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Comida viejuna: el San Jacobo

Mikel López Iturriaga

El Equipo de Investigación de El Comidista ha contactado con un San Jacobo en un colegio de Apatamonasterio (Vizcaya). Presentaba un estado bastante alterado, pero aun así transcribimos literalmente sus palabras.

¿Qué siente al verse relegado a un menú infantil?

Qué voy a sentir. Rabia. Es indignante que habiendo sido lo que he sido, un símbolo de España, haya llegado a esto. Llevo el nombre del santo que liberó a esta tierra de infieles. Soy pura proteína cubierta de pan. Estoy frito, como la buena comida de aquí de toda la vida. ¿Por qué me hacen esto? ¡Desagradecidos!

Háblenos de sus orígenes.

Aunque la fecha de mi nacimiento no está clara, yo diría que llevo dando guerra unos 40 o 50 años. Una parte de mi familia proviene de la nobleza francesa. Mire, allí mi tío el Cordon Bleu es considerado un tesoro nacional, y yo aquí muerto de asco. También tengo antepasados entre los Escalopes de Viena, bastante parentela en Asturias, donde viven los Cachopos, y primos en Andalucía: la sangre de los Flamenquines corre por mis venas, aunque estamos enfadados porque ellos se enrollaron y yo permanecí plano.

¿Y por qué se le llama San Jacobo, si se puede saber?

Bueno, hay varias leyendas. Unos dicen que me servían a los peregrinos en el camino de Santiago. Otros, que como llevo cerdo ahuyento a judíos y musulmanes, y por eso me llamaron como el santo que más cabezas moras cercenó. Por último, algunos dicen que soy producto de la Contrarreforma católica. Pero me da que en realidad nadie tiene ni idea de por qué me bautizaron así.

Hablando de leyendas, ¿es verdad que una vez Jesucristo se apareció en usted?

Por supuesto. Aquí está la prueba.

¿Y qué le diría a la gente que le considera una fritanga de lo más zafia?

Que son idiotas y que me lo digan a la cara si se atreven. Yo soy una delicia: crujiente por fuera y sabroso por dentro, con ese perfecto equilibrio entre la cremosidad del queso, el sabor del jamón y la ternura de la carne.

Bueno, esto de la carne... yo lo he probado a veces con jamón y queso, a secas.

Ésas son mis versiones baratas. Quitas la carne, pones un jamón de esos con mucho gordo y un tranchete del Dia y ahorras costes. Pero da igual, yo estoy siempre bueno.

Qué autoestima. ¿Ni siquiera se ve usted mal cuando lo pasan por esos aceites multisabores en los que la primera croqueta se frió en 1974?

¡Qué va! Ése soy yo en mi más pura esencia: cuadrado, recio, hipercalórico, exultante de grasa. Y si me acompañan unas patatas fritas en ese mismo aceite, mejor que mejor. Conmigo no van las mariconadas de la comida ligera.

Hay quien dice que es usted insano.

Infundios de los vegetarianos y los jipis esos. ¡Pero bueno, si toda la vida de Dios la gente me ha comido y nunca ha pasado nada! Vamos hombre, ¡ni que fuera yo Bin Laden!

Por cierto, ¿qué piensa de su muerte? Se lo pregunto porque debe de ser usted el único que queda por opinar en España.

Me parece muy bien que se lo hayan cargado. A los moros hay que darles duro, y disparar antes de preguntar.

Una opinión muy moderada. ¿Y cómo ve el futuro?

Bueno, no demasiado mal. Me siguen vendiendo congelado, y creo que en ese terreno seguiré fuerte. En el mundillo gourmet y de los restaurantes finos no me quieren, porque son una panda de homosexuales estirados, pero quizá acabe teniendo un resurgir como el de la croqueta, quién sabe. Y con esos chismes nuevos que fríen con aire y sin aceite igual hasta me vuelvo saludable.

Lo dudo.

Mire, ya estoy harto de sus preguntas y sus comentarios. ¡Váyase usted a la mierda! ¡A la mierda!

Sobre la firma

Mikel López Iturriaga
Director de El Comidista, web gastronómica en la que publica artículos, recetas y vídeos desde 2010. Ha trabajado como periodista en EL PAÍS, Ya.com o ADN y colaborado en programas de radio como 'Hoy por hoy' (Cadena Ser), 'Las tardes de RNE' y 'Gente despierta'. En televisión presentó programas como El Comidista TV (laSexta) o Banana split (La 2).
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