a mi bola
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Se acercan las fiestas de navidad

No podemos olvidar que en esta época del año sigue habiendo un número preocupante de personas mayores en casas y residencias que no reciben ninguna visita de familiares

Una residencia de ancianos durante la Navidad en diciembre de 2020.
Una residencia de ancianos durante la Navidad en diciembre de 2020.Joan Sanchez (EL PAÍS)

Se acercan las fiestas de navidad, una época del año que me ilusionaba y con la que me he ido desencantando con el paso de los años. La magia y la fantasía van dejando lugar a las preocupaciones, bajas de última hora por enfermedad, ausencias, físicas y emocionales, y un gasto de dinero innecesario. Sin contar con las clásicas broncas familiares o la lista de temas que es mejor no tratar si queremos tener la fiesta en paz.

Los últimos cuatro años me libré. Entre la prepandemia, el confinamiento, la pandemia… Además, mi hijo era muy pequeño y salvo su obsesión de leer “los Reyes Magos llegan a Madrid” desde noviembre hasta agosto, realmente no se enteraba de nada. Pero ahora se entera y qué quieres que te diga.

Yo quiero que se empape de toda la parafernalia, las luces, los renos, el árbol y la ilusión. Ya sabe que en nuestra casa los reyes no dejan nada para los mayores porque los recursos de los Reyes son limitados y lo importante son los niños.

Quiero que lo viva, con toda la magia, como yo lo viví, pero sin la opulencia de abrir paquetes y paquetes, solo por abrir paquetes, sin que disfrute realmente del contenido. Quiero que saboree el verdadero espíritu de la navidad. Ya tendrá tiempo de decir basta.

La primera Navidad que me pilló en Madrid la pasé sola. Hacía poco que vivía en Madrid, empezaba a conocer a mi pareja y aunque me invitó amablemente a pasar las fiestas con su familia, no me pareció oportuno y rehusé acudir. Fueron unas navidades muy tristes marcadas por dos ausencias muy recientes que lo llenaron todo de tristeza y soledad.

Las ausencias se han hecho protagonistas en muchas casas las últimas navidades. De pronto, la opulencia y las luces de la calle distaban mucho del ambiente doméstico de austeridad y melancolía de esos abuelos que no pudieron pasar las navidades con sus familias.

Yo por lo menos pude elegir. Pero, no podemos olvidar que en esta época del año sigue habiendo un número preocupante de personas mayores en casas y residencias que no reciben ninguna visita de familiares.

A una edad en la que ya se cuentan las amistades con los dedos de una mano porque la mayoría ya no están. Los padres, los hermanos. Una edad en la que se ha vivido lo suficiente como para que esas fechas particularmente sensibles a ellos se les llenen de nostalgia.

Se hacía viral hace poco la carta de un abuelo cuya nieta le había pedido que escribiera en un papel sueños o deseos que todavía no había cumplido. Lejos de las sospechas de la nieta, la carta se llenaba de deseos sencillos, de matices, gestos y detalles, de esas pequeñas cosas en la vida que no nada tienen que ver con abrir paquetes y paquetes.

Deseaba, el abuelo, que sus hijos le llamaran mucho más, que estuvieran mucho más presentes y recalcaba, con calma, que las visitas eran escasas. En una edad en la que siempre piensan los abuelos que molestan, no les demos la razón.

Muchas personas mayores siguen viviendo estas fiestas en la más absoluta soledad cuando el amor y la compañía son el complemento indispensable para una feliz navidad.

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