El Centro de las Artes Libres empieza su andadura

Cinco exposiciones y un espectáculo teatral conforman la programación inaugural de la nueva etapa de la Fundación Brossa, que abre al público este sábado

')Cº', de Pedro Torres, una escultura transitable, que expande en el espacio un poema de Brossa a través de un conjunto de laminas de diferentes medidas.
')Cº', de Pedro Torres, una escultura transitable, que expande en el espacio un poema de Brossa a través de un conjunto de laminas de diferentes medidas.Roberta Bosco

En el centro de la sala hay una vieja bañera con un palmo de agua en el que flota una botella con un trozo de película antigua en su interior. El montaje remite de inmediato a la bañera llena de cuadros de Joan Brossa, como el mensaje que el cineasta Antoni Pinent introdujo en la botella en 1998, cuando con la llegada de Internet se decretó la muerte del cine. La obra forma parte de la exposición de Pinent, Celuloides despeinados, una de las propuestas inaugurales del Centre de les Arts Lliures, el nuevo equipamiento surgido de la unión entre la Fundación Brossa, dedicada a las artes visuales y el Escenario Brossa, dedicado al teatro experimental. “No se trata solo de una reforma arquitectónica, el centro quiere implementar nuevas dinámicas de gobierno colectivo y apostar por las artes vivas, que surgen de la confluencia entre diversas disciplinas artísticas”, aseguró en la presentación del centro Vicenç Altaió, presidente del Patronato. Las críticas y reivindicaciones lanzadas por las Plataforma Asamblearia de Artistas de Cataluña (PAAC) requerirán una reflexión y una respuesta, pero por ahora el equipo formado por Marc Chornet (teatro), María Canelles (artes visuales) y Sheila Eroles (educación y mediación), solo quiere centrarse en empezar la nueva etapa.

La gran revelación es Antoni Pinent, conocido por haber sido programador de Xcèntric, el programa de cine del CCCB y comisario de éxitos expositivos como Del Extasis al Arrebato, 50 años de cine alternativo español, que se presentó en más de 20 países. En su primera muestra en España (expuso en Italia y Estados Unidos) reinterpreta y actualiza las potencialidades del celuloides en obras tan poéticas como tecnológicamente sorprendentes. Es el caso de unas piezas creadas con películas de 16 milímetros formando un código QR. Lo asombroso es que no se trata solo de una representación, sino que el código se puede activar y el visitante puede visualizar la película a través de su teléfono. “Me interesa activar un material, que muchos consideran obsoleto con tecnologías de última generación, pero sin sentimentalismos nostálgicos. Más allá de su funcionalidad, el celuloide tiene aún muchas posibilidades”, indica Pinent, que acaba de realizar una serie de 10 episodios, cuyo título I still believe in celluloid (Aún creo en el celuloide), es una verdadera declaración de intenciones.

En la muestra se exhiben algunos de los objetos creados para rodar esta serie, pequeños poemas visuales deudores de la lección de Brossa, presente a través de su butaca verde original, que el propio Vicenç Altaió rescató del olvido. “El espíritu de Brossa y sus obras están diseminados por todo el centro. La muestra de Pinent es una de las propuestas elegidas a través de convocatorias públicas de producción a la que destinamos 70.000 euros”, destaca Altaió, dirigiéndose implícitamente a la PAAC.

Forman parte del programa de producciones también la videoinstalación Los Figurantes de Ça Marche y la impronunciable )Cº de Pedro Torres, una escultura transitable, que expande en el espacio un poema de Brossa a través de un conjunto de láminas de diferentes medidas dispuestas en círculos concéntricos, que crean un paisaje cambiante de reflejos y destellos generado por el visitante con su propio deambular por la pieza.

Los proyectos inéditos se completan con El Gantxo de Lola Lasurt, una instalación de corte político que ocupa las salas reformadas del edificio de la Seca, enlazadas al antiguo espacio de la fundación por un patio interior a cielo abierto, donde el próximo verano se abrirá la cafetería. También hay una sala de transición, donde se exponen las ediciones de Brossa, póster y objetos, creados en vida del artista que están a la venta por precios que oscilan entre 6.000 y 12.000 euros. La parte nueva acoge la exposición semipermanente (durará dos años) dedicada al poeta, que concentra toda su intensa y prolífica trayectoria en dos salas diminutas. Aunque parezca desproporcionado en comparación con los demás, el espacio dedicado a Brossa conecta con el espíritu del artista, enemigo declarado de los laureles. “Brossa no amaba los homenajes. No se hubiera encontrado cómodo con un espacio celebrativo”, asegura el artista David Bestué que tras El sentido de la escultura, la muestra principal de la temporada de la Fundación Joan Miró, ha comisariado esta aproximación a la obra de Brossa. La serp viva se abre con el impactante Record d’un malson, el anti homenaje al exalcalde franquista Josep Maria Porcioles, con motivo de la construcción de La Mina.

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La parte teatral se plasma en una programación variada en línea con los gustos de Brossa, que arranca con La Setena Porta de la compañía Els Pirates, que combina poesía, humor, crítica social y algún que otro striptease. A lo largo del año la oferta se completará con itinerarios parateatrales, espectáculos circenses, danza, obras sonoras y ciclos dedicados a la creación teatral catalana.

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