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Juicio por violación a un celador de psiquiatría del hospital Ramón y Cajal de Madrid: “Yo estaba acorralada”

La víctima relata dos agresiones después de que el acusado le ofreciera cocaína mientras estaba ingresada por un cuadro agudo tras haber intentado suicidarse

El hombre acusado de agredir sexualmente a una paciente de psiquiatría del Ramón y Cajal.
El hombre acusado de agredir sexualmente a una paciente de psiquiatría del Ramón y Cajal.P. P. A.
Patricia Peiró

Un hombre de 40 años se ha sentado este miércoles frente al juez acusado de violar a una paciente de psiquiatría de 19 años del hospital Ramón y Cajal en Madrid en 2021. R. en ese momento trabajaba como celador en esa planta en la que estaba ingresada la denunciante por un episodio agudo en el que había intentado suicidarse. El acusado también suministró cocaína a la joven. En la vista oral, él ha asegurado que fue ella la que le pidió droga y la que lo empezó a tocar y él no pudo evitar “hacer el acto”. Ella, sin embargo, narra una realidad muy distinta: “Cerró la puerta con llave, estaba acorralada, me quedé bloqueada”. En el proceso está acusada también la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, como responsable de haber garantizado el bienestar de la víctima.

Los hechos sucedieron el 29 de abril y el 1 de mayo, según la denuncia. La víctima ha podido declarar en la vista oral por videoconferencia para no tener que coincidir en la sala con el presunto agresor. A ratos con una voz potente, a ratos con un hilo, la muchacha ha descrito las agresiones, que se produjeron en un momento en el que ella tomaba “cinco pastillas al día” por prescripción médica. Un testimonio que ha interrumpido por los sollozos. La chica está diagnosticada con trastorno de la personalidad, psicótico y alimenticio. El acusado era celador interino en ese centro desde 2007.

“Yo en ese momento estaba muy inestable, se acercó a mí a darme cigarros y luego me dijo que también tenía cocaína. Yo no la había probado nunca, pero estaba muy mal, no sé por qué dije que sí. Después de eso me encerró en una sala, cerró con llave y se puso violento”, ha explicado sobre la primera agresión. Él afirma que ese primer día solo fumaron y consumieron drogas porque ella se lo pidió y que no sucedió nada sexual. Después de eso, él le facilitó un teléfono móvil, algo prohibido en un ingreso así, que usó para escribirle mensajes como: “Eres un sueño, nunca me había pasado algo así”. Ella ha asegurado que aceptó el dispositivo porque quería escuchar música y que él le pidió que no se enterara nadie.

Sobre la segunda, la denunciante ha descrito que se encontraba en su habitación por la noche cuando el celador entró y volvió a violarla y le ordenó a guardar silencio para que no se despertara la compañera de habitación. A la víctima le ha costado mucho entrar en los detalles de la agresión y ha necesitado ayuda de la fiscal, su abogado, Juan Manuel Medina, y el juez, en diferentes momentos, para contar todos los detalles. El magistrado ha considerado improcedente una pregunta sobre si había propiciado encuentros sexuales con otros pacientes. El abogado de la defensa también ha preguntado a una compañera de trabajo del acusado si la víctima era una persona “melosa”, a lo que ha respondido que sí y que recuerda que le gustaba estar cerca de “figuras masculinas”.

Después de los hechos, la chica se hizo unos cortes y se tragó 12 fichas del juego de las damas. Unos días después, cuando entró de turno un enfermero que a la víctima le “caía bien” porque se había “portado muy bien”, le contó lo sucedido. En ese momento avisaron a la familia y presentaron la denuncia. “Fue muy traumático, yo veía a mi hija muy demacrada”, ha apuntado el padre, que ha lamentado que apenas podía tener contacto con ella por las restricciones impuestas por el covid. El progenitor ha narrado que la chica tiene trastornos alimenticios desde los 14 años y que cuando intentó suicidarse en marzo de 2021 fue él quien la llevó al hospital, donde quedó ingresada. “Mi hija no estaba en situación de tener relaciones sexuales con nadie. Estaba inestable. Todo se convirtió en una agonía y un infierno más dramático”, ha afirmado.

Uno de los enfermeros de esa planta ha asegurado que recriminó al acusado que le dejara un teléfono móvil, después de pillarla con él en la mano en una de las rondas. El testigo ha señalado que no se extrañó de posibles ausencias del acusado porque a veces el personal sale a fumar y no avisa. Fue a este sanitario al que la víctima acudió para contarle lo sucedido. “Nosotros somos personal sanitario y ella una paciente. No le hice la pregunta de si hubo consentimiento porque no concibo que deba suceder algo así. No me entra en la cabeza el consentimiento. Me sentí escandalizado y avisé a un médico de guardia”, ha puntualizado el enfermero, quien dio parte a sus superiores tanto del episodio del móvil como de la agresión sexual. “Ella estaba en estado de ansiedad”, ha señalado. Dos forenses que examinaron a la víctima tras los hechos han indicado que las patologías de la chica se agravaron tras estos hechos. “Fue coherente y congruente”, han afirmado las peritos sobre la declaración que hizo la joven cuando denunció.

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La fiscalía pide para el acusado 10 años de prisión por un delito continuado de abuso sexual y una indemnización de 20.000 euros que debería asumir la Comunidad de Madrid. La acusación particular solicita 26 años de cárcel por dos abusos sexuales y facilitar estupefacientes a una paciente psiquiátrica. El abogado Juan Manuel Medina ha elevado la petición de la responsabilidad civil a 60.000 euros. En este caso se aplica el tipo penal de abuso porque los hechos son previos a la nueva ley de libertad sexual. El letrado de la defensa cree que su cliente debe ser exonerado de cualquier responsabilidad penal.

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Sobre la firma

Patricia Peiró
Redactora de la sección de Madrid, con el foco en los sucesos y los tribunales. Colabora en La Ventana de la Cadena Ser en una sección sobre crónica negra. Realizó el podcast ‘Igor el ruso: la huida de un asesino’ con Podium Podcast.
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