La gran mutación de Almeida en el PP madrileño: “Ya no se habla con los fieles de Casado”

El alcalde de Madrid toma la palabra este viernes en el congreso regional del PP, donde Díaz Ayuso será proclamada líder del partido en la región y él mismo estuvo en las quinielas hasta hace muy poco

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante la entrega de medallas de San Isidro el pasado domingo.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante la entrega de medallas de San Isidro el pasado domingo.David Fernández (EFE)

11 de enero de 2019. Un runrún sacude la planta noble de Génova. Los candidatos del PP al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid están decididos. No hay vuelta atrás. Dos carteles con rostros desconocidos colgarán de las farolas de los madrileños: Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Un ticket electoral inédito. Dos cartas al azar. Una auténtica incógnita electoral. Almeida, recuerdan ahora fuentes del PP, recibió una llamada telefónica aquella tarde fría de invierno:

―A las ocho de la tarde en la sede nacional.

Un abogado del Estado de 43 años iba a ser nombrado oficialmente candidato a la alcaldía de Madrid. 24 horas antes, un grupo de fieles del entonces presidente Pablo Casado, encabezados por dos figuras orgánicas clave de la dirección nacional y regional del partido, presionan al líder popular con un nombre. Los pasillos de la séptima planta eran un correcalle: “La mejor decisión para la alcaldía es Almeida, Pablo”. El partido había hecho sondeos internos con otros candidatos semanas atrás, tanto para la candidatura de la región, como para la del Ayuntamiento: el economista Daniel Lacalle, el actual senador popular Javier Maroto y los diputados Adolfo Suárez Illana, Cayetana Álvarez de Toledo y Ana Pastor, entre otros.

La campaña de presión para favorecer la candidatura de Almeida fue orquestada por Ángel Carromero y María Pelayo, según reconocen ahora fuentes de la anterior dirección popular. Carromero era un íntimo amigo personal del actual alcalde de Madrid. Tanto, que tras ser elegido con el bastón de mando gracias a los votos de Ciudadanos y Vox, le otorgó un alto puesto orgánico en el Ayuntamiento, muy cerca de él: director general de coordinación de Alcaldía. “Más bien era un cargo simbólico”, reconoce ahora una fuente del palacio de Cibeles. “La labor de Carromero no ha tenido nada que ver con el día a día del Ayuntamiento. Él básicamente representaba a Almeida en el partido porque al alcalde no le gusta ir a los actos internos del PP”.

Almeida fio en Carromero la fontanería interna y orgánica popular durante estos tres años de mandato. Si en un acto de partido hablaba el propio Carromero, los militantes populares de las agrupaciones locales veían ahí encarnado a su alcalde. Las decisiones internas que auspiciaba contaban con su aval. Conocía al dedillo toda la organización interna del PP capitalino. Una estrategia que ha terminado por “desgastar mucho” a Almeida entre la militancia madrileña, según señalan ahora los allegados del regidor.

La otra persona clave que lanzó la andadura de Almeida hacia el codiciado despacho con vistas a la fuente de Cibeles fue Maria Pelayo, periodista de profesión y por aquel entonces directora de comunicación del PP de Casado. La voz ante los medios. Pelayo fraguó la amistad con Almeida durante su etapa como asesora de prensa del PP en el Ayuntamiento, mucho antes de dar el salto a Génova como jefa de comunicación del partido a nivel nacional. Almeida, Pelayo y Carromero formaban hasta inicios de este año parte del conocido núcleo duro del Casado. Pero ―siempre hay peros en las filas populares― la crisis del intento de espionaje a Ayuso y sus familiares se llevó por delante a toda la cúpula de Génova el pasado febrero, cuando se conocieron los hechos. Fue fulminante. El socavón fue de tal calibre, que Almeida precipitó también la salida de Carromero del Ayuntamiento. Desde entonces, el alcalde más popular de España ha roto las relaciones con el pasado de Génova. “No. Ya no se habla con los fieles de Casado”, cuentan fuentes del PP y del Ayuntamiento con un alto poder orgánico.

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De izquierda a derecha, Teodoro García Egea, José Luis Martínez-Almeida, Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado en la noche electoral del 4 de mayo de 2021 en la sede nacional del PP en la calle Génova de Madrid.
De izquierda a derecha, Teodoro García Egea, José Luis Martínez-Almeida, Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado en la noche electoral del 4 de mayo de 2021 en la sede nacional del PP en la calle Génova de Madrid.Samuel Sánchez

El origen de toda esta crisis interna entre bandos populares por el control orgánico regional se inicia en 2020, pero se recrudece con más fiereza tras el triunfo electoral de Ayuso el pasado 4 de mayo. “La clave de Almeida es que tiene un buen olfato para el poder”, cuenta una persona que conoce muy bien al regidor. “En el congreso nacional de Casado él fue el último en alinearse. Siempre ha sido... digamos que prudente. A él, desde la dirección de Génova, le pidieron tras las elecciones adelantadas de Ayuso que diera un paso adelante. Que cada vez que Ayuso se viniera arriba, la frenara, de algún modo. La tercera vía siempre fue su opción real”.

Tras las elecciones de Madrid, la presidenta y su círculo de confianza pusieron en marcha un pulso fratricida de idas y vueltas contra la dirección popular de Casado. Almeida se vio envuelto entonces en una encrucijada. Él, además, era el portavoz nacional del partido. El número tres. Un cargo potentísimo a nivel orgánico que veía día tras día cómo la presidenta madrileña, sin ningún cargo interno, ganaba cada vez más popularidad entre la militancia en detrimento suyo. Tras el paso al frente de Ayuso para presidir el congreso regional, que finalmente comienza este viernes, Almeida decidió alinearse entonces con la anterior cúpula del PP. Los fieles a Casado.

La hemeroteca habla por sí sola. En junio de 2020, durante una entrevista con El Mundo, dijo: “Me siento muy cómodo en la situación actual con el esquema de tricefalia [en el PP madrileño]. (...) Con lo absorbentes que son tanto el Ayuntamiento como la Comunidad, el modelo de funcionamiento actual es muy adecuado para fortalecer el músculo”. Fijaba así la postura de la tercera vía. Es decir, que ni Ayuso ni él tenían que presidir el partido regional.

En su última entrevista con EL PAÍS, el pasado 6 de septiembre, descartó también apoyar a Ayuso, que ya había dado su paso al frente para presidir el partido:

―¿Va a apoyar su candidatura?

―No voy a hablar del tema porque no toca. Creo, sinceramente, que los madrileños lo que quieren del alcalde es que me centre en resolver sus problemas y no tanto en cuestiones orgánicas internas.

Así, durante meses. Tampoco cerró la puerta del todo a presentarse él mismo, presionado, sobre todo, por la anterior cúpula del PP. El inicio de este año ha precipitado puñaladas en diarios afines, filtraciones, entrevistas y, sobre todo, el escándalo de la crisis del espionaje a Ayuso, que culmina con la dimisión de Carromero y la entrada de la nueva dirección popular con Alberto Núñez Feijóo al frente. El pasado 4 de abril, Almeida, como si nada de esto hubiera pasado, fue por primera vez muy claro en la batalla regional: “Mi apoyo será para Ayuso en el congreso regional”. Ni rastro de sus intenciones pasadas.

Tras la tormenta de febrero y, sobre todo estos días, apuntan también fuentes municipales del Ayuntamiento, el nerviosismo está acechando a los concejales populares. Son muchos los que temen que Ayuso ajuste cuentas en la próxima lista electoral. “Hay una concejal que ya sabe que no va a ir, seguro”, cuenta un alto cargo municipal. “Almeida sabe que su supervivencia está clara, pero el resto de concejales ve cómo en algunos actos ya no tienen ni sillas”, cuenta otro. Este viernes y este sábado todo se mirará con lupa a nivel interno. Las fotos, los gestos, los abrazos, los discursos. No estarán presentes los que hasta hace muy poco sí estuvieron. Pero sí estará Almeida que, como si no hubiera pasado nada, entronizará a Ayuso ante la atenta mirada de los simpatizantes que hace no mucho auparon a un tal Casado.

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Manuel Viejo

Es de la hermosa ciudad de Plasencia (Cáceres). Cubre la información política de Madrid para la sección de Local del periódico. En EL PAÍS firma reportajes y crónicas desde 2014.

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