Rescatar del abismo a los trabajadores temporales

La dualidad del mercado laboral español castiga especialmente a los jóvenes. Propuestas como la mochila austriaca buscan acabar con este lastre, pero despiertan una fuerte oposición

Un repartidor de comida en Madrid.
Un repartidor de comida en Madrid. Andrea Comas

El consenso es unánime. Las profundas deficiencias del mercado laboral español se ceban de forma abrumadora en los jóvenes. Las razones son muchas, pero pueden resumirse en dos. Por una parte, un mercado de trabajo con altísimas cotas de temporalidad, que se traduce en precariedad, rotación en los puestos, y, a la postre, altas tasas de paro. Y, por otra, un sistema educativo con serios problemas para ofrecer perfiles adaptados a las necesidades de las empresas.

Paro y precariedad se han convertido en dos caras de la misma mancha. “La alta temporalidad aboca a muchas personas a continuas entradas en el desempleo”, explica Sara de la Rica, catedrática de la Universidad del País Vasco. Manuel Lago, asesor de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, va aún más allá: “Hay paro porque hay precariedad”.

Lejos de solucionarse, este monstruo de dos cabezas crece con cada crisis que golpea al sistema productivo. “Los principales afectados son quienes terminan sus estudios durante los periodos de recesión, que sufren impactos negativos sobre su empleo y sus salarios durante un buen número de años de su carrera profesional”, sintetiza el estudio de Fedea Lost in Recession.

La comparación con los países de nuestro entorno resulta sonrojante: los españoles de 20 a 24 años han padecido en las cuatro últimas décadas un desempleo medio del 32,7% frente al 17,8% de la UE. El otro agujero negro, la temporalidad, arroja cifras sin parangón entre los grandes países europeos. Más de la mitad de los menores de 30 años ocupados tienen un contrato temporal. En todos los grupos de edad, los datos de las mujeres son sustancialmente peores que los de los hombres. En Alemania ese porcentaje ronda el 32%, en Francia, el 38% y en Italia, el 45%.

Pero si el diagnóstico sobre las ineficiencias es compartido, ¿por qué no se han tomado en todos estos años las decisiones para resolverlo? Aquí es donde las respuestas empiezan a divergir.

Algunos analistas reclaman un puñetazo en la mesa para acabar con lo que consideran el gran mal del mercado laboral español: la dualidad o diferencia abismal entre la protección de trabajadores fijos y temporales. Ante un reto existencial, quieren soluciones radicales. En su documento La crisis de la covid-19 y su impacto en las condiciones económicas de las generaciones jóvenes, el Banco de España pedía “una agenda de reformas estructurales ambiciosa, integral y con vocación de permanencia” para sacar del hoyo a los que no han cumplido la treintena.

Con la mochila austriaca, los temporales no serían los primeros en ser despedidos durante las crisis

“Los jóvenes son los grandes paganinis de un mercado muy asimétrico. Y la pandemia ha agravado esta situación. Debemos avanzar hacia un sistema en el que la protección a los trabajadores no penalice a los que empiezan su vida laboral”, afirma tajante Óscar Arce, economista jefe del Banco de España y autor del estudio. Ese sistema que propone Arce tiene un nombre: la mochila austriaca, con el que las empresas abonarían parte del despido por anticipado, creando una hucha para cada empleado. Esta mochila, dicen sus defensores, beneficiaría a los temporales al eliminar los incentivos para despedirlos en las crisis.

En la misma dirección apunta Juan Francisco Jimeno, de la Universidad de Alcalá. “Arrastramos la temporalidad desde los años ochenta, cuando se introdujo un nuevo contrato con el que se quería crear empleo a toda costa. Pero lo que era una solución coyuntural se ha cronificado. Y la situación ha ido a peor, con contratos cada vez de menor duración”, afirma. Jimeno cree que uno de los motivos de que la dualidad se haya enquistado es que tanto patronal como sindicatos parecen sentirse cómodos con el sistema actual, que ofrece a los empresarios flexibilidad para despedir y a los sindicatos seguridad para sus afiliados, en su mayoría con contratos indefinidos. “Es una forma muy injusta e ineficiente de trasladar la flexibilidad a los jóvenes y a las mujeres”, resume.

Una medida desechada

Los defensores de fórmulas como la mochila austriaca o el contrato único creen que solo así se acabaría con la práctica habitual de deshacerse de los trabajadores temporales cuando vengan mal dadas. Y que este tipo de reformas impulsarían la productividad, la movilidad laboral y, en última instancia, la creación de empleo. El Gobierno de Pedro Sánchez defendió la mochila austriaca en 2019, en la Agenda del Cambio que redactó la vicepresidenta Nadia Calviño, pero la desechó tras el pacto con Podemos. Sus detractores, entre los que destacan los sindicatos, ven en estas fórmulas una vía para igualar a la baja la calidad de los contratos. Y se preguntan, además, si tan bueno es el sistema por qué ningún país aparte de Austria lo ha adoptado.

En Trabajo no quieren ni oír hablar de esta propuesta. “El problema no es la dualidad, sino la precariedad”, subraya Lago. La ministra Díaz ha anunciado esta semana una reforma “de calado y estructural” para acabar con los abusos de la temporalidad. La idea es usar los contratos temporales para picos de producción o para sustituir a un empleado, y nunca más de un año. En un despacho del ministerio, el secretario de Estado de Empleo, Joaquín Pérez Rey, explicaba el martes que su propuesta —en proceso de debate con los agentes sociales, pero que ya cuenta con la oposición de los empresarios— apunta contra lo que denomina “el pecado original” del mercado laboral español.

Trabajo plantea una reforma para que las necesidades permanentes de las empresas se cubran solo con contratos fijos

“Durante 40 años, la vía para generar empleo ha sido reducir la protección. Se confió en la temporalidad para disolver las reticencias empresariales para contratar. Hay que cambiar esa cultura empresarial”, explica Pérez Rey. La respuesta es, según el número dos del ministerio, acabar con la “sobreexposición” a la precariedad. En otras palabras: impedir por ley que las empresas contraten sus necesidades permanentes con vínculos temporales. “Esto no tiene nada de revolucionario. Es el funcionamiento ordinario en el resto de Europa”, finaliza.

Miguel Ángel Malo, de la Universidad de Salamanca, se muestra escéptico sobre el éxito de esta iniciativa del Gobierno: “El problema de fondo es el salto del contrato temporal al indefinido. Y esta reforma no lo aborda. Solo fórmulas como la mochila austriaca atajarían de verdad la temporalidad. Todo lo demás lo hemos probado y no ha funcionado”.

Los retos son enormes. Pero las oportunidades también. La lluvia de millones de los fondos europeos proporciona una ocasión como pocas para emprender reformas de calado. Falta, sin embargo, un clima adecuado para lograr consensos de amplio espectro político. Mientras, una generación aguarda ansiosa soluciones a problemas que ya han ido demasiado lejos.

La calidad del sistema educativo, a debate

No es solo la regulación de los contratos. Impulsar el empleo de calidad entre los jóvenes requiere de un abanico de reformas de amplio espectro. Y aquí destaca el sistema educativo. El Banco de España pide impulsar su calidad con mejores sistemas de selección del profesorado y vinculando la financiación de los centros a objetivos de excelencia.

A la hora de evaluar la calidad de la educación, en el Ministerio de Trabajo prefieren ver el vaso medio lleno. “El problema es que el modelo productivo no es capaz de aprovechar todo el talento de la generación más preparada de la historia. Se estigmatiza al joven por estar sobrecualificado. Un mercado tan volcado en la precariedad no es capaz de aprovechar el capital humano”, dice el secretario de Estado de Empleo.

En el Banco de España le dan la vuelta a ese argumento: “Vamos mal. Hay un problema obvio de falta de adecuación a las necesidades de las empresas de los graduados universitarios españoles, que sufren una tasa de paro muy por encima de la media europea. Esto nos debe llevar a revisar en profundidad el sistema formativo”, replica el economista jefe del organismo.


Capítulo 2 | Paro y precariedad
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