Opinión
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‘Procés’: la pieza que falta

Lo que tienen que explicar a sus bases y a toda la ciudadanía es exactamente esto: por qué afirmaban cosas que sabían que no eran ciertas, y por tanto, eran falsas

Carga de la policía en la escuela Mediterranea el 1 de octubre.
Carga de la policía en la escuela Mediterranea el 1 de octubre.Carles Ribas

En realidad, sería tema de una investigación sociológica buscar la pieza que falta en la reconstrucción de lo que ha sido el procés. Y por supuesto alguna de sus derivadas más expansivas. Visto desde fuera, lo que ha pasado desde 2012 da para mucho, pero falta método, sobre todo dentro de las filas del independentismo.

Desde fuera, hay que volver a subrayar el valor de los primeros trabajos de análisis, por ejemplo los libros canónicos de Lola García y Jordi Amat, a quienes muchos de nosotros pedimos que escriban (en formato libro) la secuela del asunto. Aquí queda la solicitud.

Pero lo que falta de verdad, la pieza maestra pendiente, es el análisis desde dentro del movimiento. No el enésimo artículo de autojustificación, o la milésima declaración exculpatoria, o la persistencia en el relato de “no ha salido como queríamos, pero lo hemos hecho todo bien”, o su variante “no hemos hecho nada mal, y no hemos hecho nada malo”. Sociológicamente, lo que se aprecia en las filas del independentismo es una creciente “fatiga de combate” o su denominación técnica más actual, “Estrés postraumático”. Es cierto, en privado algunos de los implicados admiten cosas como “es que no teníamos nada de nada”, pero no lo hacen en voz alta y sobre todo no lo explican a su gente.

Lo que ha pasado desde 2012 da para mucho, pero falta método, sobre todo dentro de las filas del independentismo

Con lo cual se quedan en un territorio deliberadamente falso que viene a decir “mirad que monstruoso y artero es nuestro enemigo, que no hemos podido con él a pesar de tener razón”, o bien, “no podíamos prever que el Estado sería capaz de hacer lo que ha hecho”.

Y la verdad es lo que tienen que explicar: de “el mundo nos mira” a “nadie ha venido en nuestro auxilio”. Nadie. Lo que tienen que explicar a sus bases y a toda la ciudadanía es exactamente esto: por qué afirmaban cosas que sabían que no eran ciertas, y por tanto, eran falsas. Recuerdo a un juez que se veía ministro de justicia de la Cataluña independiente afirmar en un mitin que ocho países de la Unión Europea habían garantizado el reconocimiento de la independencia, que la OTAN encargaría a Cataluña la fabricación de un helicóptero de combate (sic), que Israel garantizaba un “crédito puente” de muchos millones para los primeros gastos. ¿Por qué decían estas cosas? Había uno que estaba muy arriba en el movimiento, que uno de los días más dramáticos anunciaba a Calles Puigdemont que tenía un enviado del Kremlin a las puertas de Palau.

Falta una reflexión desde dentro, de modo lúcido. Es una deuda con la cantidad de gente que les ha seguido

Y lo más bestia, perdonen la expresión, es que eminentes juristas de prestigio afirmaban que con las “leyes de desconexión” (las del 6 y el 7 de septiembre del año 2017) se pasaría de la llei a la llei, es decir que una vez proclamadas (por el Parlament de Catalunya) entraban en vigor y el resto de la legislación (del Estatut hasta la Constitución) dejaba de tener vigencia. ¿En serio? Alguno de los teóricos de este invento han desaparecido de la escena y, sorpresa, no están ni imputados ni procesados ni exiliados. En cambio, conviene recordar aquí la integridad de juristas como Bayona, o el propio secretario del Parlament, que contra viento y marea fueron advirtiendo día a día cómo acabaría el asunto.

A falta de un análisis autocrítico, los líderes del procés siguen faltando a la verdad, y para ello se dedican a ir “modificando el santoral”, es decir, el eslogan-marco. De “La partida a Itaca” de las elecciones de 2012 hasta la “amnistía para los 3.000 represaliados”, todo ha valido. El periodista Cristian Segura, desde estas mismas páginas, demostró hace pocos días el mito de cifras como estas. Ya en su día, Sandrine Morel, entonces corresponsal Le Monde, publicó El huracán catalán, un libro en el que demostró que el 1 de octubre famoso no hubo mil heridos. Hubo, ese día, una acción brutal de policía y guardia civil, con bastantes contusionados, pero en urgencias solo ingresaron a unos pocos. Y los mil, ¿dónde estaban? Esta excelente periodista (su trabajo sobre el tema es muy notable) se dedicó a investigar y esa cifra es la de todas las personas que ese día pasaron por urgencias en todos los hospitales de Cataluña por el motivo que fuese.

En suma, la pieza que falta es la reflexión desde dentro, de modo lúcido, pues es una deuda con la inmensa cantidad de gente que les ha seguido durante los últimos años.

En lugar de esto, tendremos un debate sobre la absurda candidatura de Juegos de Invierno Barcelona- Pirineos.


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