Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Las contradicciones de la estrategia Sánchez para Cataluña

El anuncio sobre el aeropuerto de Barcelona es un buen ejemplo de lo que nos espera. Tiene brillo por los números pero viene cargado de dudas: sobre las prioridades, los tiempos y las promesas

Aterrizaje de un avión en El Prat.
Aterrizaje de un avión en El Prat.MASSIMILIANO MINOCRI

El acuerdo de ampliación del aeropuerto de Barcelona-El Prat, pomposamente anunciado sin reparar en la infinidad de flecos pendientes, y el despliegue de la negociación bilateral entre los dos gobiernos, dan pistas sobre la estrategia del Gobierno español para Cataluña, deudora del modelo vasco de relación con el Estado y no exenta de cierta melancolía del pujolismo. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) viene desarrollando un eficaz posibilismo, que el proceso independentista condenó en Cataluña al olvido, y que parece ahora repuntar tímidamente. El objetivo —o la ilusión, para ser más preciso— del presidente Pedro Sánchez sería conseguir que la mayoría de los catalanes y de sus responsables institucionales acaben asumiendo tácitamente la conclusión a la que ya llegaron hace tiempo los vascos: que la independencia puede ser un riesgo muy superior que la permanencia. Difícil tarea.

Doy por asumidas las enormes diferencias entre las dos naciones en potencia que siguen en errática espera de realizarse en acto. Con dos recordatorios basta: El peso del País Vasco en el PIB español está en torno al 6%, el de Cataluña, en torno al 19%, lo que da la medida del distinto impacto sobre el conjunto si las cosas se descontrolan. Y el País Vasco está todavía elaborando el grave trauma de los años del terrorismo que fracturaron la sociedad y borraron del horizonte cualquier fantasía rupturista, mientras Cataluña, por su parte, vive la primera resaca de la aventura independentista con conciencia creciente de lo que trágicamente sus dirigentes no quisieron asumir en octubre de 2017: el programa de máximos no está en el orden del día. ¿Hay espacio entonces para una estrategia conciliadora que permita dejar atrás la respuesta estrictamente judicial que consagró el PP?

De la habilidad de Sánchez para generar impactos (asumiendo riesgos si es necesario) no hay duda. Pero, en el sistema de comunicación actual, los impactos son efímeros si después no se alimentan adecuadamente. La sociedad ha amortizado rápidamente los indultos, porque para la mayoría de catalanes era lo más lógico. Ni se produjo el choque que la derecha buscaba, ni ha sido un bálsamo definitivo. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente?

El anuncio sobre el aeropuerto de Barcelona es un buen ejemplo de lo que nos espera. Tiene brillo por los números que lo acompañan, empezando por los 1.700 millones de euros de inversión, pero al mismo tiempo viene cargado de dudas: sobre las prioridades, sobre los tiempos y la realidad de las promesas, sobre la necesidad (¿hacia dónde irá la aviación después de la pandemia?) y sobre la oportunidad (los efectos en plena crisis ecológica). El proyecto divide a la sociedad y al propio independentismo, lo cual puede tener el efecto positivo de acabar con los debates de una sola dirección. Es decir, llevarnos al territorio de la complejidad, poniendo en su sitio a la simplificación de las adhesiones incondicionales y evitando encallar en la lógica autodestructiva del “lo toma o lo deja”. Que se abra el debate ideológico —más allá de las grandes promesas— y que la actual coalición de Gobierno catalán se libere de los censores que pretenden definir los límites de lo posible, siempre bajo la máscara de la razón patriótica.

Evidentemente, la derecha española ha puesto el grito en el cielo: el Estado está en almoneda, Sánchez compra al independentismo. A pesar de su fracaso contra los indultos, seguirá sin dar tregua, con un argumento sensible: el agravio comparativo, supuestamente útil para comer terreno al PSOE en otras comunidades. Con lo cual la estrategia socialista de apaciguamiento de Cataluña requeriría de un impulso descentralizador de amplio espectro. Y frente al que Madrid con su descarado abuso de posición pondrá el grito en el cielo.

Para que la estrategia del PSOE funcione tienen que madurar tantas cosas que parece imposible. Y se requiere una firmeza en hacer de las propuestas realidad que es dudoso que resista a cualquier impacto negativo en las encuestas. ¿Quién podrá más: las fuerzas de bloqueo o los que son capaces de entender que hay que hacer de la oportunidad virtud, que es en definitiva el verdadero sentido de la política? ¿Dónde está la oportunidad? Lo que para unos es un paso adelante, para otros es la claudicación, lo que para unos es imposible para otros es innegociable. La oportunidad viene de que, aunque las relaciones de fuerzas son desiguales, nadie está en condiciones para imponer su solución. Y eso quiere decir que hay que hacer política.

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