Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La escultura, según David Bestué

Hay que ir a la Fundación Miró a ver esta exposición porque, a pesar de sus inclusiones cogidas por los pelos, corresponde a la visión de un artista contemporáneo sobre el concepto de esta modalidad

En la imagen la exposición El sentido de la Escultura en la Fundació Miró de Barcelona.
En la imagen la exposición El sentido de la Escultura en la Fundació Miró de Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI (EL PAÍS)

En la Fundación Miró, el artista David Bestué se ha propuesto repensar la escultura con un título de desmesurada ambición: El sentido de la escultura. Para hacerlo, me temo, hay que ser Rudolf Wittkower, Hans Joachim Albrecht o Rosalind Krauss. Hubiera estado mejor titularla La escultura expandida, o La escultura según David Bestué pues de esto trata, de hecho, la exposición, con todos sus aciertos y errores. Bestué ha buscado siete conceptos y ha buscado obras acorde a ellos. Aquí no hay sólido y vacío, ni talla, ni modelado aunque sí hay Espacio y Molde (este último con otro título), siendo los otros conceptos Crudo, Objeto doble, Presente continuo, Un cuerpo nuevo y Contacto. Tras una didáctica explicación de la técnica del vaciado, vemos una obra de Bruce Nauman, otra de Gaudí y un curioso brillante sintético, producido en un laboratorio y aparentemente igual al original.

En Crudo hay obras muy buenas y otras inexplicables. En realidad este Crudo está cercano a la idea de lo informe en Bataille, pero también parece asociado a lo vertido, a lo non-finito, a lo triturado, a lo desmembrado, a lo cubierto. Un libro triturado y rehecho en forma de salchicha (de Dieter Roth), tres pinturas desmenuzadas (de Perejaume), las páginas de un libro onduladas por la lluvia (de Joan Brossa) o una fuente de la cual surge continuamente espuma, obra de David Medalla, son buen ejemplo de ello. En cambio, la preciosa foto de Wolfgang Tillmans Freischwimmer, conseguida sin cámara, tan solo exponiendo a la luz un papel fotosensible, concierne, indudablemente, al campo de la fotografía. Y no se entiende en absoluto, en el catálogo, la yuxtaposición del Buey desollado de Rembrandt, la imagen de la momia de Carlos V y la fotografía de una bailarina de la Opera de París: “Ahí es donde descansa el poder de la escultura, el de una presencia y un anclaje en el presente”, escribe Bestué. Ya me dirán.

Contacto se asocia al contacto sexual y vemos desde una cerámica mochica, Los Enamorados de Julio González, Cheek to Cheek de la joven June Crespo, y, otra vez con dudosa lógica (sino es la del tema erótico), la fotografía de un beso de Wolfgang Tillmans y un dibujo de García Lorca. Un cuerpo nuevo presenta varios bustos, el de Dora Maar comenzada por Apel.les Fenosa y terminada por Picasso, el de una máscara teatral romana, tres estupendas obras de Sarah Lucas y una cabeza abstracta de otra joven, Claudia Rebeca Lorenzo. Y nos preguntamos que hace aquí un dibujo de un feto de Joseph Beuys. Dicho de otro modo: en la exposición hay demasiadas fotos, dibujos y proyecciones que aluden a los temas propuestos pero no son esculturas. Espacio es un apartado muy logrado con Lucio Fontana, un oteiza de los años cincuenta, la diminuta y bella Estructura de cajas de cerillas de Lygia Clark, la escultura de Isa Genzken y la de Jordi Colomer. En El objeto doble apreciamos la escultura Femme de Miró, hecha con un hueso, un guijarro y un hierro encontrado y una muñeca hecha con una piedra puntiaguda que fue vestida y enjoyada por una niña de ocho años, “descubierta” en 1948 por un etnógrafo. También vemos Basket, de Ester Partegás, un enorme cesto/cubo, roto y agujereado, hecho de papier-maché.

Mientras, Presente continuo muestra obras muy heterogéneas, algunas asociadas a la conservación o a su transformación por el paso del tiempo: un pavo real realizado con lodo, excrementos y plumas, la momia de un gato egipcio, y un lagarto cubierto de metal (seguramente plata) conseguido mediante ¡una descarga eléctrica!

Estas obras mencionadas son las de mayor interés, ya que hay algunas mediocres de autores, empero, excelentes. Sin embargo, hay que subir a la Fundación Miró y ver esta muestra. En primer lugar, porque es una exposición de tesis, de las que hay tan pocas en nuestro país en los últimos tiempos; en segundo lugar, porque a pesar de sus inclusiones cogidas por los pelos, corresponden a la visión de un artista contemporáneo sobre el concepto de escultura, que él pretende ampliar.

El catálogo, en fin, contiene textos de otros autores, en su mayoría filósofas de prestigio, pero que solo de refilón tienen que ver con la muestra. Da la sensación de que el comisario ha pedido a sus amigos/as y colegas que escriban lo que quieran, y el resultado es un ligero batiburrillo.

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Hubiéramos leído encantados un razonamiento más prolijo sobre los argumentos del proyecto de David Bestué.

Victoria Combalía es escritora y crítica de arte.

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