DISTURBIOS EN BARCELONA

La reforma del orden público: un debate politizado y sin propuestas

ERC y Junts han aceptado el debate abierto por la CUP, el único partido que pide claramente la disolución de los antidisturbios

Mossos d'Esquadra durante las protestas.
Mossos d'Esquadra durante las protestas.ALBERT GARCIA

Los Mossos d’Esquadra se han convertido en moneda de cambio en las negociaciones para la formación del Govern. Las protestas por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, en las que una joven ha perdido un ojo, probablemente por una bala de espuma, ha puesto a los Mossos en la picota. ERC y Junts han aceptado el debate abierto por la CUP, el único partido que pide claramente la disolución de los antidisturbios. Sus posibles socios de Gobierno aceptan la idea de revisar el modelo de orden público, pero sin propuestas concretas. Los expertos opinan que no hay peor momento y manera de abrir el debate.

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El último capítulo de las negociaciones condicionadas a cambios en los Mossos fue el viernes. La CUP y ERC anunciaron posibles modificaciones (los anticapitalistas los daban por descontado y los republicanos aseguraban que se trabajaba en ello), como una moratoria en el uso de las pelotas de espuma, y que los antidisturbios no participen en desahucios. “El peor momento para decidir ese tipo de cosas es ahora, cuando se está utilizando como mecanismo de presión para el debate de investidura”, opina Jaume Bosch, veterano experto en seguridad y exdiputado de ICV. “No puede ser que tres partidos que negocian la investidura acaben decidiendo un modelo de orden público con la presión de la CUP”, añade.

El partido anticapitalista es quien puso sobre la mesa la exigencia de cambios en los Mossos, que tanto ERC como Junts per Catalunya aceptaron. Incluso el consejero del Interior, Miquel Sàmper, lo avaló en una comparecencia exprés, en medio de la semana de altercados, para anunciar esa intención de revisar el modelo de orden público. “Se pueden mejorar modelos, y protocolos, pero la forma de hacerlo no es lanzándose declaraciones en los medios de comunicación”, añade otra fuente veterana en el mundo de la seguridad, que pide no ser identificada.

El sector de la seguridad es un ámbito pequeño, con pocos expertos, donde la mayoría se conocen. Por eso, algunos de ellos piden anonimato. “Enseguida hay quien se ofende”, asegura otro experto de la seguridad vinculado al Departamento de Interior. Todos los consultados coinciden en que no existe un modelo de la gestión del disturbio que garantice que no haya lesionados cuando se producen incidentes violentos.

“En su día, nos opusimos al foam [balas de espuma]. Reconozco que mi discurso tenía el punto débil de que no daba alternativas”, admite Bosch. El modelo de distanciamiento, que es el que tienen los Mossos, “requiere de elementos que pueden ser mal vistos, unos lesivos y otro menos lesivos”, indica. “Desgraciadamente, no he encontrado en Europa un modelo que no provoque lesiones a manifestantes o policías”, añade Marc Pons, experto de Seguridad del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña, que advierte que analiza la situación a título propio, no en nombre del Departamento de Interior.

Pons, amplio conocedor de los modelos de orden público en Europa, asegura que todas las policías tienen sus propias herramientas para gestionar el disturbio. Aclara que el modelo de orden público abarca más cosas, como los servicios de información o las unidades de mediación. “¿Es estrictamente necesario tener pelotas de foam? No. Pero sí es estrictamente necesario tener herramientas”, explica, y cita otras opciones como son los caballos, los perros, o el agua.

Los Mossos cuentan con una tanqueta de agua obsoleta, que se utilizó de manera simbólica en las protestas por la sentencia del procés. “El agua, muy utilizada en el centro de Europa, es el método menos dañino, si se regula bien la presión. La gente tiene frío, se va a casa, llegan mojados y los padres saben que han estado en la manifestación”, explican técnicos del Departamento de Interior. Pons pone el ejemplo del agua con pintura. “Haces un primer aviso, tiras agua con pintura y ya señalas. En el segundo aviso, les dices que si están manchados con pintura, serán detenidos”, explica. Pero considera que el agua es peligrosa según la presión que se use, y puede crear avalanchas.

El debate pasa también por cambiar el modelo de distancia a uno de contacto, como en Alemania, que requiere más policías. “Y también causa más lesionados”, asegura Pons, quien pide no confundir “un error táctico, una mala praxis” con un problema “sistemático de modelo”. Y recuerda que existen mecanismos internos y externos. “De manera cíclica, se dan situaciones de protesta y se pueden cambiar cosas, revisar tácticas... Pero no veo un problema de fondo del modelo”, indica.

Bosch pide que, paralelamente a la del modelo de orden público, en el Parlament se haga una comisión que debata los límites al derecho de protesta: “Deberíamos tener claro qué quiere decir derecho a la protesta, a la manifestación, a la desobediencia pacífica y el uso de la violencia”. Fuentes del ámbito de la seguridad abren otra perspectiva: “Si disolvemos la Brimo, ¿quién se dedicará al orden público? ¿El Estado? ¿Es eso lo que quiere la CUP?”.

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