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Sánchez da a Montero las llaves de la legislatura

El Gobierno basculará sobre la vicepresidenta primera y el ministro Bolaños, mientras que las elecciones gallegas amenazan con bloquear cualquier negociación y el PSOE reconoce que la estabilidad de Sumar es la suya propia

Traspaso de la vicepresidencia primera del Gobierno de Nadia Calviño a María Jesús Montero, el pasado 29 de diciembre.
Traspaso de la vicepresidencia primera del Gobierno de Nadia Calviño a María Jesús Montero, el pasado 29 de diciembre.Jaime Villanueva
Anabel Díez

No sería real afirmar que el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, no tiene quien lo defienda. Desde el Gobierno y desde su partido se sale en su defensa con frecuencia diaria, ya que diarios suelen ser los ataques personales y políticos que recibe. Aun así, el jefe de Gobierno ha otorgado más poder a María Jesús Montero, con su ascenso a la vicepresidencia primera. La también ministra de Hacienda ejercerá como su número dos tanto en el Ejecutivo como en el partido, donde es vicesecretaria general. En ella confluirán todas las competencias de negociación con los grupos afines, con los más alejados y con los que se encuentran absolutamente en sus antípodas, como el PP. A ella le corresponde poner en marcha la negociación sobre financiación autonómica, con el suplemento de la quita de la deuda que las comunidades tienen contraída con el Estado. Su habilidad para negociar con las posiciones más alejadas y el conocimiento exhaustivo de los temas han hecho de Montero la persona de mayor confianza del presidente. Sobre ella y sobre el ministro de la Presidencia y de Justicia, Félix Bolaños, bascula todo el Ejecutivo, señalan diferentes interlocutores gubernamentales.

Las exigencias de los independentistas, tanto de ERC como de Junts, van a obligar al Gobierno a un esfuerzo permanente para que el trato singular a Cataluña no se convierta en un escándalo continuo por las denuncias del resto de comunidades autónomas. Habrá quita de la deuda para todos, y se intentará hasta lo imposible para que la reforma del caducado modelo de financiación autonómica sea una realidad, sin fijarse un horizonte temporal cerrado. ¿El PP rechazará la quita y la puesta en marcha de un nuevo reparto en los recursos de las comunidades autónomas? Esta pregunta de interlocutores gubernamentales la responden con un “negociarán y no rechazarán las indudables mejoras, además de la quita de la deuda”. Pero no existen certezas absolutas.

Desde la salida del Gobierno de Carmen Calvo y también del ministro de Transportes, José Luis Ábalos, en julio de 2021, la figura imprescindible en todo Ejecutivo de parapeto del presidente no estaba definida. Cada ministro está centrado en su área de competencia y aunque los miembros del Gabinete han ejercido la defensa del presidente cuando ha tocado, no es suficiente. Aquí las teorías sobre que Pedro Sánchez se ha expuesto en exceso no son coincidentes. Para algunos ha hecho lo que tenía que hacer. Incluso algo tarde, de forma que tuvo que multiplicarse en las últimas elecciones generales y ponerse como blanco de los ataques y protagonista. Para otros, debe estar más acompañado, como durante años lo estuvieron Felipe González con Alfonso Guerra y José María Aznar con Francisco Álvarez Cascos. En ambos casos no se trataba solo de dar la cara, sino de estar en todas las decisiones y negociaciones de trascendencia.

Junto a María Jesús Montero, con otros cometidos delicados, estarán Félix Bolaños y la ministra de Educación, Pilar Alegría, en la portavocía del Ejecutivo. Un Gobierno “de trinchera”, ha bautizado el PP. Ese concepto no se ajusta del todo a la pretensión de Pedro Sánchez al elevar a Montero. El Gobierno no va a estar agazapado en la trinchera, sino en negociación permanente, señalan fuentes socialistas. Entre otras razones, por exigencia de la aritmética parlamentaria. Sánchez no se puede permitir disensiones en el partido cuando la dureza de la legislatura exigirá tener la casa en paz. María Jesús Montero, de nuevo ella, como vicesecretaria, y la imprescindible tarea del secretario de Organización, Santos Cerdán, garantizarán la estabilidad interna, según fuentes cercanas al líder socialista. Explicar qué y por qué se adoptan determinadas políticas, sobre todo en relación con los independentistas, también debe hacerse de puertas hacia dentro.

En la negociación permanente entra, y muy de lleno, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, al frente de Sumar. María Jesús Montero es un factor relevante en el mantenimiento de canales fluidos entre el PSOE y Sumar. Ambas políticas tienen una excelente relación y hasta ahora las discrepancias no han socavado el afecto personal y político. Este será un cambio sustancial dada la discusión continua en la que convivían la exvicepresidenta primera Nadia Calviño y Yolanda Díaz. Montero y Bolaños negociarán con todos los grupos. Desde luego con Podemos, cuyos cinco votos son imprescindibles. Pero en el PSOE preocupa mucho el enconamiento de la disputa entre el Movimiento Sumar y Podemos. “La estabilidad de Sumar es nuestra estabilidad”, remachan interlocutores del primer partido de la izquierda.

Todos los planes del Gobierno para comenzar la negociación sobre financiación autonómica chocan con la cercanía de las elecciones gallegas en febrero. “No hay negociación autonómica si no se aborda la financiación de los ayuntamientos”. Esta condición de Elías Bendodo, vicesecretario de política autonómica y local en el PP, ha sido acogida en el Gobierno como una broma amarga: “¿Otra vez?”. Se refieren al largo listado de argumentos y excusas por los que una y otra vez se rompía la negociación sobre la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Mientras tanto, ministros y dirigentes del PSOE han salido a defender a Pedro Sánchez después de que el último día del año varios centenares de personas se concentrarán frente a la sede nacional del partido en la madrileña de Ferraz. Allí vejaron, golpearon y ahorcaron a un muñeco con apariencia del líder socialista. El PSOE estudia acciones legales dentro de los delitos de odio.

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Sobre la firma

Anabel Díez
Es informadora política y parlamentaria en EL PAÍS desde hace tres décadas, con un paso previo en Radio El País. Es premio Carandell y Josefina Carabias a la cronista parlamentaria que otorgan el Senado y el Congreso, respectivamente. Es presidenta de Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP).
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