Casi el 30% de camas de la UCI en Madrid ya se destina a pacientes con coronavirus

Madrid concentra el 70% de los casos críticos por coronavirus en España y las unidades para tratarlos no están aún preparadas para la previsible avalancha que llegará en las próximas semanas

Urgencias del Hospital Gregorio Marañon, Madrid, este viernes 13 de marzo.
Urgencias del Hospital Gregorio Marañon, Madrid, este viernes 13 de marzo.VICTOR SAINZ

“Lo que cuente ahora podría no valer para dentro de tres horas. Vamos a matacaballo, adaptándonos a las circunstancias, que son tremendamente especiales”. Lo dice una profesional sanitaria de la unidad de cuidados intensivos (UCI) de La Paz, en Madrid. Allí, hay 20 camas de UCI, y el jueves por la noche estaban al 70%, aunque, le consta a esta sanitaria, “se están habilitando más”. Este viernes por la mañana, según datos del Ministerio de Sanidad, de las 4.627 camas de UCI del Sistema Nacional de Salud, había 260 ocupadas por pacientes de Covid-19: 180 estaban en Madrid, que cuenta con 641 (el 28%). Esas unidades son clave en la epidemia, es ahí donde se trata a los pacientes más graves. La Comunidad madrileña registra el 69,2% de los críticos de todo el territorio nacional, además de 2.078 de los más de 5.000 casos totales y 86 de los 132 fallecidos.

De las 4.627 camas de UCI del Sistema Nacional de Salud, este viernes había 260 ocupadas por pacientes de Covid-19: 180 estaban en Madrid, que cuenta con 641

Aunque la carga asistencial difiere según los hospitales, el horizonte es para todos el mismo: una escalada hacia un pico que podría alcanzar los 10.000 afectados para la que se están preparando. Si ahora se doblase el número de pacientes en la UCI, como ha ocurrido en los últimos días, el sistema de atención a pacientes críticos previsiblemente colapsaría, según diversos profesionales de la sanidad madrileña. Hay 641 camas de UCI, pero no se conoce cuántas están ocupadas por pacientes con otras patologías, ya que la Comunidad de Madrid no ofrece datos.

El Gobierno regional anunció medidas excepcionales el jueves por la tarde para hacer frente a las próxima semanas, con el objetivo de llegar a las 1.000 camas de cuidados intensivos, pero aún no se ha alcanzado esa cifra. “Debemos adaptar todos los recursos que podemos a los pacientes. Es una situación de absoluta emergencia sanitaria”, dijo Enrique Ruiz-Escudero, el consejero de Sanidad. También según el Ministerio —la Comunidad no responde a las preguntas de este diario—, de 2017, el número de intensivistas es de 366, 5,6 por cada 100.000 habitantes, en la media española, aunque por debajo de las necesidades que se imponen en esta crisis, como también lo están los recursos materiales: equipos de protección individual [EPI], mascarillas y respiradores, imprescindibles para tratar a los pacientes de Covid-19, que no pueden respirar por sí mismos cuando presentan cuadros graves.

La longevidad como “reto asistencial”

Parte de la crisis en la Comunidad deriva de la demografía, una población con una alta esperanza de vida. En China, el 80% de los casos eran leves, el 15% necesitaba ingreso y el 5% eran críticos, la edad media del paciente infectado era de 47 años y 60 la de los graves. En Madrid los números cambian, 60%, 30% y 10%, y 60 y 73 años, respectivamente. “La longevidad supone un reto asistencial”, decía Ruiz-Escudero en varias entrevistas, donde apuntaba estas cifras. Entre las nuevas medidas está poner solución a toda esa falta de recursos —que afecta a países de todo el mundo—, también medicalizar hoteles, pabellones y residencias de ancianos para atender a afectados leves. Y como cuestión clave, multiplicar el número de camas, sobre todo las de cuidados intensivos. Quieren llegar a las 1.000 entre las ya existentes, las de la sanidad privada —una colaboración con la pública que comienza ahora y sobre la que pesan varias dudas, como si recibirá o no contraprestación económica— y las nuevas que van a habilitarse a través de la transformación de otras áreas de los centros. Algo que ha empezado a producirse y que se conoce por el testimonio de los sanitarios.

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África Díaz, enfermera de planta del Hospital Infanta Sofía en San Sebastián de los Reyes y delegada de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) cuenta que ya se están reordenando esos espacios, como las salas de reanimación (REA) y las unidades de recuperación postanestésica (URPA): “En otros, como en Arganda, el paritorio se está convirtiendo en UVI y las matronas van a estar en Enfermería. Los profesionales estamos desbordados porque ya tratar con estos pacientes genera un estrés de base”.

Faltan especialistas de UCI y recursos materiales que, previsiblemente, llegarán antes de que comience una previsible avalancha de casos críticos

En esta reconversión de salas para crear más puestos de UCI, un intensivista del Sermas hace una puntualización sobre el equipamiento necesario: “No vale cualquier respirador, por ejemplo, los de reanimación están hechos para unas horas, no para días, tienen que ser específicos”. Una especificidad que cuenta también para los profesionales. La sanitaria de intensivos de La Paz asegura que “están contratando mucho y se nota el esfuerzo” [han aumentado a 2.790 los contratos de refuerzo], pero también que encontrar personal cualificado de UCI “no está siendo fácil”. No solo en Medicina, también en Enfermería. El sindicato Satse alerta de que la bolsa está agotada y no hay enfermeras con experiencia en UCI disponibles. Proponen reorganizar las plantillas, localizar a todas las disponibles y reubicarlas donde sean más necesarias. En Valdemoro, por ejemplo, uno de los focos principales en la Comunidad junto al de Torrejón y Alcorcón.

“Nadie se hace una idea. Es un desastre”. Lo escribe por WhatsApp un intensivista de Madrid, no se refiere al hospital donde él trabaja, sino a UCI del Hospital Universitario Infanta Elena, de Valdemoro. De sus 144 camas, ocho son para los pacientes más graves. No solo están ocupadas sino que ya antes de las medidas adoptadas por la Comunidad habían creado una unidad de intermedios improvisada [para graves, pero que no necesitan ventilación mecánica invasiva]. E insiste: “Pero no solo son los espacios o las camas, hacen falta profesionales y materiales”.

No solo el personal sanitario, también los celadores, las limpiadoras, la gente del Summa, las cocineras, los pinches… Esto es una cadena en la que no puede haber rotura.
África Díaz, enfermera del Hospital Infanta Sofía

Las plantillas hacen lo que pueden. Una Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería de un gran hospital madrileño coge el teléfono tras 10 horas de trabajo “intensito”: “Me voy un rato a casa y no sé cuánto duraré allí. He dicho que si hago falta, me llamen”. La profesional de La Paz cuenta lo mismo: “No he visto tanto compañerismo y tanto empuje en todos mis años de carrera. Haremos lo que sea”. Y África Díaz, del Infanta Sofía, concluye: “No solo el personal sanitario, también los celadores, las limpiadoras, la gente del Summa, las cocineras, los pinches… Esto es una cadena en la que no puede haber rotura”. Aunque, apuntan de forma generalizada, la voluntad y el compromiso hacen una parte, los recursos materiales no salen de la nada. Y esperan que lleguen a tiempo para la “avalancha” que prevén.

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Isabel Valdés

Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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