HUMOR GRÁFICO

Muere Picanyol, padre de ‘Ot, el bruixot’

El personaje protagonizó en ‘Cavall Fort’ durante 44 años una de las series más importantes y longevas del cómic catalán

El dibujante Josep Lluís Martínez Picañol, 'Picanyol', en 2014, cuando decidió jubilar a su personaje "Ot, el bruixot", tras más de cuatro décadas en la revista 'Cavall Fort'.
El dibujante Josep Lluís Martínez Picañol, 'Picanyol', en 2014, cuando decidió jubilar a su personaje "Ot, el bruixot", tras más de cuatro décadas en la revista 'Cavall Fort'.EFE

En todo era especial: un brujo bajito, un punto cabezón y con bigote de cuatro pelillos, ataviado con un gorro de regusto medieval, siempre en riguroso blanco y negro, deambulando en un espacio atemporal, que utilizaba sus poderes en situaciones muy cotidianas y, algunas veces contra su mujer, que le perseguía inexorablemente con una escoba, en escenas que un fiel pero escéptico búho solía mirar con grandes ojos de asombro. Vivía en una tira vertical y la viñeta, cinco como máximo, era tan limpia como el trazo y el ingenioso humor que desprendía… Así era el encanto de Ot, el bruixot, una de las series más importantes y longevas del cómic catalán, que refleja muy mucho la manera de ser de su creador, Josep Lluis Martínez Picañol, Picanyol de nombre artístico, fallecido a los 73 años, según ha comunicado hoy la revista Cavall Fort, donde plasmó las aventuras de Ot durante 44 años.

Nacido en Vic en 1948 pero criado en Moià, el futuro Picanyol se distraía demasiado de los estudios dibujando, lo que le llevó a abandonarlos y a desplazarse a Barcelona, donde entró de chico de los recados en Selecciones ilustradas, histórica agencia de representantes de dibujantes creada por Josep Toutain. Estaba empeñado en hacer largas y serias historietas sobre el Oeste americano y otras ambientadas en la selva; lo hizo sin éxito, hasta que sus trabajos cayeron en manos de Jordi Ginés, Gin. Fue providencial: le recomendó que sus trazos fueran aún más limpios y sencillos y que se inclinara por el gag mudo. Y así debutó en Mata Ratos y al poco en L’Infantil, la futura Tretzevents, donde hizo ya de todo: chistes, juegos de entretenimiento…

Incansable, entre 1969 y 1971 Picanyol empezó a colaborar en la prensa diaria, en concreto en el Diario de Barcelona, a las órdenes de quien es hoy uno de los máximos estudiosos del mundo del dibujo y la ilustración clásica catalanas, el periodista Josep Maria Cadena. Fue hacia el final de esta etapa cuando en diciembre de 1971 arrancó en Cavall Fort una serie sobre un brujo un punto travieso, que se le cruzó en la imaginación un día que pasaba por las calles de Barcelona. Era un personaje que no desentonaba en los ambientes medievales y hasta miológicos que tanto le gustaban recrear y que siempre daban vueltas en la imaginación de Picanyol, con una galería hiperpoblada de trovadores, brujas, duendecillos…

El personaje de 'Ot, el bruixot', de Picanyol.
El personaje de 'Ot, el bruixot', de Picanyol.

Algo de todo ello compendió en Ot, siempre plasmado en un dibujo muy limpio y claro, en un homenaje tácito a su admirado Hergé. Era tan genuino, rompedor e ingenioso con sus gags que se convirtió en uno de los emblemas de Cavall Fort, conquistando a un público incondicional que le obligó a no abandonar el personaje hasta mayo de 2015, cuando Picanyol decidió jubilarse, a los 66 años, tras dibujarlo durante 44 años, en más de 1.500 tiras. El personaje se mostró incansable como su creador: en 1987 aparecía ya, bajo el sello Pirene, recopilado en libro y poco después su popularidad le llevó hasta los videojuegos pedagógicos, los Otijocs; y hay quien sostiene que es el culpable de que más de 5.000 niños en Cataluña lleven, desde finales de los años 90, el nombre de Ot. Cuando el brujo entró en la cuarentena, Norma Editorial publicó una extensa recopilación de las tiras en varios volúmenes.

Ot, el bruixot es un caso bastante insólito en la tradición historietista catalana, que se refugió en una revista infantil ante la falta del espacio que quizá le hubiera sido más propio en una prensa diaria catalana escasa y poco dada a este tipo de series de personajes no vinculados al chiste y a la viñeta de actualidad sociopolítica. Muchas veces con algún detalle gráfico a modo de guiño (Picanyol llegó a publicar en Lecturas las típicas viñetas con el juego de las diferencias), Ot protagonizó un humor limpio, afrontando situaciones en las que era frecuente que no saliese demasiado airoso. Rezumaba a menudo (pespunteado con una precoz preocupación ecológica herencia directa de su padre artístico) un cierto aire de soledad, con un punto de desamparo vital, parejo al que la muerte de su creador deja, al menos, en tres o cuatro generaciones de catalanes.

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