VIDA DE PERROS

Lur, la perra pastora

Dice el que la conoce que es sigilosa y que tiende a mover a las ovejas constantemente

Lur, perra pastor, junto con el rebaño de ovejas que guía, en la zona de Madarcos (Sierra Norte de Madrid).
Lur, perra pastor, junto con el rebaño de ovejas que guía, en la zona de Madarcos (Sierra Norte de Madrid).DAVID EXPOSITO / EL PAÍS

En la Sierra Norte no hay contaminación, ni turistas, ni franquicias. Es Madrid pero no parece Madrid. Tampoco llega a la categoría de campo castellano, a Madarcos no le dedican libros ni poemas. A lo lejos se escucha el ladrido de un perro, ovejas balando. Un hombre grita en francés:

- ¡À gaaaaaucheeeeeeee!

Lur recibe la consigna y corre hacia la izquierda automáticamente como si fuera la protagonista de un videojuego. La perra carea las ovejas pero las ovejas se resisten, presentan presión, saben que es una invitada y que no es su pastora habitual.

- ¡À gauche! Es que encima las mastinas... la están frenando. (Silba) Que, a ver, están haciendo su trabajo pero buscan a Lur para cortarla. ¡À droite! Es que tampoco ¡Eeeeeeh! ¡À droite! la conocen. Si me despisto, salen corriendo para allá ¡À droite! ¡Quieta! y no quiero ir a buscarlas. ¡À droite, he dicho!

Lur junto a Rubén Cano, su dueño y pastor, en la zona de Madarcos (Sierra Norte de Madrid).
Lur junto a Rubén Cano, su dueño y pastor, en la zona de Madarcos (Sierra Norte de Madrid). DAVID EXPOSITO / EL PAÍS

Rubén Cano grita a Lur en francés porque la compró a un criador galo pero, sobre todo, porque es más corto que “a izquierda” y “a derecha”. Cano tiene 32 años y es de Orcasitas. Los fines de semana ejerce como trabajador social en pisos tutelados atendiendo a personas con discapacidad; de lunes a viernes es pastor. Cuida durante unos días del rebaño de un amigo y ha decidido traer a Lur, su primera perra, para ayudarle a pastorear “aunque los otros dos que tengo están mejor entrenados. Los primeros mil perros son para estropearlos” ríe.

Lur es menuda y tiene unas faldas negras que se balancean cuando corre. Dice el que la conoce que es sigilosa, que a veces le da por mover a las ovejas constantemente y que a veces toma demasiadas decisiones por su cuenta. Tiene más naturalidad que sus compañeros y a veces debe dar pequeños mordiscos en las patas de las ovejas para que la hagan caso, sobre todo si se trata de un rebaño grande.

Pongo, su segundo perro, es fuerte pero también más bruto. Es capaz de bajar rápidamente todo el rebaño de una montaña. Suri, el tercero y más joven, aún está en proceso de aprendizaje. Cano le está entrenando en inglés, por probar y porque es el comando universal. Las formas de pastorear entre países también cambia. “En España tienes un perro tumbado porque quieres tener a las ovejas comiendo y ya. En Inglaterra, por ejemplo, precisa de mucho más control, se manejan rebaños más grandes pero, a su vez, menos compactos. Las ovejas se dividen en pequeños grupos que los perros tienen que bajar barriendo la montaña.

Las ovejas están a las órdenes de Lur, perro pastor, en la zona de Madarcos (Sierra Norte de Madrid).
Las ovejas están a las órdenes de Lur, perro pastor, en la zona de Madarcos (Sierra Norte de Madrid).DAVID EXPOSITO / EL PAÍS

A Cano le esperan las suyas en Somosierra, tiene 30 ovejas pero no vive del ganado, las utiliza para mantener entrenados a los perros. Lur no deja de trabajar ni un segundo, si él se despista charlando, aprovecha para mover el rebaño.

- La cabrona detecta hasta cuando hablo por teléfono ¡Ven aquí! ¡Tumba!

La perra regresa jadeando y tosiendo. Está agotada pero no puede parar, es una workaholic. No atiende a mimos ni caricias. Cano se coloca detrás del rebaño, es hora de cerrarlas. La hierba está húmeda, ha llovido toda la noche y los animales no tienen sed, de ahí que les esté costando más de lo normal ir hacia el pilón. La perra aprovecha entonces para refrescarse en el abrevadero.

Poco a poco las ovejas van entrando en la tenada. Lur espera fuera. Una de las ovejas se despista y se escapa. La perra mira a su amo esperando orden. Cano se la da y Lur se levanta como un resorte, va a por la oveja y la trae de nuevo al redil.

Cano reconoce estar agotado. Además de la posibilidad de irse a vivir a Inglaterra, está esperando la respuesta de una entrevista que hizo para pastorear en Cantabria. Duda. Lleva siete años trabajando como pastor asalariado, con cabras y ovejas, y como cualquier otro joven de su edad, la inestabilidad laboral le atormenta: “Es mucho curro y poca pasta. Yo ya quiero curarme la espalda que me duele como un demonio”. Lur entra en la furgoneta junto a Pongo y Suri. Se tumba aunque tiene energía para algún que otro rebaño más.

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