BESTIARIO INVERTEBRADO

La ‘gamer’ Hurona Rolera: de padecer TDA a ser centro de atención para millones de personas

Es una de las ‘gamers’ hispanohablantes más seguidas del mundo. TikTok y Twitch la convirtieron en una estrella

Hurona Rolera, conocida como Dana, 'influencer' de videojuegos y marcas comerciales con miles de seguidores en redes sociales, posa en un parque de Móstoles (Madrid).
Hurona Rolera, conocida como Dana, 'influencer' de videojuegos y marcas comerciales con miles de seguidores en redes sociales, posa en un parque de Móstoles (Madrid).Kike Para

El 12 de diciembre de 2019 la vida de Dana cambió por segunda vez. La primera sucedió cuando se fue de casa a los 17: “Independizarte tan pronto, buscar la autosuficiencia económica, te espabila”, recuerda. Hasta la llegada de aquel primer salto al vacío, esta valenciana de 23 años había sido “muy mala estudiante. No era tonta, eso es algo que mis profes y yo sabíamos. Me diagnosticaron Trastorno de Déficit de Atención (TDA), algo que, por cierto, los videojuegos me ayudaban a corregir. Pero en clase me dormía y ese camino no era para mí”. Todo explotó cuando a esta incompatibilidad se le sumó un grave problema familiar:.“Sería el espíritu de supervivencia, pero en dos años me saqué cinco títulos. El grado medio de jardinería y floristería, con el que acabé mis estudios básicos, pero también diseño, ilustración y mi recorrido como tatuadora”, explica la popular gamer (jugadora) de videojuegos.

Aquel día del último invierno prepandémico, cuando todo cambió de nuevo, Dana ya era Hurona Rolera: “Vivía lejos del centro de València, así que me despertaba a las 6 de la mañana para abrir el estudio de tatuaje donde trabajaba como aprendiz. Me pasaba allí el día y, cuando llegaba a casa, a las siete de la tarde, me ponía a stremear hasta que me dormía. Y al día siguiente, vuelta a la rueda. Si miro mi cuenta en Instagram como tatuadora, puedo ver que el 12 de diciembre fue la última vez que tatué. Recuerdo que llamé a una cliente y le dije, perdona pero te devuelvo la señal, te pago la diferencia de que te tatúe otra compañera que sepa más, pero yo lo dejo”. Seis meses antes, Dana había subido su primer clip a TikTok casi a la vez que hacía su primer directo en Twitch. “Empecé a recibir algunos ingresos, parecía interesante y decidí centrarme en ello. Nunca imaginé lo que sucedería después”.

En el momento en que se escribe este perfil, a Hurona Rolera le siguen entre 15 y 16 millones de personas. El país donde tiene más followers es México, a cierta distancia de otros como Argentina, Perú o España. Destacan los 13 millones de seguidores en TikTok, pero también el millón de Instagram o su producción como partner en Twitch. “Si de verdad he de pensar dónde empieza todo esto, te diría que en mi inquietud por el teatro. Nunca me he formado, pero he hecho teatro en las fallas, en los centros juveniles…, los monitores y la gente mayor que me veía decía que tenía que dedicarme a ello”. Aunque estudió otras disciplinas, curiosamente todas ellas con una alta carga física, ha sido el entorno digital el que le ha llevado a crear un lenguaje visual y corporal casi propio: coreografías, juegos de sincronización labial, doblajes y un universo donde se cruzan su pasión por la literatura fantástica y los juegos de rol.

Curiosamente, Dana fue “de las últimas” entre sus amigas en abrirse redes. “Para mí no deja de ser increíble que esté ganándome la vida frente a una cámara, porque en el pasado he tenido muchos problemas con mi físico, algo a lo que las redes, en su momento, no ayudaron. Y me refiero a problemas de nivel verme en el espejo y llorar, también derivados de ser diagnosticada de diabetes a los 16, con las consecuencias físicas que eso supuso”. Lejos de ser un reto superado, el físico es una lucha constante para una estrella digital. Hurona Rolera se ha enfrentado a reacciones de todo tipo relacionadas con su imagen pública, incluido un caso de extorsión, según ha explicado a sus seguidores y en algunas entrevistas. Cada vez que ha dado pasos como revelar su propia voz en TikTok (en muchos de sus tiktoks no suena dado que hace lip sync con audios de películas o música) o, recientemente, al raparse el pelo. “Hoy me siento orgullosa de seguir creando con libertad en este entorno. Incluso, tras superar dos depresiones, la última de ellas con antidepresivos y ya como creadora de contenido”, comenta.

A día de hoy, su crecimiento es exponencial y parte de su contexto económico deriva de una relación con las marcas condicionada por unos valores “irrenunciables. Cuando esto empezó a crecer fui muy consciente del poder y de la responsabilidad que tenía. Aunque me pueda llevar a debates indeseables, sobre temas que no deberían ser ni debate, soy de las que cree que si no defiendes un mundo más ético y más justo, estas apoyando al bando equivocado. Por eso no me callo”. Feminista, animalista y especialmente sensible en la defensa del colectivo LGTBI, considera que “las personas oprimidas tienen, al menos, el derecho de decirle a las personas opresoras lo que les está pasando. Y lo digo como persona oprimida, como mujer, y como mujer en el contexto del gaming, donde el mansplaining sigue presente, pero también lo digo como opresora, como mujer blanca que no es precisamente pobre. Por eso trato de estar lo más atenta y lo más sensible a cualquier canal, mensaje o voz racializada, pero también de personas que por su contexto no tienen los mínimos recursos. Soy consciente de que he sido y soy lo que soy fruto de mis propios contextos, y a menudo son situaciones en las que se puede ayudar, se puede cambiar”.

Dana ve a València “con más nostalgia que nunca”. La carrera profesional como creadora de contenidos le llevó a mudarse a Madrid, algo que le ha llevado a cambiar su perspectiva sobre la ciudad e incluso sobre su entorno. “Al principio, volver era estresante para mí. Algunos de mis familiares estaban pesados con la idea de que la fama podía ser efímera, pero poco a poco han asimilado que no será más efímera que me despidan de cualquier curro. ¡No creo que los followers desaparezcan de la noche a la mañana!”. Desde que su entorno ha dado cierta naturalidad a esta influencia, “volver es algo de lo más sano”, dice. “Quedar con mis amigos allí, a beberme una cerveza en un bar, donde la vida cotidiana de cualquiera importa igual que la mía, no solo me viene bien, es que es calidad de vida para mí. Me alegra que València se haya convertido en eso y en la sensación de algo bueno a lo que volver en cualquier momento”.

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