Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los meses que vienen

El partido que ostenta la presidencia de la Generalitat, ERC, ha hecho una renuncia expresa y argumentada de la vía unilateral y ha revisado de forma crítica los hechos acontecidos en otoño de 2017

Torra y Aragonès en la toma de posesión del republicano como 'president', en mayo.
Torra y Aragonès en la toma de posesión del republicano como 'president', en mayo.Massimiliano Minocri

Se acaban de cumplir los 100 primeros días de la presidencia de Pere Aragonès. Cabe preguntarse qué puede acontecer en la política catalana en los próximos meses a la vista del punto de inflexión que ha supuesto el arranque de la legislatura catalana. El partido que ostenta la presidencia de la Generalitat ha hecho una renuncia expresa y argumentada de la vía unilateral y ha revisado de forma crítica los hechos acontecidos en otoño de 2017. El hecho político más relevante de estos primeros 100 días de nuevo Govern ha sido los indultos concedidos a los políticos sentenciados que ostentaban la dirección del país durante la fallida declaración de independencia. Alguien podrá decir que esta es una iniciativa del Gobierno central, pero a nadie se le escapa que la decisión —valiente y acertada— viene acompañada de negociación y diálogo entre el PSOE y ERC. Diálogo que se va a desplegar en los días venideros y que debe dar frutos en beneficio de la opción tomada por los republicanos ante el escepticismo de sus socios de Junts y que a la vez es indispensable para garantizar al PSOE una legislatura española completa que pueda culminar en diciembre de 2023 o enero de 2024.

Un buen propósito para el nuevo curso es intentar volver a convertir a la sociedad civil en punto de encuentro
Un buen propósito para el nuevo curso es intentar volver a convertir a la sociedad civil en punto de encuentro

El nuevo Gobierno ha querido poner el acento en la gestión de las muchas competencias que tiene para intentar hacer olvidar las turbulencias de la legislatura anterior. En buena medida lo ha conseguido, pero no ha destacado por ninguna iniciativa especialmente singular. O quizás ha existido pero una sociedad tan acostumbrada durante tantos años a vivir bajo el foco del marco mental del procés ha quedado insensibilizada al debate de la gestión que es el debate del buen gobierno. Esto es desastroso porque no se percibe un exigente control ciudadano y parlamentario de la acción de Gobierno. Ni una sociedad civil de amplio espectro dedicada a dar ideas y pedir cuentas. Hoy, la sociedad civil catalana también está en buena medida cruzada por el clivaje que ha polarizado el debate político como mínimo en los últimos cinco años. Un buen propósito para el nuevo curso es intentar volver a convertir a la sociedad civil en punto de encuentro de los que se han puesto líneas rojas y trincheras que han limitado el diálogo, el pacto y el acuerdo.

Nada hay más preocupante para la vitalidad del autogobierno que ver cómo los actores económicos y sociales empujan sus proyectos sin parecerle muy relevante el liderazgo o el impulso que pueden y deben protagonizar las administraciones públicas. No hay grandes retos de país compartidos por sociedad civil y Gobierno. Y si se plantean algunos —como por ejemplo el debate sobre la ampliación del aeropuerto de El Prat, y lo que es más importante, la conexión por alta velocidad de los aeropuertos de Girona y Reus con Barcelona— es difícil saber si son retos con calendario de ejecución o emboscadas para hacer saltar las discrepancias.

En cuestión de días veremos si los rumores de un 11 de septiembre donde los grupos radicales quieren volver a incendiar las calles y los contenedores es puro ruido de las grandilocuentes redes sociales o un malestar de grupos que quieren impugnar al Govern desde el frente independentista.

El Govern debe sacar los Presupuestos con sus socios de investidura, de otra forma la legislatura se tambalearía
El Govern debe sacar los Presupuestos con sus socios de investidura, de otra forma la legislatura se tambalearía
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En semanas empezaran las negociaciones de los presupuestos para 2022, que el president Aragonès quería pactar para la misma votación de su investidura. Veremos un antiguo dirigente de La Caixa —el consejero de Economía— en una mesa con los antisistema de la CUP. El Govern debe sacar los Presupuestos con sus socios de investidura, de otra forma la legislatura se tambalearía. Y finalmente hay el horizonte de la valoración de la efectividad de la mesa de diálogo entre Govern y Gobierno español. Qué duda cabe de que los dirigentes de ERC y el PSOE tienen algo hablado para dar contenido a dicho canal de diálogo y de pacto. Tan cierto como que los sectores dominantes de Junts están en fase de autocontrol antes de salir en tromba a criticar la imposibilidad de alcanzar el “programa de máximos” (autodeterminación y amnistía) y empezar a agrietar la legislatura. ¿Quedará relato y energía para volver a lanzar una excitada llamada a la independencia? Socialistas, republicanos y los grupos de Junts juegan con los tiempos, básicos en política. El principio de realidad, la resaca en los del tot o res y la decepción entre la buena gente que van descubriendo que las jugadas maestras no eran nada más que disparar a córner para ganar tiempo, harán el resto en este lento y frágil camino de retorno a un país optimista que quiera salir del pozo de la perplejidad y la desorientación.


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