Crisis del coronavirus

Tercera ola, tercera oportunidad

La falta de políticas de rastreo y de fortalecimiento del sistema sanitario, empezando por la atención primaria y llegando hasta las UCI, está en el origen del mal y las muertes de la pandemia

Pancartas de protesta contra las restricciones en la restauración en el interior de una cafetería en Vilassar de Mar (Barcelona).
Pancartas de protesta contra las restricciones en la restauración en el interior de una cafetería en Vilassar de Mar (Barcelona).Joan Sanchez / EL PAÍS

Es más probable que tengamos antes una tercera ola de la pandemia que puesta la vacuna. Sin embargo, en el debate público se habla más de desescalar que de preparar la tercera ola. Es comprensible, como lo era que en junio se pensara más en las vacaciones y en la necesidad de salir que en la segunda ola. Pero entonces, como ahora, sabíamos que después de la primera vendría la segunda y después de la segunda, la tercera... Una vez comenzó lo que se nos presentó como desescalada sabíamos que volveríamos a hacer actividades que aumentan los contactos personales y que sin una cuidadosa protección la transmisión volvería a crecer. En Cataluña la tercera fase de la desescalada, que ya podía ser gestionada por las comunidades autónomas, duró 24 horas.

La semana pasada el Govern de la Generalitat anunciaba que con las nuevas contrataciones que se estaban haciendo se multiplicarían por 12 las personas encargadas de rastrear las transmisiones de la enfermedad. Al terminar el confinamiento anterior sabíamos que el rastreo era una pieza clave para controlar la proliferación de la enfermedad. No se hizo lo suficientemente bien. Después se tardó en hacer cribados masivos. Se pensó que se podía controlar la enfermedad en una situación de alta transmisión. En pocas semanas la enfermedad se volvió a descontrolar y se tuvo que correr a cerrar muchos sectores. Ahora, cuando los hospitales y la atención primaria están sufriendo una gran presión asistencial no se deja de hablar de desescalar. La Rt ha bajado por debajo de 1, un hecho necesario para aplanar la curva de transmisión y hacerla bajar. También para asegurar que la atención primaria y los hospitales vayan recibiendo menos personas afectadas. Pero este es un proceso lento y habrá que pensar muy bien con qué datos se decide desescalar y de qué manera.

En el debate público se habla más de desescalar que de preparar la tercera ola, que vendrá después de la segunda

La presión que ahora se vive para desescalar tiene que ver principalmente con el cierre de determinados sectores comerciales y la imposibilidad que parecemos tener como sociedad de asegurar su mantenimiento por otras vías. En este momento no parece haber ayudas, del tipo que sea, que puedan asegurar la viabilidad de estos proyectos empresariales, que aseguren los trabajos de las personas... Al principio de la pandemia actual se empezaron a plantear algunas aportaciones sobre la necesidad de no volver a la normalidad. La normalidad era la realidad que nos había llevado hasta la pandemia, había que crear otra normalidad que revirtiera las causas de los males que ahora padecemos.

La normalidad que nos llevó hasta la pandemia fue la primera oportunidad perdida. Ya en aquella normalidad muchas voces, muchas organizaciones, movimientos sociales... nos avisaban y buscaban cambiar la dirección del mundo que nos ha llevado hasta aquí. No fue suficiente. Al salir del primer confinamiento entramos en lo que el Gobierno español llamó “la nueva normalidad” y el gobierno catalán, “represa”. Retomar lo que habíamos estado haciendo era insistir en el error, y se ha confirmado. La nueva normalidad no fue más que intentar hacer de otro modo lo que ya hacíamos mal. Ha sido la segunda oportunidad no aprovechada.

La nueva normalidad no fue más que intentar hacer de otro modo lo que ya estábamos haciendo mal

Ahora tenemos una tercera oportunidad. La segunda ola ha comenzado a bajar. Las olas del mar son fenómenos naturales, pero las de la pandemia no. Las olas del covid-19 se crean, crecen y bajan a partir de nuestras acciones como sociedad. La pandemia ya está aquí, ahora no puede desaparecer. Pero dependerá de nuestros comportamientos que evolucione de una manera u otra. En este momento deberíamos conseguir que diferentes cuestiones fueran centrales en nuestra sociedad. Tenemos evidencias para plantear que nuestra acción de deforestación del planeta y de utilización de los animales con los que convivimos está en el origen de la pandemia. Tenemos evidencias para plantear que la falta de políticas de rastreo y de fortalecimiento del sistema sanitario, empezando por la atención primaria y llegando hasta las UCI, está en el origen del mal y las muertes de la pandemia. Tenemos evidencias para plantear que la falta de una fiscalidad que nos permita construir un verdadero Estado del bienestar está en el origen de las crisis económicas, sociales, asistenciales... que estamos viviendo.

Hablamos mucho de la elección entre salud y economía y parece que olvidamos que nuestra sociedad durante demasiado tiempo ha optado por la economía, y lo sigue haciendo ahora. Nuestro sistema político-económico, que precariza la vida, es una buena muestra de ello. Ahora tenemos una nueva oportunidad para no volver a esta normalidad.

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