El Gobierno aplaza distinguir los regadíos históricos como Patrimonio Cultural Inmaterial
El Ministerio de Cultura inició el proceso en septiembre y ahora suspende la candidatura para “reformularla” ante las “sustanciales” alegaciones recibidas

España está cruzada de arriba a abajo y de este a oeste por miles de kilómetros de regadíos y acequias históricas, y no solo en el territorio peninsular, también en el insular. En septiembre pasado, a instancia de diversas comunidades de regantes y autonomías, el Ministerio de Cultura inició el expediente que consideraría los llamados Sistemas Históricos y Tradicionales de Regadío, SHTR, como Manifestaciones Representativas del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, paso necesario para que la Unesco después tomara la misma medida a nivel mundial. A mitad del proceso, Cultura ha cancelado esta petición, tanto para el trámite nacional como el internacional. Una portavoz ministerial asegura que “se recibieron alegaciones suficientemente sustanciales como para posponer” esas candidaturas e iniciar “una reformulación del proyecto”.
Aquella distribución de agua a través de acequias y acueductos comenzó en el periodo romano, si bien, explican los especialistas, se trataba de agua para consumo humano o animal ―por eso se tapaban― o para jardines y huertas dentro de las fincas. El gran regadío agrícola se remonta en España a 1.000 años atrás, con muchas de aquellas infraestructuras aún en pie. En realidad, son sistemas mucho más complejos que las meras infraestructuras: usos del agua, costumbres sociales, conocimientos del entorno y paisajes.
José María Civantos, investigador de la Universidad de Granada y director del proyecto MEMOLab: Laboratorio de Arqueología Biocultural, es uno de los redactores del informe ―junto a Estefanía Fernández y Elena Correa― que sirvió para iniciar el expediente. Ese documento, resumido, es el que sirvió a Cultura para anunciar en el Boletín Oficial del Estado el arranque del proceso. La publicación abría un plazo de alegaciones a quienes tuvieran interés en el asunto, y que ha recibido propuestas que parecen haber convencido a Cultura de que no es el momento.

En cualquier caso, la definición que ofrece la Unesco sobre qué es un riego tradicional retrata bien el sistema español: “Utiliza la gravedad y construcciones artesanales, como canales y acequias, para distribuir el agua desde puntos de captación naturales hasta los campos. Quienes lo practican, eligen periodos concretos para desviar manualmente el agua, y el inicio o el final de la temporada de riego suele ir acompañado de reuniones sociales y festividades”. Además, este riego “requiere un profundo conocimiento del paisaje natural, del flujo del agua y de las condiciones meteorológicas, así como una estrecha cooperación entre las personas responsables de distribuir el agua (…) La práctica suele transmitirse a las generaciones más jóvenes (...) Para quienes lo practican, el riego tradicional y los sistemas de canales centenarios asociados a esta práctica son fuertes referentes de identidad”.
Civantos insiste en la importancia de mirar más allá de las infraestructuras. “En los sistemas históricos de regadío conviven muchas dimensiones ―culturales, sociales, productivas, ambientales y paisajísticas― y durante siglos sus usuarios han guardado conocimientos, técnicas de trabajo y relaciones sociales” con tanto valor como el de las “acequias, azudes, albercas, etc”.
Fran Vílchez, presidente de la Asociación de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de Andalucía, que también ha impulsado la solicitud en España, explica su sorpresa no solo por el parón, sino por el desinterés hasta el momento. “La Unesco ya tiene declarados como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad los regadíos históricos de Austria, Bélgica, Alemania, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza, mientras nosotros, con lo que tenemos, no solo no avanzamos, sino que ahora el ministerio para todo sin dar explicaciones”, se queja. Vílchez menciona en este punto que su comunidad de regantes, la de Cáñar, en la Alpujarra granadina, “está documentada ya en el siglo XVI”, aunque señala la probabilidad de que funcionara antes porque los asentamientos datan del siglo XII.

El informe firmado por Civantos hace una revisión exhaustiva de la historia y distribución de estos sistemas de riego y viene a mostrar como la agricultura intensiva de regadío surge en Al Andalus y se va expandiendo a toda España de modo que en cualquier comunidad se encuentran casos de regadío tradicional. Se incluye la Acequia Real de Villareal (Castellón) y su presencia se extiende por el norte de Extremadura, las sierras de Gredos y Guadarrama, la Cordillera Cantábrica y Galicia. Estas instalaciones, según el informe, “entroncan con la tradición medieval europea, a partir del siglo XII”.
La petición de reconocimiento de los regadíos tradicionales de España pasa primero por ser reconocida en el ámbito nacional y a partir de ahí en el internacional. En el de la Unesco, la candidatura es conjunta con países como Francia, Grecia o Portugal. Desde Cultura justifican también la parada del expediente en España porque su reformulación “retrasaría la solicitud de estos otros países”.
Los impulsores de este reconocimiento aseguran que había muchas instituciones apoyándolo. “El procedimiento surge de las comunidades de regantes tradicionales, que lo solicitan a sus comunidades autónomas, que serán quienes se adhieren a la petición y la trasladan a Cultura. Así se hizo desde Andalucía y se hizo desde Extremadura. El resto de comunidades fueron consultadas y me consta que todas respondieron a favor, excepto Cataluña, que sencillamente no respondió”, explica Civantos. Y añade: “España habló con el Ministerio de Cultura francés y por eso surgió la candidatura conjunta”.
Civantos achaca el parón del proceso a presiones de otras administraciones, con políticas contrarias. Primero, dice, está el Ministerio de Agricultura, “con una política centrada en la tecnificación, intensificación y digitalización del riego para la producción masiva”. Luego, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico: “Ahí conviven dos almas: organismos como la Fundación Biodiversidad, que apoya los regadíos históricos, con las confederaciones hidrográficas y la Dirección General del Agua, con una visión contraria, alineada con la modernización y la eliminación de infraestructuras fluviales”.
Este diario ha pedido concreción en cuanto al número de alegaciones, su procedencia y su línea argumental al Ministerio de Cultura, que no ha querido dar detalles por considerar ”confidenciales” esos datos. Tampoco los ministerios de Agricultura o Transición Ecológica han respondido a este diario si habían presentado o no alegaciones y en qué sentido. La sorpresa por la negativa es grande para los impulsores porque, como concluye Civantos, “hay que tener en cuenta que al ser Patrimonio Inmaterial, no hay una protección efectiva material. Es solo dar un reconocimiento a las prácticas, conocimientos y estilos de vida”.
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