La caída del Estrecho como ruta migratoria coincide con la recuperación de las relaciones con Marruecos

Expertos y ONG explican la menor presión en la zona por los acuerdos con el país vecino, aunque le dan un carácter “circunstancial”

Un grupo de migrantes rescatados en el estrecho de Gibraltar espera en el puerto de Tarifa en septiembre de 2019.
Un grupo de migrantes rescatados en el estrecho de Gibraltar espera en el puerto de Tarifa en septiembre de 2019.MARCOS MORENO (AFP)

Nabil Kseibar no está seguro a ciencia cierta cuántos días estuvo en el mar. Sabe que salió de la costa marroquí próxima a Rabat el pasado 9 de agosto y calcula que, al menos, fueron tres días de navegación a bordo de una patera con otros 74 jóvenes. “En la noche, escuchaba el ruido de helicópteros, pero no sabía de dónde venían”, explica el joven de 30 años, con la ayuda de la intérprete Btissam Arsalan, ya a salvo desde un centro de la ONG CEAR San Roque (Cádiz). Al final, llegó a Tarifa, pero es consciente de que se la jugó. “Me enteré de que ahora hay más control en el norte”, añade Kseibar. A lo que Arsalan añade: “Ahora salen más desde otras zonas del sur porque el norte está muy difícil”.

El Estrecho de Gibraltar se ha desinflado en los últimos tiempos como ruta migratoria a Europa, coincidiendo con la mejoría de las relaciones entre España y Marruecos. Las cifras y la observación al pie de la costa gaditana de expertos y ONG dan contexto a la peligrosa experiencia de Kseibar. Según los datos del Ministerio del Interior, de los 9.766 personas que llegaron en 2021 se ha pasado a las 6.359 de este año. Las cifras, ya de por sí, son bajas en comparación con los 54.703 rescatados que se registraron en 2018, momento en el que se contabilizaron más llegadas por vía marítima a la península.

El cambio de tendencia en el Estrecho es, en realidad, una excepción en una Europa en la que todas las rutas migratorias crecen. En números totales, las llegadas a España han bajado un 12,9% entre enero y agosto, según la misma estadística de Interior.

Pero la caída se ha visto moderada por la fuerte subida de la ruta canaria, más peligrosa y mortal, que ha registrado en el mismo periodo 10.637 migrantes, un 14,9% más que el año anterior. “La sensación es que todo está muy tranquilo, hay alguna patera y moto de agua. Puede seguir así o cambiar. La experiencia nuestra es que la inmigración es un arma arrojadiza”, resume Andrés Peña, delegado de la Asociación Pro Derechos Humanos en el Campo de Gibraltar. “La única explicación es el mayor celo marroquí”, especifica Alejandro del Valle, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Cádiz y experto en el Estrecho, en referencia a la recuperación de las relaciones entre ambos países tras la grave crisis de mayo de 2021 y el cambio de posicionamiento español sobre el Sáhara.

Después de aquellas imágenes de colapso vividas en la primavera de 2018 con migrantes hacinados en los puertos y en calabozos de comisarías gaditanas, provocadas por la falta de medios de respuesta dimensionadas al incremento de llegadas, el Gobierno puso en marcha dos recursos temporales. Interior invirtió 3.5 millones —financiados en un 90% por la Comisión Europea— para habilitar un Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) en una nave portuaria de San Roque y el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones creó un centro de estancia temporal atendido por Cruz Roja, como segundo lugar de estancia. Cuatro años después, por ese centro de detención para las 72 primeras horas ya han pasado 19.149 personas, según cifras de Interior, aunque en el Gobierno no se plantean por ahora construir un recurso estable.

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“Aunque las llegadas hayan caído, no ha dejado de llegar, pero por goteo”, resume Lidia Hernández, coordinadora de Acción Humanitaria de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), una de las ONG presente en el CATE. A ese flujo constante han contribuido las embarcaciones de madera a motor con capacidad de hasta 50 personas y procedentes de Casablanca, Kenitra o Larache; las embarcaciones toys, neumáticos de camión o kayaks desde Tánger y las zodiacs o botes de pesca deportiva desde Ceuta, según las principales formas de llegadas que tiene documentadas la ONG en su informe 2021. En todos los casos, CEAR constata que mayoritariamente son personas de origen marroquí o magrebí que, desde la pandemia, en la mayoría de los casos acaban derivados a los centros de ayuda humanitaria que tiene la entidad en Andalucía.

Así llegó Nabil Kseibar al centro de CEAR en San Roque, después de recibir un trato de la policía española que no esperaba “tan bueno”, como explica por videollamada con la ayuda de Arsalan. Kseibar, conductor de camiones de profesión, se pasó meses cavilando cruzar el Estrecho, atraído por emular el aparente éxito que exhiben todos esos compatriotas que, cada verano, regresan por vacaciones a sus ciudades de origen “con coches y sueldos buenos”. El joven tuvo que pagar hasta 2.500 euros a una mafia por el viaje, aunque le consta que algunos compañeros de patera llegaron a desembolsar hasta 4.000 euros.

Motos de agua

Si Kseibar hubiese intentado cruzar el Estrecho a bordo de una moto de agua, seguramente le hubiese sido más caro. “Hasta 8.000 euros llegan a pagar”, apunta Paco Cuevas, de la asociación de ayuda a los migrantes Dimbali, de Jerez. A finales del pasado mes de agosto, la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) denunció cómo esta vía de llegada de migrantes, existente en el Estrecho desde hace años, estaba incrementándose. “Hemos notado que lo han normalizado y se están especializando. Lo ocasional es ahora habitual. En vez de venir una o dos, vienen cuatro o cinco. Cuando hay problemas, [los pilotos] sueltan a los inmigrantes a una distancia considerable de tierra”, denuncia Mari Carmen Villanueva, secretaria provincial de AUGC.

La Guardia Civil confirma el ascenso y ya ha documentado la llegada de 288 personas en 147 motos de agua, según datos aportados a EL PAÍS. Sin embargo, las mismas fuentes aseguran que la subida es “fruto de una moratoria que había introducido Marruecos a la prohibición de uso motos de agua que acabó en septiembre, por lo que el fenómeno debería ir decayendo”. Ana Rosado, de la APDHA no cree tampoco que sea un fenómeno que vaya a crecer mucho más: “Las motos siempre han estado entrando porque es un medio más difícil de detectar”.

Mientras el goteo constante y pausado de llegadas se mantiene bajo, pocos se atreven a vaticinar qué será del Estrecho en los próximos meses. Marruecos recibirá en los próximos meses hasta 500 millones de la Unión Europea y el aumento de la colaboración para evitar la salida de pateras parece evidente, aunque el Sáhara Occidental —región controlada por el país del Magreb— sigue siendo el punto del que salen casi todas las embarcaciones que se dirigen a Canarias. En ese contexto, Del Valle ve posible que Cádiz vuelva a despuntar: “Va a ser algo circunstancial, esto puede variar porque la presión siempre va a estar ahí. Esta es una ruta sujeta al vaivén político. España no ha hecho el cambio de posición del Sáhara con estrategia ni análisis de escenarios. No sabemos cómo salir. En alguno de los pasos que demos, seguro habrá consecuencias en el Estrecho”.

Ruido en Algeciras a cuentas de un CETI que no se hará

Un migrante, rescatado en el puerto de Algeciras en 2020.
Un migrante, rescatado en el puerto de Algeciras en 2020.
J. A. Cañas

En medio de esta calma de llegadas que experimenta el Estrecho, el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce ha sido capaz de caldear un debate que parecía inexistente. A finales de agosto anunció su rechazo a que el Ministerio de Inclusión construyese un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), un espacio en el que los migrantes no están privados de libertad. El regidor del PP que, en su momento, se convirtió en el único alcalde que sí estaba a favor de construir un CIE, donde sí están retenidos. Landaluce justificó su postura en que “la ciudad ya ha sido solidaria con el país” y consiguió generar un debate político en el que el propio PSOE de la ciudad llegó a posicionarse en contra del nuevo edificio. Al final, el Ministerio ha asegurado que era solo una posibilidad en estudio que ya han descartado. Para Andrés Peña, delegado de la APDHA en el Campo de Gibraltar, el debate azuzado por Landaluce solo es entendible desde “el punto de vista electoral”. Nuestro alcalde quiere ganar muchos votos por la parte derecha y ha comprado el discurso de VOX y le ha venido muy bien. Los argumentos son lamentables (…). En Algeciras conviven distintas procedencias y no hay problema. El 10 o 15% de la población es de procedencia inmigrante en Algeciras”.

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Sobre la firma

Jesús A. Cañas

Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

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