Tribuna
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¡A las palas, ciudadanos!

Defenderemos siempre la presencia de movimientos sociales, asociaciones de vecinos, grupos que participan en la política. Pero estos no son sustitutivos del Estado, ni deben serlo

Vicente Montávez|Jediael Álvarez
Una persona, con su coche a la izquierda averiado, intenta romper hielo con una pala, en la calle Alcalá.
Una persona, con su coche a la izquierda averiado, intenta romper hielo con una pala, en la calle Alcalá.Samuel Sanchez / EL PAÍS

Esta semana pasada han sido las palas, grupos de WhatsApp ofreciendo 4×4 para acceder a los hospitales ante un metro saturado en plena pandemia. Pero hace unos meses fue la prestación de servicios sociales: la ayuda a los dependientes, los transportes de materiales durante las primeras olas de la covid; o de servicios sociosanitarios: los rastreadores o los nuevos trabajadores del hospital de nuestra megalómana regional. Todo ello adornado de acusaciones sobre “formas de vida” en algunos barrios a los que se les niegan las condiciones de vida, y acompañado también de pizzas en las colas del hambre.

Defenderemos siempre la presencia de movimientos sociales, asociaciones de vecinos, grupos que participan en la política y que influyen en la misma, que presionan para que los poderes públicos gobiernen por y para el interés general. Pero estos no son sustitutivos del Estado, ni deben serlo.

Aunque es muy emocionante ver a la ciudadanía organizándose solidariamente para que nadie se quede atrás, que este sistema se convierta en el pan nuestro de cada día tiene sus riesgos, algunos a veces irreversibles. La autoorganización de la ciudadanía madrileña dice mucho de su capacidad y de su compromiso, pero al mismo tiempo dibuja un escenario pavoroso.

Un escenario al que por desgracia, las y los madrileños empezamos a acostumbrarnos. No encontramos respuesta a necesidades fundamentales ni en la Comunidad ni en el Ayuntamiento de Madrid, rompiéndose la confianza entre los ciudadanos y las instituciones que les deben servir.

Primero fue el deterioro y esquilmación de los servicios públicos, y ahora se están jugando el saldo de legitimidad de las instituciones por su incapacidad para prestar servicios básicos. El debilitamiento de los poderes públicos hace asumir a la ciudadanía sus competencias, al no dar estos señales de vida. Ni están, ni se les espera. Así, el día a día en la Comunidad y en la capital parece haberse disociado de sus instituciones de proximidad, generando un peligroso espejismo de “normalidad”, que discurre al margen de los procesos institucionales. Experiencias no tan lejanas reflejan la gravedad de este error: cuando las instituciones pierden relevancia se abre un terreno fértil para aventuras populistas, reacciones autoritarias y una progresiva pérdida del estado de derecho, favoreciendo cuadros de desestabilización con severo impacto, también, en el crecimiento económico.

El desapego de las instituciones y la insatisfacción con la democracia constituyen la antesala para deterioros mucho mayores... Con su acción y su inacción están trumpizando nuestra Comunidad y nuestra ciudad, favoreciendo que el huevo de la serpiente acabe haciéndose con el nido. La democracia es la única forma de gobierno que requiere para su existencia de la confianza de los ciudadanos. Acabada la confianza, acaba la democracia.

Vicente Montávez es secretario general del PSOE de Puente de Vallecas. Jediael Álvarez es secretario general de las Juventudes Socialistas de Puente de Vallecas.

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