El Gobierno y el partido se fusionan más que nunca en el congreso de Valencia

Hasta la tecnócrata Calviño, independiente y sin escaño, se emociona al decir que viene de “familia socialista” y que sus abuelos republicanos estarían orgullosos de ella

La vicepresidenta primera, Nadia Calviño, recoge el premio Manuel Marín en el congreso del PSOE. En el vídeo, el discurso de agradecimiento de Calviño.epv

En julio, cuando hizo el cambio de Gobierno más radical de cuantos se recuerdan desde la recuperación de la democracia, Pedro Sánchez tomó una decisión de fondo: volver al PSOE, fusionar al máximo Gobierno y partido y abandonar la etapa en que La Moncloa —dominada por Iván Redondo, ajeno por completo a la cultura del PSOE— vivía al margen de la cúpula de los socialistas, y en ocasiones abiertamente enfrentada a ella. El congreso de Valencia está rematando este giro estratégico que tiene un trasfondo electoral: Sánchez quiere a todo el partido unido y activo ante las elecciones más difíciles, las de 2023 —municipales, autonómicas y, por último, generales—, en las que el riesgo de que el PP y Vox lleguen a La Moncloa es muy real, y además hoy hasta el CIS da un aviso a los socialistas.

Todos los ministros del sector socialista, incluidos los independientes, están en Valencia con un protagonismo muy fuerte en la tribuna. Y entre ellos, en este primer día, destaca la presencia de Nadia Calviño, una tecnócrata ajena al PSOE —nunca ha tenido carnet ni parece que tenga planes de tenerlo— que La Moncloa está tratando de convertir en el referente político incluso en las sesiones de control en el Congreso, donde como vicepresidenta primera cada semana sube su perfil y se enfrenta abiertamente al PP. Calviño es un caso claro del giro estratégico de esta fusión entre Gobierno y partido. Su trayectoria es completamente ajena a la tradición de los pata negra socialistas. Estuvo 12 años en Bruselas como alta funcionaria. No ha querido ser diputada, al contrario que la práctica totalidad de quienes eran miembros del Gobierno en 2019, para mantener su perfil independiente. Sus posiciones ortodoxas en política económica han generado muchos recelos internos en el PSOE en estos tres años. Y sin embargo hoy, para sorpresa de muchos dirigentes, ha sacado su lado más cercano al alma socialista.

Emocionada al recibir el premio Manuel Marín con Anne Hidalgo, la alcaldesa de París; Javier Lambán, presidente de Aragón, y Ángel Víctor Torres, presidente de Canarias, Calviño, hija del que fuera director de la primera RTVE bajo el mandato de Felipe González, se reivindicó de “familia socialista”. “Estoy emocionada porque este es un premio del PSOE. Soy de familia socialista. Este partido ha estado conmigo toda mi vida. He descubierto recientemente que yo estaba, con ocho años, en la foto de la primera campaña electoral agarrando una rosa. Ese compromiso me llevó a aceptar la propuesta del presidente Sánchez en 2018″, ha explicado. Después ha admitido que ella era una gran desconocida para todos los socialistas: “Todos me acogisteis sin conocerme en absoluto”. Y ha rematado ya con la voz casi quebrada: “Soy de familia republicana. Solo tengo la pena de que no vivan mis abuelos para verme como vicepresidenta de un Gobierno socialista”.

Calviño es la única integrante del Ejecutivo que subió dos veces a la tribuna en el mismo día, una por el premio y otra en una mesa sobre digitalización. Pero no es la única ministra con un gran protagonismo en el congreso. Otra gran estrella, este sí pata negra del partido de siempre, es Félix Bolaños, ministro de la Presidencia y hombre clave de La Moncloa, donde ha ocupado todas las responsabilidades que tenía Carmen Calvo y alguna más. Todos los caminos del Gobierno —e incluso en muchas ocasiones del partido— conducen a Bolaños, negociador en la sombra de casi todo, desde el Consejo General del Poder Judicial a la moción de Murcia, pasando por las listas en Madrid. De hecho, todos los dirigentes consultados dan por hecho que Bolaños será uno de los miembros del Gobierno que se incorporará a la Ejecutiva del PSOE renovado que saldrá del congreso de Valencia, aunque es muy probable que no sea el único.

Otras personas cercanas al presidente y con larga trayectoria en el PSOE como José Manuel Albares, ministro de Exteriores, también podrían entrar en la nueva cúpula. Hay otros ministros que entraron en el último cambio de Gobierno y son pata negra del PSOE, como Isabel Rodríguez, la portavoz, que ya participa en la Ejecutiva e incluso en la muy reducida reunión previa de maitines todos los lunes, en la que media docena de personas marcan la estrategia en un encuentro con el líder, Pedro Sánchez. Hay nuevas incorporaciones al Ejecutivo como Pilar Alegría, ministra de Educación, que también podrían entrar. Ya lo ha hecho, mostrando esa fusión entre La Moncloa y el partido, Llanos Castellanos, número dos del jefe de Gabinete, Óscar López, otro veterano socialista que ya fue secretario de organización.

El Gobierno se funde así con el partido en un congreso dominado por un mensaje de unidad que llega en ocasiones a la exageración. No hay un solo dirigente que suba a la tribuna sin unas palabras de agradecimiento para el presidente, epicentro de todas las alabanzas. Incluso algunos barones que siempre han sido muy críticos con la línea de Sánchez, como el aragonés Javier Lambán. Los dirigentes bromean en los pasillos: “Con la de veces que hemos venido a un congreso donde no sabías ni por dónde entrar para no acabar a golpes y ahora aquí todo es fiesta y aplausos, no acabamos de acostumbrarnos”, se reía un veterano de mil batallas. Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, y un barón clásico que pasó de enfrentarse con dureza a Sánchez a ser uno de sus mayores aliados, sobre todo porque respalda su política en Cataluña, resumió el sentir general que se respira en los pasillos: “Es mentira que cualquier tiempo pasado fue mejor. Este es el secretario general que ha llevado al PSOE al Gobierno. Ahora lo que toca es cohesión y compromiso con los ciudadanos”. Esto es: todos con Sánchez.

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