en la playa). El primer ministro propuso allí matrimonio a su actual pareja, la asesora de comunicación del Partido Conservador, a quien los allegados atribuyen la responsabilidad de haber enderezado y disciplinado al político.

Las casas de apuestas británicas comienzan a circular los posibles nombres del nuevo bebé. Sixtus corre como posible broma, pero carece de la exactitud necesaria. Manchester, en homenaje al lugar de concepción, gana bazas.

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