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Tres planes baratos para hacer en Madrid este fin de semana

La sandwichería Grab, la tienda de dónuts Krispy Kreme y la pastelería Brela son experiencias divertidas para disfrutar en compañía este fin de semana

La tarta de Brela. Foto cedida.Pelayo Martin

Madrid empieza a oler a primavera de verdad: a terrazas que se alargan sin pedir permiso, a paseos sin rumbo fijo y a ese impulso casi instintivo de premiarse —aunque sea con algo pequeño— después de la semana. En ese gesto, cada vez más compartido, caben los placeres virales, sí, pero también el redescubrimiento de la ciudad a través de lo cotidiano: un buen sándwich, un dónut recién hecho o una tarta que sabe a casa. Tres paradas, tres formas de enredarse este fin de semana sin que el bolsillo se resienta demasiado.

La tarta que seduce a todos

En Brela (calle Lagasca, 130) hay algo que trasciende la vitrina. No es solo una pastelería, sino una historia que empieza lejos —en una pequeña ciudad costera de Croacia— y pasa por varias generaciones antes de aterrizar en Madrid. “La repostería como gesto de afecto y de reunión”, asegura Javier Velilla: esta es la idea que lo sostiene todo. “La pavlova la empezamos haciendo en casa, ajustándola a nuestro gusto, probando…, y poco a poco fue evolucionando hasta lo que es hoy”, cuenta.

La tarta que da nombre al proyecto resume bien esa herencia: una base de merengue, nata, frutos secos, fruta fresca y dulce de leche. Una receta naturalmente sin gluten que se mantiene fiel a su origen, pero que se abre a versiones contemporáneas como la de chocolate y avellanas o la de pistacho.

El espacio, en Lagasca, refuerza esa sensación doméstica reinterpretada: tonos suaves, formas redondeadas y una estética que recuerda a una casa vivida, pero con mirada actual.

Brela nace, además, de un giro vital. “Compartían el mismo deseo: dejar atrás la rutina y crear algo propio”. Esa decisión se traduce aquí en un lugar donde lo cotidiano se eleva sin perder cercanía con los vecinos del barrio de Salamanca.

El sándwich que Madrid echaba de menos

Hay lugares que nacen de una intuición muy concreta. En Grab (Travesía de San Mateo, 16), la premisa era clara: “Sentíamos que en Madrid faltaba un buen sitio especializado en sándwiches”. Así lo explican sus fundadores, Madeleine Martin y Emerik Minost, que miraron a ciudades como Nueva York o París para construir un concepto que aquí, curiosamente, todavía no tenía equivalente.

El resultado es un espacio pequeño, con alma setentera, donde el color y la música acompañan una propuesta pensada —sobre todo— para llevar. Aunque hay mesas, lo suyo es salir con el pedido en la mano y seguir el plan fuera. Ellos mismos lo sugieren: picnic improvisado en la plaza de Santa Bárbara o paseo por Justicia, uno de esos barrios que siempre apetecen.

Se recomienda pedir el de queso con cebolla, el kimchi de pollo y el de rabo de toro, que viene acompañado del jugo de la carne. “No esperábamos que en las primeras semanas se agotaran productos ni ver colas desde el inicio”, asegura Martin. El tiquet medio ronda los 20 euros, bebida incluida.

La liturgia de lo dulce recién hecho

Lo de Krispy Kreme (calle Princesa, 7) en Madrid no ha sido tanto una apertura como un pequeño fenómeno. Antes incluso de abrir, ya había gente esperando. “Cientos de seguidores comenzaron a concentrarse…, algunos pasando la noche”, recuerdan. A las ocho de la mañana, más de 500 personas hacían cola para probar su primer glaseado caliente.

El gancho no es solo el producto —que también—, sino la experiencia. El llamado Teatro Krispy Kreme permite ver en directo cómo se elaboran las donas, en una suerte de coreografía hipnótica que culmina cuando se enciende el neón rojo: Hot now (caliente ahora).

Esa señal indica que el producto acaba de salir y que es el momento exacto para probarlo. El tiquet medio son 10 euros. Ir cuando el neón está encendido no es un detalle menor: es, según ellos, la diferencia entre probarlo y hacerse fan.

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