LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

La música protestará en la red por la catástrofe de las salas

Un concierto en ‘streaming’ el próximo miércoles apelará a las administraciones

El director de la sala Sidecar, Roberto Tierz, junto a la persiana del local.
El director de la sala Sidecar, Roberto Tierz, junto a la persiana del local.Albert Garcia / EL PAÍS

Artistas como Nick Lowe, New York Dolls, Peter Doherty, Manu Chao, The Wedding Present, Mujeres o Sidonie tocan sobre el escenario de una sala. Tras cada fragmento de actuación, apenas una ráfaga, aparece personal de la misma, en silencio absoluto, sosteniendo un cartel con su ocupación: responsables de barras, personal de contratación, seguridad, técnicos de sonido, diseño, disc-jockeys y producción entre otros. No, la música en directo no sólo son artistas, también personajes anónimos que llevan meses sin ver un duro, algunos de ellos en un ERTE del que todavía no han cobrado y con la esperanza diluida en un futuro cada vez más desdibujado por el color negro.

Con este vídeo que ya circula por las redes, la sala Sidecar de Barcelona se ha unido a la campaña ¿El Último Concierto?, una iniciativa de ASSAC (Associació de Sales de Concerts de Catalunya) a la que se ha sumado su alter ego a escala nacional, ACCES, así como las asociaciones correspondientes de Euskadi, Aragón y Madrid. El día 18 a las 20:00h se realizará un concierto en streaming (www.elultimoconcierto.com), en realidad tantos conciertos como salas adheridas a la iniciativa, un total de 108 repartidas por toda España, para reclamar soluciones a una administración que de momento, indican los organizadores, se ha puesto de perfil y desoye el clamor de un colectivo que ha visto cancelados 25.000 conciertos, emplea a unos 5.000 trabajadores directos, se reivindica como cultura y calcula perderá unos 120 millones de euros a finales de año.

Que la música esté esculpida en nuestras neuronas como parte de la vida no ha movido a que la supervivencia de las salas, lugar donde las canciones levantan el vuelo, se haya abordado de manera integral. Es más, según indican en el manifiesto los organizadores del acto “el grado de incidencia de la pandemia en la actividad de este sector es de los más elevados, algo que se contradice con la falta de interlocución con las administraciones y con la casi inexistente ayuda que recibe para tratar de paliar estos efectos”. En el mismo comunicado se asegura que buena parte de las salas no podrán sobrevivir más allá de 2020 —Sidecar, siendo una sala pequeña, tiene unos gastos mensuales de unos 23.000 euros— y se solicita de la administración “la hibernación de los gastos y un sistema de compensaciones económicas proporcionales al grado de afectación”. Entre tanto, y mientras llegan las soluciones, se teme en el sector que teatros y cines acaben suplantando el papel de las salas, lo que ya certificaría su defunción.


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