Díaz Ayuso, un año en el ojo del huracán

12 meses después de su toma de posesión, el proyecto del Gobierno de PP y Cs encalla por sus discrepancias con Vox, y es medido por la gestión del coronavirus

Isabel Díaz Ayuso (en el centro), con Rocío Monasterio e Ignacio López Aguado durante una reunión en Madrid el 4 de junio.
Isabel Díaz Ayuso (en el centro), con Rocío Monasterio e Ignacio López Aguado durante una reunión en Madrid el 4 de junio.Daniel Gonzalez / GTRES

“Ni somos parte de este Gobierno ni queremos serlo, y tampoco queremos ser sus socios, ¡no!”. La frase de Rocío Monasterio (Vox), pronunciada durante el debate para la investidura de Isabel Díaz Ayuso, retumba más fuerte si cabe un año después de la toma de posesión de la presidenta de Madrid.

El Ejecutivo de PP y Cs, que depende para todo de la extrema derecha, no ha aprobado ni una sola ley. El único cambio legislativo que ha llevado a la Asamblea (una rebaja impositiva) fue rechazado por Vox, que se mantiene en la oposición. Y la dura negociación que se espera para los Presupuestos de 2021 resume el pecado original de la legislatura: PP y Cs necesitan a Vox para todo, pero no hay ningún acuerdo que vincule a la vez a los tres partidos. Una mezcla inestable que aboca a los socios de gobierno a desmentir un día el adelanto electoral (favorable al PP), y al otro la moción de censura (de Cs con la izquierda), argumentando que Madrid necesita estabilidad para afrontar la pandemia del coronavirus.

“Como nota al primer año de este gobierno pondría un suspenso: su único objetivo es que no gobierne el partido ganador de las elecciones (PSOE)”, lamenta Ángel Gabilondo, el portavoz de los socialistas. “Si bien es cierto que la pandemia ha sido y es de una extraordinaria crudeza, es evidente que el Gobierno de Madrid no la ha gestionado con diligencia ni con eficacia”, argumenta. “Y antes de la pandemia, el Gobierno de Ayuso se ha caracterizado por la inacción: ni siquiera ha logrado aprobar la Ley de Presupuestos”, añade. “Transcurrido un año, este Gobierno está más preocupado en discernir recelos entre sus socios y en poner el acento en la figura de la presidenta, más centrada en confrontar con el Gobierno de España, que en gobernar Madrid”.

“La izquierda habla de falta de leyes porque les gusta regular todo”, discrepa Alfonso Serrano, portavoz del PP en la Asamblea. “Este Gobierno ha generado confianza y estabilidad, y eso, para el futuro, vale más que cualquier ley”, sostiene. “Cada Comunidad Autónoma tiene sus peculiaridades, pero lo que sí es común a todas es que el Partido Popular es el garante de esa unidad del centro derecha, y el puente de entendimiento”, añade sobre el funcionamiento dispar de los pactos de PP, Cs y Vox en Andalucia, Murcia y Madrid. “Debemos entendernos y forjar acuerdos entre los tres”.

Los tres partidos de derechas afrontan septiembre obligados a abrir una etapa de entendimiento por la crisis sanitaria, económica y social que se avecina. Es probable su alianza para reformar la Ley del Suelo, eliminando la mayoría de licencias urbanísticas, en lo que se convertiría en el primer cambio legal con el sello de Díaz Ayuso. Y es predecible una negociación a cara de perro para que se pongan de acuerdo para aprobar unos Presupuestos de emergencia para 2021: la extrema derecha reclama que se reduzca el número de consejerías (13) a cambio de sus decisivos votos.

“Los consejeros no gastamos ni medio minuto, ni media energía, en hablar de una supuesta o eventual crisis de Gobierno”, aseguró María Eugenia Carballedo, la titular de Presidencia, intentando alejarse de la tormenta que se avecina para un grupo de políticos que se han visto zarandeados de crisis en crisis desde que llegaron al Ejecutivo.

Del caso Avalmadrid a la gestión de la pandemia, el Gobierno de Díaz Ayuso ha tomado decisiones inéditas con la Asamblea cerrada, la alianza gubernamental dividida internamente, y los Presupuestos de 2019 prorrogados: cerrar la educación presencial en colegios y universidades, habilitar un hospital de campaña (Ifema) y tres morgues, traer una veintena de aviones desde China con toneladas de material sanitario… Todo mientras saltaban chispas con el Gobierno central, a cuenta de la gestión de las residencias regionales (casi 6.000 muertos de un total de más de 15.000), de los fondos para financiar el esfuerzo sanitario, o de la falta de equipos de protección para proteger a los sanitarios. El ritmo ha sido frenético, y las polémicas, diarias: por el apartotel en el que se recluyó la presidenta tras dar positivo por coronavirus; por la falta de rastreadores; por los menús de los niños de las familias con menos recursos...

“No ha habido un solo momento en el que transmitiese seguridad sobre lo que la Comunidad iba a hacer”, opina José Rama Caamaño, profesor en el King’s College de Londres y doctor en Ciencia Política. “Ha entrado en constantes contradicciones con Ignacio Aguado (Cs), que muchas veces ha intentado llevar la voz cantante”, añade. “Parece que improvisa continuamente”.

“Tiene un aire a la que quiere sea su mentora, Esperanza Aguirre”, amplía el politólogo Pablo Simón. “PP madrileño en estado puro: muy liberal en lo económico, conservador en lo social, puntal de lanza contra La Moncloa cuando gobierna el PSOE”.

Todo empieza en julio de 2019. Díaz Ayuso observa con inquietud cómo ni siquiera es capaz de reunir en la misma habitación a Aguado (Cs) y Monasterio (Vox), de quienes depende su investidura como presidenta. Entonces, la candidata del PP desliza que está a la búsqueda de “fórmulas alternativas” con las que unir a los tres partidos. Finalmente, PP, Cs y Vox optan por conformarse con unas palabras que reflejen su entendimiento en el pleno de investidura, y que queden recogidas en el diario de sesiones..., sin ningún documento de por medio entre los tres.

Tras cosechar la primera derrota electoral del PP en Madrid desde 1987, esos son los precarios mimbres sobre los que ha sostenido su poder Díaz Ayuso en estos 12 meses. Pese a que ha intentado mantener la iniciativa con decisiones ejecutivas (desbloqueo de la Operación Chamartín, pacto regional de la vivienda, o el proyecto del Arco Verde), y proyectarse como líder nacional, aplicando la premisa de que lo que se ve y lo que se dice puede superar a lo que realmente se hace, lo vivido se resume en una frase.

“Un año lleno de dificultades”, dijo la propia presidenta el viernes, cuando se cumplió el primer aniversario de su investidura.

Lo excepcional de la situación se muestra en el día a día y por comparación.

En el día a día. Vox pide la destitución de un consejero de Cs (Alberto Reyero, por la gestión de las residencias). Y Cs dinamitó el acuerdo del PP con Vox para aprobar un paquete de rebajas fiscales porque no estaba de acuerdo con las contrapartidas.

Por comparación. En Murcia, donde también se da la alianza de las tres formaciones, negociaron sentados en la misma mesa, y cuando avanzó la legislatura acabaron firmando documentos conjuntos con los logos de todos. Y en Andalucía ya se han despejado las fricciones iniciales: tras negociar la investidura con mesas paralelas (PP-Cs y PP-Vox), también hay documentos con las siglas de los tres partidos.

Eso nunca se ha visto en Madrid, donde el verano no ha sido un respiro para los políticos. El desafío se conjuga en presente. Y es titánico: una pandemia nunca vista para un Gobierno en minoría.

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