Blanco, compacto, peludo y no es una oveja... ¡es un sillón!

El diseño contemporáneo de este mueble se popularizó a mediados del siglo XX, cuando surgió en los países nórdicos. Ahora, la moda está de vuelta

Sillón 'Papilio' de Naoto Fukasawa para B&B Italia.
Sillón 'Papilio' de Naoto Fukasawa para B&B Italia.

Es de suponer que cuando Homero se sentaba a escribir la Odisea lo hacía sobre una piedra sobre la que extendía una piel de oveja que le mantuviera las posaderas calentitas. Y así habrá sido a través de la historia, con muchas situaciones en las que los rizos blancos de las ovejas o los pelos más largos de otros bichos sirvieron para dar cierta calidez a la vida interior, ya fuera una cueva, un castillo o una tienda de campaña. Pero puestos a hablar de cuestiones que tienen que ver con el diseño contemporáneo, ya se puede cambiar el registro y centrarse en tiempos más cercanos. Concretamente, a mediados del siglo XX, cuando surge en los países nórdicos —especialmente en Dinamarca— una tipología de mueble que, por esos caprichos de la naturaleza humana, causa furor y vuelve al cabo de los años. Son los sillones de pequeño tamaño, ligeros de peso, muy compactos de figura, blancos como la nieve y tapizados de pelo, preferiblemente de oveja, pero en su defecto con pelos más largos, sintéticos o incluso con una más modesta tapicería de rizo.

Su uso se hizo en aquel entonces viral —aunque en esa época no había redes sociales y la palabra viral tenía otras acepciones— y, sin embargo, aquella querencia inicial ha vuelto ahora con estruendo. En plena celebración del invierno, el momento no puede ser más apropiado para hacerse con uno de estos elementos semipeludos, que casi acompañan como una mascota. En su tiempo hubo quien llevó el tema hasta la literalidad. Muchos no conocerán el trabajo de los artistas franceses François-Xavier y Claude Lalanne, que inundaron los salones más elegantes con sus moutons de laine. Eran unos asientos realizados en bronce y lana, que reproducían de manera literal una oveja como dios manda y que fueron a parar al cuarto de estar de gentes como Yves Saint-Laurent y Pierre Bergé a quienes no se les escapaba una. Era 1966. Eso para los que crean que inventan algo nuevo.

Hace unos años, los californianos hermanos Haas, que tanto predicamento tienen en el mundo de coleccionistas de diseño de autor, dieron rienda suelta a su retorcida imaginación para crear unas criaturas animalescas de tinte surreal entre las que se encuentran numerosos asientos peludos, algunos con patas y cuernos y una imagen poco amigable. El año pasado fue el talentoso mexicano Fernando Laposse quien presentó un sillón de pelo largo. En ese caso de largas fibras de agave que parecen pelo animal, un paso más desde sus primeros pequeños bancos llamados Dogs, también en esa fibra de pelo largo que les da la impresión de animales domésticos. Todos ellos son piezas de ediciones limitadas que se encuentran en el entorno de las galerías.

Sillón Brasilia de MENU.
Sillón Brasilia de MENU.

Sin embargo, esa tipología, expresada de un modo más práctico y sin afanes artísticos, se puede encontrar en diversas tiendas dedicadas al mobiliario vintage mid-century, especialmente escandinavo, con muchos ejemplos en los que se combina habitualmente con una estructura de madera, de un modo sencillo y natural. A veces se les añaden detalles en metal, una combinación que aporta contraste y refinamiento. Entre las más buscadas está el modelo Clam, diseñado con forma de almeja abierta por el arquitecto danés Philip Arctander en los años cuarenta del pasado siglo y que ejerció gran influencia en sus contemporáneos, sirviendo de inspiración para muchos asientos de la época y posteriores.

También es una tipología reproducida hoy por varias empresas dedicadas al diseño industrial como son &tradition, Gubi, B&B Italia, Menu, Baxter... Por ejemplo, &tradition reproduce ahora el sillón Little Petra diseñado por Viggo Boesen en 1937; mientras que Gubi ha reeditado el asiento Pacha diseñado por Pierre Paulin en 1975; B&B Italia lo ha hecho con el Bambole de Mario Bellini de 1972, época en que se experimentó con nuevos materiales y modos de estructurar las tripas de un asiento dando lugar a esas formas compactas perfectas para los tapizados de rizo blanco.

De izquierda a derecha, y de arriba abajo, sillón Pacha de Pierre Paulin para Gubi; sillón Nordkapp de Paola Navone para Baxter; sillón Furry de Fernando Laposse y el modelo Le Bambole.
De izquierda a derecha, y de arriba abajo, sillón Pacha de Pierre Paulin para Gubi; sillón Nordkapp de Paola Navone para Baxter; sillón Furry de Fernando Laposse y el modelo Le Bambole.

De dimensiones relativamente reducidas y blandas, estos asientos son perfectos para espacios pequeños. Sin duda, el mullido y la calidez son su principal reclamo, además de la textura que aporta el pelo o el tejido de rizo en su caso, y del color blanco que subraya las líneas curvas de esos diseños no exclusivos del entorno rural y que aportan un punto algo bohemio a cualquier interior.

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