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Julia de Castro retoma los conciertos con mariachis y un disco ideal para el directo

La artista multidisciplinar presenta ‘La Historiadora’ (2020) en Conde Duque: “Madrid está en ebullición, hay una pulsión de la capital, no quiero vivir fuera, quiero poder permitirme estar aquí”

La artista Julia de Castro posa frente a la calle Atocha 87.
La artista Julia de Castro posa frente a la calle Atocha 87.Santi Burgos

A Julia de Castro la noche le ha regalado alguna anécdota inverosímil, como aquel concierto de Bebo Valdés y Diego el Cigala en el que salió a la luz su versión de la conocida canción Lágrimas negras. “Era 2003, yo tenía 18 años y mi padre, que es melómano, me dijo que fuéramos al espectáculo en el club Calle 54, que era de [Fernando] Trueba. Tocaron ese tema por primera vez y yo no paré de llorar en todo el espectáculo. Bebo, que me vio desde el escenario, me dijo: ‘¿Tú que haces ahora?’. Era mayorcísimo, tendría ochenta y tantos años”, recuerda la artista. Su padre la animó a ir con ellos, porque él tenía que madrugar; y pasó con ellos velada que acabó con un beso en la frente que le dio el cubano en el taxi. “Él llevaba años en Estocolmo tocando en un hotel, había dejado Cuba, había hecho vida nueva, había estado perdido... Y yo viví ese primer concierto; luego Lágrimas negras lo petó”.

Han pasado otros 18 años desde entonces. A sus 36 es ella la que tocará este jueves dentro de la programación de Veranos en la Villa en Conde Duque, un espacio donde ha visto a Michele Camilo, a Tomatito, a Buenavista Social Club o a Carlos Santana. La abulense presentará su álbum La Historiadora (2020), un disco que comenzó en el 2016 y en el que mezcla los géneros. “Es ideal para el directo: hay mariachis, electrónica, es muy fresco, directo, bailable, un desahogo para el disfrute. Fue un riesgo sacarlo en pandemia y ahora empezamos la gira”, comenta, y añade que su siguiente parada es Pamplona, en el Festival Letraherida, el 4 de septiembre.

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“Madrid está en ebullición, hay una pulsión de la capital, no quiero vivir fuera, quiero poder permitirme estar aquí”, señala la que fue integrante del grupo De la Puríssima, con el que triunfó en la escena de la capital, y que separó en 2019. “Miguel [Rodrigáñez] venía de una experiencia mucho más longeva y había algo muy relajado entre nosotros, que se resume en una frase: ‘Estoy porque me puedo ir”, rememora. Se acabó y como guinda, comenzaron otros proyectos. Él fue padre y ella se fue a Italia porque consiguió una beca de residencia de la Real Academia de España en Roma. “Somos fieles a la decisión”, sentencia. Además de este aspecto musical y literario, cuenta con una vocación escénica que lo envuelve todo. Ha actuado, por ejemplo, en la serie de HBO En casa, es historiadora del arte y en 2022 se estrenará como codirectora en una road movie.

De Castro quería que el lugar de encuentro de la entrevista fuera la calle Atocha 87, frente a un andamio en construcción. A simple vista parece un edificio medio en ruinas, pero se trata de un espacio cultural donde se imprimió Don Quijote de la Mancha “y muchos de los libros más importantes del siglo de oro”. “Es un lugar con más de 100 años donde trabajaban María Rodríguez Rivalde y María de Quiñones, las dos impresoras más importantes de esa época”, apunta. Ella forma parte de la junta directiva que lanzará un nuevo proyecto a principios de 2022. “Está mayoritariamente liderado por Celia Freijeiro y otros que queremos devolver a las dos profesionales un lugar en la historia que les corresponde”, asegura antes de posar en la carretera, donde esquiva los coches, divertida. Después propone ir a una cafetería. Aunque su profesión se vincula a la noche, prefiere levantarse temprano y disfrutar del desayuno incluso a deshora: a las cinco de la tarde no ha podido almorzar y se pide un enorme café y un croissant que trocea con los dedos.

La artista Julia de Castro posa frente a la calle Atocha 87.
La artista Julia de Castro posa frente a la calle Atocha 87.Santi Burgos

Para el encuentro ha elegido un vestido de la diseñadora Pepa Salazar negro, que parece de seda. Debajo no lleva ropa interior. Tampoco usa compresas y tampones; ha aprendido a expulsar la sangre de su menstruación cuando va al baño. “Hace prácticamente un año me fui a un espacio que se llama Escuela de Mujeres en Girona que lo regenta una chica que instruye, de manera bastante accesible, desde a altas ejecutivas hasta a amas de casa, pasando por todo tipos de trabajos”, explica. A ella le enseñó a entrar en contacto con el cuerpo, con otros cuerpos y con la menstruación de una manera mucho más directa.

“Lo cíclico empezó a ser muy importante, estaba desconectada, fue un despertar”, apuntala, y ese desarrollo se traduce en la temática de esta nueva creación, en la que lo femenino se impone. “Ha sido un desarrollo orgánico dentro de mi madurez como mujer”. Mis amigas le surgió cuando sufrió un enorme desamor y se encontró con una red completamente inesperada de mujeres que le rodeaban y se volcaba. Contiene esa esencia “tan Agustín Lara” y se escuchará en un concierto en el que, además de mexicanos, participarán músicos de Italia, Roma o Portugal. Muestra esa alegre inquietud después de haber estado tanto tiempo sin poder actuar, echaba de menos a sus compañeros y lo que comparten: esa “experiencia ritualista, que no tiene sentido si no hay una mirada externa”, la del público.

El disco fue creado a fuego lento; ella dice que nunca ha experimentado la inmediatez, algo atípico de estos tiempos. Pero se reconoce como diletante, de todo se nutre. Ahora su cabeza está ocupada por palabras de la autora Donna Haraway. “Me encanta que cuando nací, ella publicara El Manifiesto Cyborg. Es increíble, y habla de que no quiere ser una diosa, sino un cyborg”, afirma, y comienza a reflexionar acerca de que los humanos somos híbridos, que usamos marcapasos, aparatos en las piernas, incluso dispositivos en la muñeca que son pequeños teléfonos.

Uno de mis retos a día de hoy es tener una casa y un lugar de trabajo o estudio, sin tener que invertir tres cuartos de mi sueldo

Ese amor por la lectura le valió para querer dar el paso y escribir La retorica delle putanne (La Fábrica), durante su año en Roma. Allí adquirió una perspectiva artística muy fuerte: “No me tomaba mi trabajo en serio porque para mí no era prioritario tener un estudio o una casa. A día de hoy uno de mis retos es conseguirlos sin tener que invertir tres cuartos de mi sueldo”.

La temática de su publicación era controvertida: las prostitutas. De ellas aprendió a prestarles atención. “Amnistía internacional me dijo que era muy importante escucharlas porque se confunde con la trata, hay un estigma muy fuerte”, denuncia, y asegura que se las sitúa en el escalón más bajo de la tolerancia. Gracias a esa experiencia escribió otro de sus temas, Ríndete, dedicado a Susana, la que más le impresionó. “Era mayor, ahora tendrá 53 años. Mi madre la conoció y pensó que estaba claro que su oficio era su decisión. Fue una inspiración, es absolutamente consciente y está desprotegida”. Y en su letra lo defiende: “Porque una prostituta es la mayor constatación de que la sexualidad femenina es superior, es astral, terrenal, instinto animal, nuestro cuerpo contiene sabiduría ancestral”.

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