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La exmujer de Jordi Pujol Ferrusola: “Firmaba sin leer, pensaba que estaba todo bien”

Mercè Gironés declara como administradora de las sociedades con las que el primogénito del ‘expresident’ logró pagos millonarios de empresas

Mercè Gironés, en el centro, a su llegada a la Audiencia Nacional esta semana.Samuel Sánchez

Mercè Gironès no solo fue mujer de Jordi Pujol Ferrusola, sino la administradora de las sociedades con las que el primogénito facturó sumas millonarias a empresas españolas. Pero poco sabía de su actividad, según ha declarado este martes en el juicio contra los Pujol en la Audiencia Nacional, en el que también está acusada. Gironès, que ha respondido solo a preguntas de su abogado, se ha presentado como una mera ejecutora de las directrices de su marido: “Firmaba sin leer, porque pensaba que todo estaba bien hecho”, ha dicho en una declaración en la que ha defendido a Júnior como profesional, pero no tanto como marido. “Nunca dudé de sus trabajos. De otras cosas sí”.

Y eso que Jordi Pujol Ferrusola la había puesto en un compromiso en esta recta final del juicio. El primer día de su declaración, resaltó el papel activo de su mujer en el funcionamiento de las empresas. Este martes, sin embargo, ha evitado mencionarla siquiera —“no hablaré de la madre de mis hijos”— consciente, quizás, de que después le tocaba a ella. Oriol Rusca, el abogado de Gironès, ha alabado la “galantería” del exmarido, de modo que los daños que se han infligido el uno al otro, al menos en la materia que afecta al juicio, han sido mínimos. En lo personal ha sido otra cosa.

La acusada se ha presentado como una mujer que tuvo que abandonar la carrera de Derecho y ocuparse de los tres hijos de la pareja solo para ver cómo, en 1996, Jordi Pujol la abandonaba (por primera vez). Nerviosa, al borde de las lágrimas, ha contado cómo el primogénito del expresident le hizo firmar ante notario que “buscaría trabajo en un año para ayudar a mantener a los hijos” y le ofreció, en paralelo y a modo de compensación, algo menos de 200.000 dólares en una cuenta corriente en Andorra. Júnior la abrió para ella y así empezó el vínculo de Gironès con ese país, pese a que ha asegurado que, a diferencia de su exmarido, nunca hizo nada por hacer crecer ese depósito. Ha asegurado que en aquel momento “no sabía nada de la deixa”, el supuesto legado de Florenci Pujol, padre del expresident, que según la versión de la familia es el origen de los fondos andorranos.

La pareja retomó la relación y fue entonces cuando Jordi Pujol Ferrusola la situó como administradora de las sociedades que están en el epicentro de la investigación. La primera fue Imisa. “Me dijo que iba a abrir una empresa para poder trabajar él y si puedo ser administradora. Para ayudarle, le dije que sí. Me dio el 50% de las acciones”, ha detallado Gironès. El patrón se repitió y, en el caso de Active Translation, dice que su marido le dio las “instrucciones” para adquirirla, puesto que no quería que uno de sus socios conociera el negocio que tenía entre manos. “Me dijo has de ir a tal sitio, ingresar en tal cuenta… Era todo lícito porque era un negocio privado y todos tenemos derecho a hacer negocios privados, ¿no?”.

Durante años, empresas de sectores muy diversos (algunas, adjudicatarias de la Generalitat) hicieron pagos millonarios a empresas de Jordi Pujol Ferrusola por supuestos servicios de asesoramiento basados en la “información privilegiada” de la que él disponía. La Fiscalía pone en duda la realidad de esos trabajos (hay facturas, pero no contratos escritos) y cree que fueron una tapadera para canalizar el pago de mordidas a cambio de la adjudicación de obra pública bajo los gobiernos de Jordi Pujol. Júnior era el único protagonista de esos negocios, ha subrayado Gironès.

“No tenía ni la llave de la oficina”

“No tengo la capacidad ni la hiperactividad de mi exmarido. No tomaba decisiones, no buscaba clientes, nunca he hablado con estos señores acusados aquí de facturas ni de pago”, ha dicho en alusión a los empresarios, que también se sientan en el banquillo del caso Pujol y que declararán en los próximos días. “No tenía ni la llave de la oficina”, situada en la calle Ganduxer de Barcelona, pero sí “pasaba algún día a saludar”. Y aunque no trabajaba, ha explicado que le asignaron “un sueldo como administradora” que iba directamente a la cuenta común del matrimonio para afrontar los gastos cotidianos.

Gironés ha relatado cómo 2013 fue un año horrible para ella, después de que la declaración de Victoria Álvarez provocase el inicio de una investigación en la Audiencia Nacional contra su marido. “Esta señora decía que era su pareja, pero yo vivía con él, así que será la examante”, ha explicado, indignada. Dos años antes, Jordi había vuelto a dejar la relación con una llamada telefónica desde México. “Me dijo que no iba a volver”. La separación fue conflictiva. Una noche, en casa, discutieron. “Le dije que se había portado muy mal conmigo. La respuesta fue un poco sorprendente, porque yo le hablaba de temas emocionales y él me dijo que se había portado bien porque me había dado la mitad de lo que tenía. Me salió del alma decirle que eso era mentira”.

El temor de Jordi Pujol Ferrusola a que su mujer le reclamara más dinero en Andorra le llevó a presionar a su padre para que firmase, de su puño y letra, una carta afirmando que era el verdadero titular de una de las cuentas. Un ardid que ha llevado a los investigadores a sostener, a lo largo del procedimiento, que el expresidente catalán tuvo una cuenta en Andorra, algo que ha sido negado de forma tajante por él mismo y también por los miembros de la familia. Gironès también parece tener claro que se trataba de un ardid. “Lo hizo para protegerse, por si yo le pedía dinero. Pero no tiene nada que ver con Jordi Pujol”.

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