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El PSC, un faro en medio de la tormenta socialista

Con la voluntad de captar voto moderado, Ferraz confía en que el partido catalán mejore los resultados de 2021, aunque la duda es si a Illa le bastará para gobernar

Salvador Illa, líder del PSC y de la oposición en Cataluña, en un momento del pleno monográfico de la sequía celebrad el martes.
Salvador Illa, líder del PSC y de la oposición en Cataluña, en un momento del pleno monográfico de la sequía celebrad el martes.Quique García (EFE)

Tras la hecatombe socialista en Galicia, el tren electoral tiene sus próximas estaciones en abril en el País Vasco y dentro de un año en Cataluña, si es que Pere Aragonès no adelanta la cita. Cuando Pedro Sánchez urgió en la ejecutiva del PSOE a consolidar liderazgos fuertes que “incluso trasciendan la marca”, los miembros de la dirección consultados por El PAÍS pensaron en perfiles como el de Salvador Illa. Vencedor en las autonómicas de 2021, el PSC coronó su hat-trick en 2023 extendiendo su hegemonía territorial —gobierna todas las capitales de provincia y las Diputaciones salvo en Girona— y arrasando el 23-J con un millón de votos y 19 escaños. El gran interrogante es si ese capital se mantendrá en las autonómicas dentro de un año y, sobre todo, si le servirá no solo para ganar sino para volver a gobernar en Cataluña, ya sea en solitario o en coalición. Sumidos en una batalla fratricida feroz, no parece probable que ERC y Junts reediten un gobierno independentista.

Todos los sondeos del Centro de Estudios de Opinión pronostican la victoria del PSC, que ha dejado atrás la travesía del desierto que sufrió en el procés y su grave crisis con la marcha del sector catalanista hasta caer en la irrelevancia. Alineado por completo con el PSOE, donde se desdibujan las fronteras, Illa aspira a que Cataluña pase ya página con la amnistía y endreçar (ordenar) una comunidad que padece una sequía de vértigo —quedan reservas de agua para ocho meses si no llueve—, con unos pésimos resultados del informe Pisa y a la cola de renovables en España. Con un discurso calmado, transversal y lejos de las estridencias, Illa construye una alternativa mientras tiende la mano para aprobar otra vez los Presupuestos. Este sábado, dijo que la negociación avanza y los dio por encarrilados al considerar que el Govern, pese a su inconcreción, ha cumplido su promesa de tirar adelante el Hard Rock, un macrocasino en Tarragona que pone los pelos de punta a los comunes y a la CUP. Dice que no mezclan carpetas, pero los presupuestos del PSOE dependen también de ERC.

Frente a la pujanza del PSC, el PSOE ha atravesado un valle de lágrimas encadenando derrotas en Madrid y en Andalucía, como preludio de la colosal pérdida de poder territorial el 28-M, cuando pasó de gobernar nueve comunidades a tres (Castilla-La Mancha, Asturias y Navarra) y cogobernar en Euskadi. La única alegría del PSOE se la aportó el PSC. La excepcionalidad catalana se explica también por el agotamiento del procés y porque el PSC ha sabido captar a votantes tanto a antiguos electores de Ciudadanos como a independentistas moderados y a desencantados ya cansados de falsas expectativas. Y eso genera en Ferraz enormes expectativas por la capacidad demostrada de Illa de atraer votantes rompiendo los corsés de la marca.

Licenciado en Filosofía y con una carrera fraguada en el partido en los años álgidos del procés, Illa alcanzó la secretaria de Organización del PSC cuando hubo una fuga de cuadros al independentismo. Fue clave para las primarias en las que ganó Pedro Sánchez a Susana Diaz, y que años después le llevaría hasta el Consejo de Ministros para dirigir Sanidad. No era apenas conocido en Cataluña —fue concejal y alcalde de La Roca del Vallès— aunque después aparecería casi a diario en las pantallas de forma estoica por la gestión de la pandemia.

“Es un hombre de partido y leal. Y tiene una fuerza respecto a otros líderes autonómicos: es el primer secretario y candidato de otro partido (PSC), algo que no tienen otros líderes autonómicos socialistas. A él, el PSOE no le puede nombrar ni destituir”, recalca Juan Rodríguez Teruel, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Valencia en alusión al carrusel de candidatos en otras autonomías. Exconcejal del PSC y próximo a Illa, Rodríguez afirma que al PSC no se le puede reprochar que esté subordinado al PSOE tras haber desplegado la agenda catalana. “Eso ya no resta”, aclara. “Él tiene la voluntad de atraer a electores más moderados y al votante catalanista para que vuelva a la vía pragmática tras las promesas incumplidas y hasta cierto punto mentiras”, afirma. “Él va por el territorio y ve esa oportunidad”.

Pero el escenario electoral queda aún lejos. Y Cataluña suma desde hace años otra particularidad: ganar no es ni mucho menos sinónimo de poder gobernar. Le ocurrió a Artur Mas (2003 y 2006), a Inés Arrimadas (2017) y al mismo Illa (2021). “Las mayorías absolutas están en retiro y si las hay serán momentáneas. Es una cosa ya vieja”, apunta el politólogo Oriol Bartomeus, investigador del Instituto de Ciencias Políticas y Sociales y profesor asociado de la Universitat Autònoma de Barcelona. La frontera de la mayoría absoluta en el Parlament está en 68 escaños y los tres grandes partidos, PSC, ERC y Junts, están en un puño: empate a 33 los dos primeros y 32 los terceros. Todo apunta a quien gane lo hará sobre una frágil mayoría —como la de ahora de Aragonès— o tendrá que pactar.

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El ministro de Industria, Jordi Hereu, e Illa en un acto del PSC este sábado en Terrassa.
El ministro de Industria, Jordi Hereu, e Illa en un acto del PSC este sábado en Terrassa.PSC

“La clave estará no solo en quien sume mayorías, porque habrá varias, sino en quien se asegure la presidencia. La gran paradoja es que el PSC tendrá más fácil entrar a gobernar si es segundo. Si Illa es primero, no veo a ERC dándole la presidencia. Es lo que pasó en 2021″, afirma Bartomeus que apunta que los escenarios están muy abiertos porque falta saber cómo se resuelve la amnistía, si podrá ser candidato Carles Puigdemont —“Si lo hace estamos en otro escenario”— y el orden final del resultado entre los tres grandes. El politólogo duda de si la amnistía le podrá beneficiar al PSC e inscribe el éxito de los 19 escaños el 23-J en que, cuando en las legislativas hay incertidumbre en el resultado, el voto catalanista de izquierdas para frenar a la derecha se va al PSC. “Eso ya pasó en 1996 y 2004. Ya no tiene la etiqueta de partido invotable para muchos electores por su apoyo al [artículo] 155″, recuerda sobre la suspensión de la autonomía de Cataluña tras al 1 de octubre de 2017.

Con un congreso autonómico a las puertas, Illa revalidará su cargo de primer secretario en marzo sin la menor oposición —es el único candidato— y con la convicción de que ha dado la vuelta al calcetín sobre la amnistía, ampliamente defendida en Cataluña y solo rechazada por la derecha. Teruel apunta que la complejidad de la próxima legislatura asentará un Govern sobre “un castillo de naipes” que podrá caer con cualquier bufido. Para Bartomeus resulta clave qué harán los 700.000 votantes que en 2021 se quedaron en casa y que en 2023 votaron al PSC. “Esa es la gran incógnita”, dice mientras Illa, en tono de precampaña, reivindica la “política útil”, que Cataluña pase página y que sea de “diez”.

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