La jueza concluye que la muerte de un adolescente en un centro de menores de Valladolid fue “natural”

El juzgado de instrucción archiva la investigación por el fallecimiento de Koussai Dhouaifi, un joven tunecino durante una actuación de los guardias de seguridad

Algunos internos en el Centro Regional de Menores Zambrana, de la Junta de Castilla y León, uno de los tres de titularidad pública en España, para menores infractores. EFE/Ricardo Suárez
Algunos internos en el Centro Regional de Menores Zambrana, de la Junta de Castilla y León, uno de los tres de titularidad pública en España, para menores infractores. EFE/Ricardo SuárezRicardo Suárez (EFE)

La muerte de Koussai Dhouaifi fue un accidente. La jueza que ha instruido la investigación del fallecimiento del adolescente tunecino en el centro de menores Zambrana de Valladolid ha concluido que la defunción no se debió a la acción de los dos guardias de seguridad encausados por el suceso. La magistrada considera que no hubo negligencia en su labor al retener al joven ante un brote de agresividad el pasado marzo. “La muerte se produjo durante la contención, pero no como causa de la misma, situación que ni era previsible, ni era evitable, tratándose, por tanto, de una muerte natural, aunque en el informe forense se hable de muerte violenta como consecuencia de la ira desplegada por el menor en el momento de la reducción”, sostiene la jueza.

La sentencia se apoya en la autopsia que se hizo al muchacho, de 17 años aunque en el Zambrana había afirmado que tenía 14, así como sobre los interrogatorios realizados sobre los acusados y los testigos. Tanto los tres educadores que trabajaron con el norteafricano el día del deceso, el jueves 3 de marzo, como los dos hombres que lo redujeron, declararon en el juzgado de instrucción que Koussai se había alterado, algo que ocurría con frecuencia, y que tras verse los monitores superados, fue necesaria una contención física y otra mecánica, con esposas, para controlarlo. “La clave para ver si los investigados pudieron actuar de forma negligente radica en determinar si el menor presentaba signos de asfixia. El informe forense es tajante en este sentido, los hallazgos de la autopsia descartan esta hipótesis”, recoge el pronunciamiento judicial, que sostiene que el cuerpo, que permanece en el depósito de cadáveres de Valladolid a la espera de que sus familiares se hagan cargo de él tras la dilación por el proceso judicial, no presentaba signos de que se le taponaran la nariz o la boca, ninguna señal de asfixia o estrangulamiento ni presiones en el tórax. Fuentes cercanas al caso aseguraron a EL PAÍS que la contención se produjo con el menor boca abajo, una táctica no recomendada por su riesgo de ahogamiento, pero el dictamen de la jueza resuelve que no tuvo influencia en la muerte.

Los adultos que redujeron a Koussai, prosigue la magistrada, no emplearon “fuerza inusitada o desmedida” y la muerte tiene por causa fundamental un “delirio agitado” durante la acción de los guardias. “El menor sufrió un ataque de ira, a la que era propenso, y la contención le impidió liberar la ira o agitación, con liberación de adrenalina que le provocó una parada cardiaca [...] aunque en el informe forense se hable de muerte violenta como consecuencia de la ira desplegada por el menor en el momento de la reducción”, zanja la titular del juzgado de instrucción 5 de Valladolid. Asimismo, se admite que no se ha podido confirmar la teoría inicial de que el fallecido tuviese un corazón más grande de lo normal, una patología que podría haberle provocado problemas cardíacos, circunstancia que tampoco tuvo que ver en su muerte.

El menor tunecino había llegado al Zambrana a principios de este año, unas semanas después de que fuese hallado vagando por Valladolid. Antes pasó por diversos centros en los que su actitud violenta provocó varios incidentes. Estas conductas disruptivas lo condujeron al Zambrana, gestionado por la Consejería de Familia de la Junta de Castilla y León y conocido por ser el lugar adonde se remiten los casos más complicados o virulentos. Hace algo más de un mes que el padre del difunto, de nombre Moez, se dirigió a la ciudad vallisoletana para reconocer el cadáver de su hijo, a quien no había visto desde que este se embarcó rumbo a Italia en 2017. Entonces el joven inició un periplo vital que lo llevó por Italia, Suiza o Alemania antes de recalar en España.

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Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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