Fatima H. Hossain: “Vox fomenta el miedo en Ceuta con fines electoralistas”

La portavoz del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía estudió Derecho para salir de un barrio presidido por “la prisión, los tiroteos y la marginalidad”

Fatima Hamed Hossain, portavoz del Grupo Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía en Ceuta.
Fatima Hamed Hossain, portavoz del Grupo Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía en Ceuta.PACO PUENTES (EL PAIS)

Si hasta ahora no sabían quién es, asómense, por favor, a su cuenta de Twitter y vean de qué forma Fatima H. Hossain (Ceuta, 44 años) defiende que un hindú, un judío o una musulmana como ella pueden ser y sentirse igual o más españoles que Santiago Abascal, a quien, por cierto, la Asamblea de Ceuta declaró en julio persona non grata a propuesta del grupo Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, que ella lidera.

Pregunta. En el barrio de Ceuta en el que nació no había un parque donde jugar.

Respuesta. Sigue sin haberlo.

P. ¿Por eso ha puesto en la primera línea de su currículo que nació en la calle Narváez Alonso? ¿Qué significa nacer allí?

R. Significa nacer en una de las zonas más olvidadas y abandonadas de la ciudad, conocer la exclusión social de primera mano. Significa haber estado en contacto con personas necesitadas, desatendidas siempre por la Administración, personas a las que se ha condenado a vivir al margen de la sociedad.

P. ¿Su familia también?

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R. Recuerdo que mi padre tenía que pedir a veces dinero prestado para poder comprarme los libros. Y a muchos profesores haciendo el esfuerzo por darnos fotocopias o dictándonos cuando veían que no podíamos tener todo el material. Y, a partir del bachiller, siendo plenamente consciente de que tenía que sacarme la beca cada año para seguir estudiando.

P. Ha contado que los tiroteos, la prisión y la marginalidad de su barrio la empujaron a estudiar Derecho.

R. Se me parte el alma cada vez que paso por allí y veo a los chicos de veintipocos años apoyados en la pared porque no tienen nada que hacer y nadie se acerca a ofrecerles alguna opción para formarse o trabajar, para sacarlos de esa exclusión y de ese círculo vicioso en el que viven. Muchos no tienen recursos ni para coger el transporte público y bajar al centro. Sé que puede resultar extraño hablar de periferia o extrarradio en Ceuta, que apenas tiene 20 kilómetros cuadrados, pero parece que siempre ha existido interés en ese abandono. La Administración tiene que ofrecer alguna alternativa a esa desmotivación.

P. Una parte de los ceutíes tiene miedo de terminar algún día en manos de Marruecos ¿Es Ceuta una causa perdida?

R. No, nunca. En absoluto. Se ha fomentado ese miedo con un interés absolutamente electoralista y político. Durante un tiempo lo hizo el Partido Popular y ahora es Vox. Pero en pocos rincones de este país se es tan patriota como en Ceuta, tal vez porque en otros sitios no existe esa necesidad de reivindicar la nacionalidad. La ultraderecha juega con eso para vender que la españolidad solo está garantizada con ellos. Y es todo lo contrario. Cuando había que sumar esfuerzos, ellos no estaban.

P. ¿A qué se debe ese ensañamiento con usted en los plenos?

R. Los ataques de Vox están basados exclusivamente en el odio y en su concepto excluyente de un país en el que solo caben ellos. Lo que yo hago es debatir sin complejos, porque no solo me atacan a mí, sino a toda la población musulmana [la mitad de sus 85.000 habitantes] y a las personas que creen en la convivencia. Nunca había conocido a personas con una mente tan limitada, incapaces de dialogar ni contraponer ideas.

P. ¿No ha llegado a sentir miedo de que algún día gobiernen?

R. No, no, no… El pueblo es soberano y será el pueblo el que decida qué Gobierno quiere. Pero, incluso poniéndonos en lo peor: ¿Qué van a hacer si ganan la ciudad o el país? ¿Una hoguera y meterme a mí y a los demás que no pensemos igual que ellos? La ley está por encima de todo. Hay una Constitución y un marco normativo que esta gente no puede transgredir.

P. Y en lo personal, ¿tampoco ha sentido temor?

R. Esto no lo ponga [dice sonriendo y en tono de broma], pero la gente de barrio no tenemos miedo.


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