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Más Madrid denuncia al Gobierno de Ayuso por el caos en la reapertura de las urgencias

Mónica García, líder de la oposición, reivindica a los médicos ante las críticas del Gobierno, y la presidenta regional la acusa de vivir “del dolor, del miedo, del terror”

La portavoz de Más Madrid, Mónica García, interviene en un pleno en la Asamblea, el pasado 6 de octubre.
La portavoz de Más Madrid, Mónica García, interviene en un pleno en la Asamblea, el pasado 6 de octubre.Víctor Lerena (EFE)
Juan José Mateo

En medio de un pleno lleno de reproches, Mónica García, la líder de Mas Madrid, ha anunciado este jueves en la Asamblea que ha registrado una denuncia ante la Dirección General de Inspección, Ordenación y Estrategia Hospitalaria por el caos en la reapertura de las urgencias extrahospitalarias. El texto reclama que se dirima la responsabilidad de las gerencias de la Consejería de Sanidad y todos aquellos miembros del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso que hayan participado en la decisión de comunicar de madrugada a los profesionales cambios de destino y horarios, o de configurar el servicio con voluntarios de la Atención Primaria, lo que ha provocado un 60% de bajas entre los médicos. La presidenta regional asiste impertérrita al anuncio. Según sus palabras, la responsabilidad del caos ya está dirimida. La culpa la tiene, dice, el “terror sindical, el terror político” de la izquierda. Y estalla la bronca.

“Cuando nos acusa de no querer trabajar y boicotear el sistema, no tiene ni idea de lo que habla”, arranca García, anestesista antes que política, tras sentir en carne propia la acusación lanzada por el Gobierno sobre que los problemas en la reapertura se deban a un 60% de bajas “sobrevenidas”. “Nuestra pasión es cuidar, y cuidar es una palabra que a usted le queda muy grande”, añade la líder de Más Madrid. ”Sus insultos no nos afectan”, recalca. “Voy a presentar una denuncia ante la inspección sanitaria para que tome cartas en el asunto”.

El texto de la denuncia, al que ha accedido este diario, subraya que las “deficiencias organizativas y de dotación de efectivos hacen sospechar que no se están cumpliendo adecuadamente los requisitos regulados por la normativa legal”. Además, insta a “la comprobación de la composición de las plantillas”. Y reclama investigar “posibles vulneraciones de derechos del personal relativos a cambios imprevistos de sus nombramientos de destino, jornadas ordinarias o reducidas, descansos preceptivos, etc, regulados en la normativa estatutaria y laboral”.

Esas líneas resumen un problema mayúsculo. Las urgencias extrahospitalarias volvieron a funcionar el pasado jueves. Fue un desastre. Como la reorganización decidida por el Gobierno implica cambios de centro y horarios, al menos 30 sanitarios renunciaron a su puesto de trabajo antes de la reapertura, porque hasta ese momento realizaban horarios específicos para conciliar con sus situaciones personales y no podían asumir ese cambio de condiciones de un día para otro. Además, muchos profesionales comenzaron a recibir de madrugada los correos electrónicos en los que se les notificaban los nuevos destinos y horarios. Algunos, a las cuatro de la madrugada. Como consecuencia, la Consejería de Sanidad contabilizó más de un 40% de bajas entre el personal sanitario que se tenía que incorporar a los 78 Centros Sanitarios 24 horas. En el caso de los médicos, las ausencias alcanzaron un 60%.

El problema que no ha mejorado con el paso de los días. Así, durante la noche de Halloween, 26 de los 80 Centros Sanitarios 24 horas de la Comunidad de Madrid funcionaron sin un médico en el dispositivo, y 12 de ellos ni siquiera pudieron abrir.

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Sin embargo, Ayuso actúa este jueves como si esos datos no reflejaran un problema, sino una traición. Es la tesis que defiende la mayoría del Ejecutivo con distintos tonos y alguna excepción, como el titular de Sanidad, Enrique Ruiz-Escudero: algunos de los médicos que faltan al trabajo, o renuncian a él, lo hacen porque son de izquierdas, no porque les hayan cambiado de madrugada, y sin negociar, sus turnos y centro de trabajo. Una cabriola argumental que permite transformar un problema laboral en uno político. El terreno favorito de Ayuso para confrontar con sus rivales.

“Cada vez que a la izquierda le va mal en esta Comunidad, recurren a la sanidad pública, a la que pretenden boicotear una y otra vez, porque sólo saben vivir de sembrar el terror y el miedo entre los ciudadanos, empezando por los mayores y por las personas que más lo necesitan”, le espeta Ayuso al portavoz del PSOE, Juan Lobato.

“Es la única sanitaria que quiere el caos en la sanidad publica”, le dice luego la presidenta a García, la líder de Más Madrid. “Vive del dolor, del miedo, del terror, es bochornoso lo que hace”, le afea. “Quiero agradecer a los profesionales que irán a trabajar a pesar del terror sindical, del terror político, que están promoviendo”, acusa. “Un 60% de bajas médicas sobrevenidas no han ayudado, pero estamos convencidos de que todo seguirá con normalidad”.

Hasta Vox, el único socio posible del Ejecutivo, se indigna con esa argumentación que pone a los profesionales en la diana. “Les animo a asumir responsabilidades políticas. Han pasado de llamarles héroes a villanos. Tienen un problema con cómo gestionan los recursos humanos en la sanidad madrileña. Están demostrando que no saben hacerlo”, critica la diputada Gádor Joya, que también es médica.

Es una rara coincidencia de la extrema derecha con el resto de la oposición. Porque por el mismo camino va Lobato, del PSOE: “Es muy difícil en tan poco tiempo hacer tanto daño a la sanidad pública”, acusa. O Alejandra Jacinto, de Podemos: “Supongo si no hay médicos en los centros de salud es porque les falta cultura del esfuerzo”, ironiza. Todos parecen coincidir en el diagnóstico, salvo el PP de Ayuso.

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Sobre la firma

Juan José Mateo
Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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