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El PP se ve abocado a pactar con Vox pero tratará de achicar su espacio electoral

Abascal busca crecer para sustituir a Ciudadados como socio de los populares en las municipales y autonómicas de 2023

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante su visita a Ceuta el pasado 19 de mayo.
El líder de Vox, Santiago Abascal, durante su visita a Ceuta el pasado 19 de mayo.Joaquín Sánchez

Hay 20 meses por delante para que el PP y Vox desarrollen sus estrategias hasta llegar a las elecciones municipales y autonómicas y, desde ese momento, enfilar las generales para derrotar al PSOE. Las bases ya están puestas aunque habrá modulaciones por territorios, según sus perspectivas electorales. Vox no es nada sin el PP, pero el primer partido de la oposición en España necesita a la formación de Santiago Abascal para erigirse en gobierno. Esta realidad va en contra de la voluntad de los populares. Y las escaramuzas van a ir en aumento, según prevén los interlocutores consultados por este periódico.

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La vigilancia mutua va a estrecharse nada más empezar el curso político, aunque los choques de este verano anuncian un otoño de tensión creciente. Vox no quiere que su perfil se diluya allí donde ayuda a gobernar al PP, con su colaboración imprescindible para sostener gobiernos autonómicos, ni que el PP le sobrepase en contundencia contra el Gobierno en las Cortes Generales. El PP se prepara para que Vox les coloque en situaciones muy incómodas con la presentación de iniciativas presididas por la carga ideológica en las que los populares no tienen el menor interés.

Una vez superada la mitad de la legislatura en 13 comunidades autónomas y los más de 8.000 municipios, los estudios cualitativos sobre intención de voto, preocupaciones y liderazgos, se suceden en los partidos. Ciudadanos sigue siendo el objetivo a batir para el PP. Pero también para Vox, que quiere sustituir a la formación de Inés Arrimadas en los gobiernos con el PP.

Algunos ya saben que Vox tendrá que ser el cooperador necesario para gobernar y desbancar al PSOE. Es el caso de Castilla-La Mancha, donde gobierna el socialista Emiliano García-Page y tiene como jefe de la oposición a Paco Núñez, presidente del PP de la región. Este ha reconocido, en una entrevista a Europa Press, que mantiene conversaciones con Vox para llegar a acuerdos, aunque ese diálogo lo quiere practicar con todos los partidos. Las apostillas no cubren ni desvían la intención de Núñez. “El objetivo común es echar al socialismo”, y el entendimiento del “centro-derecha”, porque, dice, el problema es el socialismo que “trae miseria y falta de libertad”.

Es evidente que PP y Vox necesitan sumar para formar una mayoría. El PSOE manchego se agarra a subrayar el espacio ideológico en el que Núñez ha colocado a Vox. “Paco Núñez es el único político de España que sitúa a Vox en el centro-derecha, cuando la única alternativa de moderación es la que representa Emiliano García-Page”. Esta apreciación del secretario de Organización del PSOE de Castilla-La Mancha y diputado nacional, Sergio Gutiérrez, toca el eterno dilema de por dónde se ganan las elecciones: por el centro, es la respuesta convencional. Si algo saben en determinadas regiones es que las fronteras se cruzan con facilidad por votantes que se sienten de centro y, unas veces pueden ir al PP y otras al PSOE. Castilla-La Mancha es una de ellas. Una baza esencial que utilizarán los socialistas será la de agitar la alianza de un partido extremista —donde encuadrará con intención a Vox— y el PP.

Este es el discurso que quiere esquivar el partido de Santiago Abascal, nada proclive a entretenerse con las asignaciones ideológicas que le hacen los demás. Él se dirige “a los españoles”, frente a comunistas y tibios, estos últimos en el lado del PP y Ciudadanos.

Sus proclamas se enfocan hacia asuntos como la identidad nacional, la inmigración, y la defensa de “la libertad”. Pero los espacios importan. En la mayoría de los territorios, los populares quieren dirigirse al “centro-derecha”, pero tienen que compaginarlo con el recordatorio del resto de partidos de que a su lado está Vox, a priori una opción que no seduce a los centristas. La esperanza del PP está en que el partido de ultraderecha mantenga su “techo de cemento armado”. Que no crezca, mejor que baje, señala un presidente autonómico. Solo así su influencia y su capacidad de presión será limitada y manejable. Esta es la aspiración territorial y nacional del PP.

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