movilidad urbana

El túnel de Glòries, a cuatro meses de su apertura

Las obras de las dos galerías que soterrarán la Gran Via de Barcelona están ejecutadas en un 85%. Tendrán un carril bus y dos para coches

El túnel de Glòries, en la galeria sentido Besòs, a cuatro meses de su apertura al tráfico.
El túnel de Glòries, en la galeria sentido Besòs, a cuatro meses de su apertura al tráfico.Joan Sanchez

Casi seis años después de comenzar las obras, en los que ha habido interrupciones (primero la paralización por retrasos y sospechas de corrupción y después la pandemia), el túnel que se construye en la plaza de les Glòries de Barcelona para soterrar la Gran Via, encara los últimos cuatro meses de obras. Una obra que en su día se acordó como un mal menor para esconder los coches bajo tierra y poder hacer una plaza en uno de los centros de la ciudad que dibujó Ildefons Cerdà al concebir el Eixample: el cruce entre la Gran Via, la Diagonal y la Meridiana.

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La obra, que acabará costando casi 200 millones de euros (192 millones es la cifra oficial proporcionada este jueves durante una visita de prensa y autoridades; el coste final no se sabrá hasta que acaben las obras), consiste en dos galerías de un kilómetro de distancia. Arrancan en la calle de Padilla y salen en la rambla del Poblenou. En el interior, habrá dos carriles para vehículos privados y un carril bus por sentido, una reserva para transporte público inédita en los túneles de la ciudad.

Construir el túnel ha sido de una enorme complejidad. Para pasar por debajo de cuatro túneles de líneas ferroviarias (tres de cercanías y el metro), los dos ojos del túnel bajan hasta 25 metros bajo tierra. El túnel, pues, tiene un notable desnivel, de hasta el 7% en la bajada desde la calle de Padilla hasta el punto más profundo. Para hacerlo posible garantizando que no se moviera nada y que las dos galerías sean estancas (que no se cuele agua) se han construido pantallas de cemento de 52 metros de profundidad (el equivalente a un edificio de 17 plantas) y se han construido 42 pozos desde los que se han bombeado 25.000 metros cúbicos de agua al día.

Tan difícil ha sido la construcción, que también supuso reforzar con cajones los túneles ferroviarios. En el tramo más crítico se avanzaban solo tres metros cada 21 días, explicó ayer Ángel Sánchez, el director general de Bimsa, la empresa municipal de obras. A lo largo del túnel y su entorno, añadió, se han auscultado infraestructuras y edificios en 2.100 puntos de control y se han tomado medidas vía satélite, añadió. No se ha movido nada, aseguró. Atrás quedan todos estos trabajos de obra complejísima y al túnel solo le falta terminar las instalaciones: pavimentar, colocar las pantallas laterales, laterales, iluminación, sistemas de seguridad o ventilación.

En la primera visita de autoridades al túnel, con prensa y representantes vecinales, la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, destacó la recta final de una obra “esperada y demandada” que permitirá terminar la plaza, con “12 hectáreas de verde urbano” y “cohesionar los barrios del entorno, separados durante décadas por infraestructuras sin sentido”. Los vecinos celebraron el fin de las obras, pero reivindicaron también los equipamientos pendientes.

En nombre de las asociaciones vecinales, Jaume Badenes celebró la finalización del túnel y el horizonte de la plaza en lo que calificó de “punto negro de la ciudad no resuelto que hacía vivir a los vecinos de espaldas” y reivindicó que si en el enclave habrá una plaza será por el tesón de la ciudadanía. En un ejercicio medido y equilibrado, Badenes aplaudió y felicitó a los técnicos por la construcción del túnel “una solución técnica y espectacular”, pero recordó que “es reflejo de la ciudad que ha estado pensada para los coches”.

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