Las secas cicatrices del bosque catalán

La falta de agua tras uno de los veranos con menos lluvias en un siglo ha teñido de marrón encinares y pinares de las comarcas de Barcelona y Girona

Carlos Garfella Palmer Gianluca Battista
Rocafort -

A base de observar bosques y más bosques con sus anteojos, la ambientóloga del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) Mireia Banqué ha desarrollado una afilada mirada con la que, en cuestión de segundos, es capaz de determinar el porcentaje de diferentes tipos de árboles que se extienden a sus pies. “Un 90% de encinas… y un 10% de pinos, aproximadamente. ¿Vosotros cómo lo veis?”, pregunta desde un collado del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac (Bages) a dos miembros de Agents Rurals.

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Desde hace 12 años el cuerpo de protección rural y el CREAF se coordinan para realizar cada septiembre un inventario, llamado Deboscat, con el que identificar las zonas más afectadas por la sequía en la comunidad. Este verano hay mucho más trabajo que el anterior. Ha sido una estación especialmente complicada para los bosques del área del litoral y prelitoral central por la falta de lluvia y el calor que, en algunas zonas, ha batido récords y preocupa a los expertos.

 La ambientóloga del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) Mireia Banqué junto a dos miembros de Agents Rurals.
La ambientóloga del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) Mireia Banqué junto a dos miembros de Agents Rurals. Gianluca Battista

Una muestra de los estragos del episodio seco y caluroso que Cataluña ha experimentado es el manto de encinares que, junto a la pequeña cima de la Roca Falconera, se observa a vista de pájaro. El paisaje es verde pero está dañado por enormes cicatrices marrones, como si una garra gigante lo hubiera arañado hasta descolorarlo a trozos.

Las encinas aguantan sin agua pero no si se repite la falta de lluvias

Los efectos de la enorme cortina de agua que este verano ha partido Cataluña en dos empezó a relucir ya en julio, cuando las evidencias de la sequía eran muy visibles en zonas de las comarcas del Empordà, Berguedà, el Gironès y la Selva. “Mientras en el sur ha llovido mucho [con episodios de lluvias torrenciales] en la mitad norte de la comunidad ha sido muy seco. Y se ha vivido una doble crisis: más calor y menos agua”, añade Banqué. En el Observatorio Fabra, situado en lo alto de la sierra de Collserola en Barcelona, se ha registrado de hecho el cuarto verano más seco del siglo. En Girona, la falta de lluvias también ha alcanzado cifras históricas y preocupantes, tal y como ya advertía a EL PAÍS a principios de septiembre el jefe del Área de Climatología del Servicio Meteorología catalán Meteocat, Marc Prohom.

Los estragos en los árboles de los bosques de la comunidad (mayormente pinos, encinas y robles, por ese orden) varían por especies. Con la falta de agua, las encinas y robles acostumbran a ponerse marrones (sus hojas se secan) y “a soltar” las hojas. “En una semana, todo esto que veis marrón estará pelado y el paisaje pasará a ser grisáceo”, dice Banqué sobre una roca entre árboles secos. “Pero ojo, esto no quiere decir que estén muertos, sino que se convierten en bosques decaídos...”, dice la experta. “Y, con suerte, si llueve en otoño, las encinas volverán a sacar hojas…”, añade.

La escasa humedad castiga a los bosques de hayas, que suben de cota


Pese a que lo puede parecer a simple vista [el encinar marrón o directamente pelado, el árbol no está muerto], sino que él mismo adopta un mecanismo de defensa para secarse y reservar energías a la espera de agua. “El problema es cuando la sequía se repite y el árbol no tiene margen para recuperarse del anterior episodio. Entonces se secan las ramas y sí pueden morir”, añade Banqué. En este sentido, el colchón de agua que el terreno acumuló el verano pasado, un escenario completamente diferentes al de este año, ha ayudado a que esta tierra de bosques que es Cataluña, donde casi el 65% del territorio es superficie forestal , resista a los envites de la sequía. Aunque los expertos alertan que los ciclos repetitivos sin lluvia que está trayendo el cambio climático en la región mediterránea aumentará a la fuerza la mortalidad en los próximos años.

Otra historia distinta a las encinas y los robles ocurre con los pinos y abetos. “Tienen una estrategia totalmente diferente. Aguantan todo lo que pueden la sed sin mutar el aspecto. Es difícil que un verano seco les afecte, deben acumular varios episodios de sequía para que sea visible. Eso sí, a diferencia de las encinas, cuando ves sus copas marrones y sin hojas significa que han muerto”, explica la ambientóloga mientras observa, junto a los dos agentes rurales desde una carretera escarpada en el municipio de Rocafort, otro mosaico verde trufado de manchas marrones. “Esto está mucho peor que el pasado año”, añade.

Las hayas pierden espacio

El jefe del Área Regional de Barcelona d’Agents Rurals, Jaume Bosch, incide en esa idea. “A diferencia del año pasado, que fue uno de los mejores de la década, en este verano ya se observaba desde hace semanas como en zonas se entraba en ‘parada vegetativa’”. dice Bosch.

El aumento de temperaturas ha provocado que las encinas, más mediterráneas y resistentes a la sequía, vayan subiendo de cota en los últimos años y ganen en espacio a las hayas, menos resistentes a periodos secos, según el informe Estado de la naturaleza en Cataluña 2020. La repetición de episodios secos por el cambio climático, y también el aumento de la superficie forestal por el abandono del sector primario, preocupan a los expertos, que alertan de un futuro aumento del riesgo de incendio.

El agente rural Bosch explica que el seguimiento de los bosques secos a través del Deboscat secos también es importante para elaborar la campaña forestal y los mapas del riesgo de incendio diarios. Identificar las zonas secas de hoy ayudará a frenar los incendios de mañana.

Más de 3.000 hectáreas quemadas

Pese a las alarmas que se encendieron a principios de verano en Cataluña por el elevado y reiterado riesgo de incendio debido al calor y la falta de lluvia, la comunidad ha logrado aguantar el tipo. Este año, un total de 3.011 hectáreas han ardido en los 539 incendios que se desataron en Cataluña, lo que supone la mitad que en el año 2019 y ligeramente por debajo del promedio de los últimos 15 años.

Seis de cada diez incendios de este año, fueron provocados por la actividad humana: en un 40% de los casos por negligencias y en un 20% de forma intencionada, según datos del Departamento de Interior de la Generalitat sobre la campaña forestal de 2021. Durante la campaña, los Bomberos de la Generalitat han trabajado en 2.254 servicios, 624 de ellos incendios de vegetación agrícola, 611 forestal y 1.019 urbana.

 




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