La plaza de Las Ventas cancela un espectáculo con ‘toreros’ con enanismo, tras vender solo 37 entradas

El festejo había provocado la protesta entre las asociaciones en defensa de las personas con discapacidad que critican que la Comunidad de Madrid permita organizar estos espectáculos “que humillan y denigran”

Vista de la plaza de toros de Las Ventas.
Vista de la plaza de toros de Las Ventas.JuanJo Martín (Efe)

Cancelado. El espectáculo cómico Popeye Torero, que estaba previsto para el 8 de octubre en Las Ventas de Madrid con “personas pequeñas”, el eufemismo que utiliza el creador de ese festejo con vaquillas y personas con acondroplasia (enanismo), no abrirá las puertas del ruedo. “No sabes la alegría que tengo en estos momentos”, resopla Jesús Martín Blanco, director general de Derechos de las Personas con Discapacidad del Ministerio de Derechos Sociales, que había puesto el grito en el cielo cuando vio el cartel que anunciaba un espectáculo pensado para niños y sus familias “con sus enanitos marineros”. Adultos, 10 euros. Menores hasta 14 años, 5. Menores de cuatro años, entrada gratuita. “Todo un despropósito para mantener viva una mofa que viene de la España en blanco y negro”, agrega. La Comunidad de Madrid ha confirmado a este periódico que este miércoles ha decidido suspender el espectáculo, “de común acuerdo con la empresa” que ganó el concurso para organizar estos eventos en la principal plaza de toros de Madrid (Plaza 1). La razón: se había vendido “un número ínfimo de entradas”. Concretamente 37. Pero la polémica ya estaba servida.

Por un lado, se oponían frontalmente las asociaciones que defienden los derechos de las personas con discapacidad (además del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad —CERMI— o la Fundación ALPE Acondroplesia), al considerar que reciben un trato humillante y denigrante. Por otro, el creador de Popeye Torero, Juan Asenjo, lo defiende con uñas y dientes, porque cree que ninguna asociación tiene derecho a atentar contra el trabajo de “las personas pequeñas”. “Yo soy una persona normal [de estatura]”, explica. “Pero llevo 43 años trabajando codo con codo con ellos en este tipo de representaciones y nadie les pone una pistola en la cabeza. Están ahí libremente”. Y en medio del meollo, la Comunidad de Madrid, que asegura que “no quiere herir sensibilidades”. Sin embargo, en los pliegos del contrato que el Ejecutivo elaboró y adjudicó el pasado junio consta que “el adjudicatario estará obligado a organizar un máximo de dos espectáculos cómico-taurinos por temporada”.

—¿Qué pasará entonces si el año que viene se venden todas las entradas?—.

—Eso no lo vamos a entrar a valorar en este momento porque de aquí al año que viene queda un mundo―, responde un portavoz de la Administración.

Mientras tanto, queda en el aire un debate que no termina de evolucionar. “Salvo por el hecho de que casi nadie compra entradas”, puntualiza Martín Blanco. “Eso es una buena noticia”.

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Enseguida relata todo lo que significa para él. “Yo recuerdo que cuando era pequeño me escondía tres días en mi casa cuando llegaban estos espectáculos a mi pueblo”, cuenta el director general de Derechos de las Personas con Discapacidad, ahora con 48 años a sus espaldas y una displasia ósea (un tipo de enanismo) que daba rienda suelta a que el resto de niños se rieran de él. “Es una manera de mantener la burla, la mofa, el que todos te puedan señalar y reírse de tu condición física y que no pase nada. Esto no es una cuestión de no herir sensibilidades, como dice la Comunidad de Madrid, sino de defender derechos humanos. Si en su lugar fueran a poner a hacer el payaso a personas con otra discapacidad, como los que tienen síndrome de Down, no habría debate y saldría todo el mundo a protestar. Sin embargo, con nosotros nos ponemos a debatir”, se queja.

Convenio Colectivo

La propia definición dada a los toreros pequeños en el Convenio Colectivo Nacional Taurino determina que “aquellos deben carecer de capacidad física autosuficiente para la lidia”, a diferencia de los toreros mayores a los cuales se les exige dicha capacidad. De acuerdo a esto, lo que se ofrece en este tipo de espectáculos no es la habilidad de la persona con enanismo para torear, sino la falta de esa habilidad. Tan es así que los toreros cómicos y, fundamentalmente, los toreros pequeños, al ser el grueso de la cuadrilla según explicita la norma, no quedan sujetos a la clasificación que tienen los novilleros de acuerdo a su nivel artístico, su cotización y su experiencia.

De hecho, el toreo cómico tiene su origen en las mojigangas, representaciones satíricas en las que se caricaturizaban diversos aspectos de la lidia y de la sociedad. Las mojigangas dieron paso a los espectáculos cómicos taurinos, que se consolidaron a partir de los años cuarenta del siglo pasado. Estos festejos se componían de diferentes números musicales, parodias y juegos con los toros, dirigidos a mostrar una vertiente distendida y festiva de la lidia. Lo que caracteriza y atraía este tipo de espectáculo taurino era la participación de personas con enanismo que realizan piruetas, fingían caídas o toreaban un becerro.

En definitiva, en estos espectáculos la risa está garantizada. O al menos eso es lo que persigue. Según los vídeos colgados en Youtube más actuales, los toreros enanos ruedan por el suelo mientras se escuchan las carcajadas del público, aparecen en ocasiones con guantes de boxear para defenderse de la vaquilla, vestidos de payasos tropezándose, de indios y vaqueros o de marineritos como en el espectáculo de Popeye Torero, creado por el propio Asenjo tras pasar largas temporadas “por muchos países americanos”.

La Comunidad de Madrid defiende, en todo caso, que los requisitos del pliego de su contratación hablan solo de espectáculos cómicos taurinos, pero no especifica que tengan que ser con personas con enanismo. “Pueden ser también payasos”, argumenta un portavoz. Sin embargo, según recoge el VI Convenio Nacional Taurino en su artículo 9, “la cuadrilla cómica vendrá constituida por un jefe de cuadrilla; un torero mayor, más que las reses a lidiar; y un mínimo de cinco toreros “pequeños”.

“Se me ocurrió vestirme a mí de Popeye y a los enanos los vestí de marineritos”, explica Asenjo. “Empecé muy jovencito con estas cosas, antes se hacían 30 espectáculos al año. Ahora... las asociaciones estas que se quejan y quieren prohibir esto, que están todas subvencionadas, como las antitaurinas, en realidad quieren humillar a los pequeños”, sentencia.

“Denigrante”

El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 cree que se trata de un divertimento “denigrante” que menoscaba la dignidad del colectivo y estudia ya una reforma de la ley que quiere sacar adelante antes de que acabe el año para prohibir estos festejos, algo que depende también de otros ministerios. El Convenio Nacional Taurino lo aprobó el Ministerio de Trabajo, mientras que el reglamento estatal taurino lo aprobó el Ministerio de Justicia e Interior.

Eso sí, España es firmante de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas desde 2008. “Y en el último examen de cumplimiento, realizado en Ginebra, se nos dijo que este tipo de prácticas tenían que abolirse. Nos llamaron la atención”, argumenta Martín Blanco.

En la misma línea se expresa Felipe Orviz, presidente de ADEE España y asesor jurídico de la Fundación ALPE acondroplasia, también con enanismo, que recuerda que el PP se comprometió en 2019 a trabajar para erradicar estos espectáculos y confirma que existen dos planteamientos enfrentados. Por un lado, todos los colectivos que defienden los derechos de las personas con discapacidad. Y por otro, los toreros cómicos con enanismo y las empresas que promocionan estos espectáculos, que reivindican el derecho al trabajo. “En este sentido, sorprende la dejación y la ausencia de debate jurídico, social y político en relación con esta casuística”, afirma. “Máxime si se compara con otras realidades en la que también está en juego la primacía de la dignidad colectiva y su dimensión pública en contraposición con el ideario kantiano de dignidad, como puede ser la regulación de la maternidad subrogada o la prostitución, cuyo debate sí se encuentra en la agenda política”.

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Sobre la firma

Berta Ferrero

Especializada en temas sociales en la sección de Madrid, hace especial hincapié en Educación o Medio Ambiente. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera CEU (Valencia) y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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