INCENDIOS FORESTALES

Cataluña afronta tres días de máximo peligro de incendio

La Generalitat afirma que la zona del parque natural de Cap de Creus afectada por las llamas se regenerará en cuatro años

Un automóvil circula por la carretera que discurre por la zona que ha ardido en el incendio del parque natural de Cap de Creus (Girona)
Un automóvil circula por la carretera que discurre por la zona que ha ardido en el incendio del parque natural de Cap de Creus (Girona)David Borrat / EL PAÍS

Entre las cenizas y los restos de la devastación causada por el incendio originado el pasado viernes en Llançà (Alt Empordà), que quemó más de 400 hectáreas del parque natural de Cap de Creus (Girona), la consejera de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural, Teresa Jordà, alertó ayer de que toda Cataluña se enfrenta entre hoy y el sábado a tres días de riesgo “muy alto” de incendios. Jordà también anunció que la previsión es que la zona afectada por las llamas en el parque natural se regenere “entre dos y cuatro años”.

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El fuego amenazó a 3.000 hectáreas de naturaleza en primera línea de mar. También urbanizaciones privadas, un campin y el monasterio románico de Sant Pere de Rodes, situado a 620 metros de altura en la cumbre de la sierra que le da nombre. Esta fue la zona que se llevó la peor parte de unas llamas originadas por culpa de una colilla lanzada desde la carretera [la principal hipótesis de la investigación] y que amenazó con destruir gran parte del vasto territorio que forman las últimas estribaciones de los Pirineos orientales: abrupto paisaje donde la cadena montañosa encuentra su fin en el mar mediterráneo.

El fuego destruyó, sobre todo, arbustos y aniquiló reptiles y pequeños mamíferos como musarañas. Aves protegidas como el águila cuabarrada o el búho real se salvaron por semanas, ya que en esta época del año ya han terminado su época de nidificación. “Si hubiera ocurrido antes \[el incendio\], no sabemos qué hubiera ocurrido”, dijo ayer Jordà sobre ambas especies. “No hay que despreciar a la vegetación, insectos o el suelo afectado. Parece que a la Generalitat solo le importan los daños a las especies más llamativas”, se mostraba crítico ayer por teléfono el catedrático en ecología de la UB Narcís Prat.

”Los trabajos de extinción y prevención lograron evitar la quema de las zonas más valiosas a nivel ambiental y patrimonial”, añadió la consejera, que insistió en el peligro añadido que supone el progresivo crecimiento de la masa forestal en Cataluña por el paulatino abandono desde los años setenta del sector agrícola y ganadero de los campos. A día de hoy, casi el 65% del territorio de Cataluña es superficie forestal.

“Tenemos demasiados campos de cultivos que se han convertido en bosques. Esta es una realidad que, en demasiadas ocasiones, tenemos que repetir desde el departamento”, añadió ayer la consejera. Después de un 2020 casi sin incendio por el confinamiento y las lluvias, este verano se avecina complicado. El de Llançà es el peor fuego en Cataluña desde 2019, cuando ardieron 6.500 hectáreas en la Torre del Espanyol, en la provincia de Tarragona. La falta de lluvias en invierno y primavera han dejado un escenario propicio al fuego que los servicios de prevención llevan semanas alertando. Desde enero de este año han ardido 862 hectáreas, 25 veces más que toda la superficie quemada en 2020.

Ayer, el incendio de Cap de Creus también saltó al Parlament en forma de bronca política después de que la Generalitat pidiera autorización al Gobierno central para disponer de hid aviones franceses en las labores de extinción, solicitud que no se autorizó porque desde el Ejecutivo central se habían enviado dotaciones aéreas. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, sostuvo en la Cámara que los incendios “no entienden de fronteras”. Antes, el líder de Ciudadanos, Carlos Carrizosa, había acusado a Aragonès de “falta de autocrítica”.

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